El Mapa del Olvido

21 de abril de 2012

VICENTE GÓMEZ DUARTE (Munguía, Vizcaya, España)

Filed under: 1982, Agosto, Munguía, Sin esclarecer, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 13:45

http://g.co/maps/nrjy9


En la madrugada del miércoles 25 de agosto de 1982 los guardias civiles MIGUEL GARRIDO ROMERO y VICENTE GÓMEZ DUARTE fallecen en el intento de desactivar una bomba colocada por la banda terrorista ETA en una sucursal del Banco de Vizcaya en Munguía (Vizcaya). La explosión provoca heridas graves al cabo primero Pedro Robles Barberán.


Vicente Gómez Duarte cumplía 26 años el mismo día que fue asesinado por ETA. Era natural de Sevilla y estaba soltero. Igual que su compañero asesinado era Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos.


En torno a las dos de la madrugada un comunicante anónimo llamó al cuartel de la Policía Municipal de Munguía avisando de la colocación de una bomba en la sucursal del Banco de Vizcaya de la calle La Concordia. Efectivos de la Policía Nacional y de la Local establecieron un cordón de seguridad y desalojaron las viviendas que se encontraban sobre ella.

Hacia las tres de la madrugada entró en acción un equipo de desactivación de explosivos de la Guardia Civil compuesto por el cabo primero Pedro Robles Barberán y los agentes Vicente Gómez Duarte y Miguel Garrido Romero. Tras identificar la bolsa sospechosa y confirmar con un perro adiestrado que se trataba de un artefacto explosivo, comenzó la tarea de desactivación, protegidos con material antiexplosivos, cascos y gafas.

En primer lugar, y ayudados por unas cuerdas de cuyos extremos colgaban unos garfios especiales, zarandearon desde una prudente distancia la bolsa, con el fin de verificar la posible naturaleza del artefacto. A pesar de los bruscos movimientos, el explosivo no llegó a detonar, por lo que muchos testigos presenciales pensaron que se trataba de una falsa alarma. Pese a ello, los tres especialistas de la Guardia Civil intentaron engancharla con una pinza mecánica para intentar separar sus componentes. Cuando el robot acababa de atrapar la bolsa, se produjo la explosión. El guardia Vicente Gómez Duarte fue alcanzado de lleno quedando totalmente destrozado. Falleció en el acto. Su compañero Miguel Garrido Romero, sufrió también gravísimas heridas y desprendimiento de miembros. Falleció cuando era conducido al hospital.

El cabo primero Pedro Robles Barberán fue alcanzado en la cara y las piernas. Trasladado al Hospital Civil de Basurto, fue intervenido quirúrgicamente durante más de nueve horas, con la participación de equipos médicos de traumatología, oftalmología y cirugía plástica maxilofacial. Robles Barberán era natural de Alcañiz (Teruel), tenía 31 años y estaba casado.

El atentado, reivindicado por la banda terrorista ETA mediante un comunicado enviado al diario Egin, era parte de la campaña contra los principales bancos iniciada en junio de 1982. La banda pretendía presionar a los bancos y, dos meses antes, había enviado cartas exigiendo determinadas cantidades de dinero por el llamado impuesto revolucionario. El día 6 de junio de ese año hicieron explosión sendas bombas en las sucursales de los Bancos de Vizcaya y Santander en Pasajes y Rentería.

El funeral por el alma de los dos guardias civiles se celebró al día siguiente en el Gobierno Civil de Vizcaya, con la asistencia del ministro del Interior, Juan José Rosón, el director general de la Guardia Civil, Aramburu Topete, y el delegado del Gobierno, Jaime Mayor Oreja. Tras el funeral, los cadáveres de ambos guardias civiles fueron trasladados en un avión del Ejército del Aire a Sevilla para ser enterrados posteriormente en sus localidades de origen.

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MIGUEL GARRIDO ROMERO (Munguía, Vizcaya, España)

Filed under: 1982, Agosto, Munguía, Sin esclarecer, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 13:42

http://g.co/maps/nrjy9

En la madrugada del miércoles 25 de agosto de 1982 los guardias civiles MIGUEL GARRIDO ROMERO y VICENTE GÓMEZ DUARTE fallecen en el intento de desactivar una bomba colocada por la banda terrorista ETA en una sucursal del Banco de Vizcaya en Munguía (Vizcaya). La explosión provoca heridas graves al cabo primero Pedro Robles Barberán.


Miguel Garrido Romero, de 22 años, era natural de Santa Olalla (Huelva) y estaba soltero. Estaba destinado en Vizcaya como Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos.


En torno a las dos de la madrugada un comunicante anónimo llamó al cuartel de la Policía Municipal de Munguía avisando de la colocación de una bomba en la sucursal del Banco de Vizcaya de la calle La Concordia. Efectivos de la Policía Nacional y de la Local establecieron un cordón de seguridad y desalojaron las viviendas que se encontraban sobre ella.
Hacia las tres de la madrugada entró en acción un equipo de desactivación de explosivos de la Guardia Civil compuesto por el cabo primero Pedro Robles Barberán y los agentes Vicente Gómez Duarte y Miguel Garrido Romero. Tras identificar la bolsa sospechosa y confirmar con un perro adiestrado que se trataba de un artefacto explosivo, comenzó la tarea de desactivación, protegidos con material antiexplosivos, cascos y gafas.

En primer lugar, y ayudados por unas cuerdas de cuyos extremos colgaban unos garfios especiales, zarandearon desde una prudente distancia la bolsa, con el fin de verificar la posible naturaleza del artefacto. A pesar de los bruscos movimientos, el explosivo no llegó a detonar, por lo que muchos testigos presenciales pensaron que se trataba de una falsa alarma. Pese a ello, los tres especialistas de la Guardia Civil intentaron engancharla con una pinza mecánica para intentar separar sus componentes. Cuando el robot acababa de atrapar la bolsa, se produjo la explosión. El guardia Vicente Gómez Duarte fue alcanzado de lleno quedando totalmente destrozado. Falleció en el acto. Su compañero Miguel Garrido Romero, sufrió también gravísimas heridas y desprendimiento de miembros. Falleció cuando era conducido al hospital.
El cabo primero Pedro Robles Barberán fue alcanzado en la cara y las piernas. Trasladado al Hospital Civil de Basurto, fue intervenido quirúrgicamente durante más de nueve horas, con la participación de equipos médicos de traumatología, oftalmología y cirugía plástica maxilofacial. Robles Barberán era natural de Alcañiz (Teruel), tenía 31 años y estaba casado.
El atentado, reivindicado por la banda terrorista ETA mediante un comunicado enviado al diarioEgin, era parte de la campaña contra los principales bancos iniciada en junio de 1982. La banda pretendía presionar a los bancos y, dos meses antes, había enviado cartas exigiendo determinadas cantidades de dinero por el llamado impuesto revolucionario. El día 6 de junio de ese año hicieron explosión sendas bombas en las sucursales de los Bancos de Vizcaya y Santander en Pasajes y Rentería.
El funeral por el alma de los dos guardias civiles se celebró al día siguiente en el Gobierno Civil de Vizcaya, con la asistencia del ministro del Interior, Juan José Rosón, el director general de la Guardia Civil, Aramburu Topete, y el delegado del Gobierno, Jaime Mayor Oreja. Tras el funeral, los cadáveres de ambos guardias civiles fueron trasladados en un avión del Ejército del Aire a Sevilla para ser enterrados posteriormente en sus localidades de origen.

16 de abril de 2012

ALBERTO LÓPEZ-JAUREGUÍZAR PONCELA (Guecho, Vizcaya, España)

Filed under: 1982, Guecho, Julio, Sin esclarecer, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 18:15

http://g.co/maps/ytnb5

Antes de las nueve de la mañana del 16 de julio de 1982, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en el barrio de Algorta de Guecho (Vizcaya) a ALBERTO LÓPEZ-JAUREGUÍZAR PONCELA, apoderado de Tabacalera en las oficinas de Bilbao y militante de Alianza Popular.
Ese día su mujer, María Victoria Vidaur, y sus cuatro hijos se iban de vacaciones y Alberto quería hacerle una revisión al coche antes de ir a trabajar, pues cuando terminase la jornada laboral iba a llevarles al apartamento que habían alquilado. “Nos íbamos de vacaciones ese día. Alberto iba a dejarnos a un apartamento que habíamos alquilado mi hermana y yo para estar con los niños” (Arteta, Iñaki y Galletero, Alfonso, Olvidados, Adhara, 2006).
Alberto subió al vehículo y se disponía a ponerlo en marcha cuando tres miembros de la banda terrorista ETA se colocaron a ambos lados del turismo y le dispararon a bocajarro causándole la muerte en el acto. En el lugar del atentado se recogieron dos casquillos de bala calibre 9 milímetros especial parabellum, marcas FN y SF. Inmediatamente después, los etarras emprendieron la huida en un Seat Ritmo que había sido robado a punta de pistola media hora antes de materializar el atentado en Larrabasterra, situada a unos cinco kilómetros del lugar donde fue tiroteado Alberto. Su propietario fue encontrado maniatado y amordazado en la localidad de Berango, cercana a Larrabasterra.

Minutos después, el encargado de una tienda llamó al timbre del domicilio familiar para avisar de que “había pasado algo”. La mujer y los hijos salieron corriendo y al llegar se encontraron a Alberto muerto. “Mis hijas estuvieron allí, con su padre muerto, hasta el levantamiento del cadáver. Llamé a los trinitarios, vinieron a darle la extremaunción, levantaron el cadáver, lo pusieron en la calle, mis hijas se arrodillaron, lo besaron en plena calle y hasta el funeral” (Arteta, Iñaki y Galletero, Alfonso, Olvidados, Adhara, 2006).
Una hora después del asesinato, el cuerpo de Alberto López-Jaureguízar fue trasladado en una ambulancia al depósito de cadáveres de la Residencia Sanitaria de Cruces de Baracaldo. Presentaba dos orificios de entrada de bala por la espalda y salida a la altura del tórax.
Su viuda comentó que su marido no había sufrido ningún tipo de amenazas, ni había sido extorsionado por la banda, y resaltó la modesta situación económica de su familia, “de la que da idea el hecho de que el coche que llevaba mi marido lo compramos hace unos dieciocho años”. “Llevábamos una vida familiar tranquila y ordenada. Desde hace dos años no salíamos al cine ni a ninguna cafetería, no por miedo ni por ninguna otra razón parecida, sino simplemente porque llevábamos una vida sencilla”, añadió desde su domicilio de Algorta, donde la familia esperaba reunida a que llegase la hija mayor, que se encontraba en Galicia disfrutando de unas vacaciones después de haber superado con éxito el primer curso de BUP. El funeral por Alberto López-Jaureguízar se celebró al día siguiente en la parroquia de San Nicolás de Bari de Algorta.
El Partido Comunista de Euskadi y los trabajadores de Tabacalera en Vizcaya expresaron públicamente su repulsa por el asesinato de Alberto López-Jaureguízar. “Era un modelo de persona, y su política era el orden y la justicia”, señalaron. Al mismo tiempo, Jorge Verstrynge, secretario general de AP, manifestó que con esta muerte “ya pasan de treinta, entre afiliados y simpatizantes, los mártires, hombres y mujeres, con los que AP ha contribuido, con lo que más se puede dar, la vida, para la causa de la unidad de España, de los derechos del hombre y de un regionalismo sano y bien entendido”.
Alberto López-Jaureguízar Poncela, de 42 años, era natural de Bilbao. Estabacasado con María Victoria Vidaur y tenía cuatro hijos (tres chicas y un chico) de edades comprendidas entre los 16 y los 6 años. Vivía con su familia en Algorta y, desde veinticinco años antes del atentado trabajaba para Tabacalera, primero de simple empleado y después como apoderado en Bilbao. Apenas dos semanas antes del asesinato se había afiliado a Alianza Popular. Alberto fue testigo presencial de un atentado en Bilbao y esa circunstancia lo marcó. “Fueron años muy duros, años sangrientos, de cien muertos al año, de amenazas de bomba que nos tenían todos los días con el alma en vilo. Años en los que sentimos una gran soledad en nuestras vidas, porque veíamos cómo el nacionalismo se iba apoderando de las calles, del pensamiento y de los símbolos de todos los vascos” contó María Victoria en Olvidados. Empezó a ir a funerales y cuando mataban a un policía ponía en su casa la bandera española con el crespón negro: “Yo creo que fue aquella bandera española con el crespón, más aún que la propia política, lo que le costó la vida”, dijo su viuda. Quince días después del asesinato, la familia de Alberto abandonó el País Vasco y se instaló en Alicante: “Con una tristeza y una sensación de soledad enorme, me vine a Alicante (…) Mis hijos eran muy pequeños y pensé que se adaptarían mejor, pero las secuelas les fueron saliendo después” (Arteta, Iñaki y Galletero, Alfonso, Olvidados Adhara, 2006).

15 de abril de 2012

JUAN ANTONIO GARCÍA GONZÁLEZ (Burguete, Navarra, España)

Filed under: 1982, Burguete, Julio, Navarra, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 21:10

http://g.co/maps/rwmfk

En la madrugada del 4 de julio de 1982, la banda terrorista ETA asesinaba en Burguete (Navarra) al guardia civil JUAN ANTONIO GARCÍA GONZÁLEZ mediante la colocación de una bomba bajo su vehículo, y hería gravemente a su amigo, Francisco Javier López García, también guardia civil. Ambos tenían 21 años, los dos eran hijos de guardias civiles, estaban solteros y habían sido destinados al Grupo Especial de Intervención de Montaña con base en la localidad navarra de Burguete.
Juan Antonio y Francisco Javier habían estado divirtiéndose y tomando copas esa noche de domingo. En torno a las 2:40 horas abandonaron la discoteca Irrintzi y se subieron al vehículo propiedad de Juan Antonio. Al poner en marcha el coche, se produjo la explosión de una bomba colocada junto a las ruedas traseras del vehículo. Un segundo artefacto situado en la parte delantera no llegó a estallar. Ambos artefactos estaban compuestos por 3 kilos de Goma 2 y abundante metralla. Los terroristas habían colocado dos cargas bajo las ruedas delanteras y traseras del vehículo de forma tal que, al mover el coche, en una u otra dirección, hiciesen explotar el artefacto por simple presión de las mismas. Los artificieros del equipo EDEX de la Guardia Civil procedieron posteriormente a desactivar el segundo explosivo.
Juan Antonio fue alcanzado en la espalda por la onda expansiva y la metralla, resultando gravemente herido. Falleció mientras era trasladado al Hospital Provincial de Navarra. Su amigo, Francisco López García, también resultó herido en la espalda por la metralla, pero pudo salvar la vida tras ser intervenido quirúrgicamente. La dirección del hospital de Navarra facilitó, a media mañana del 4 de julio, un parte médico en el que señalaba que el herido presentaba cinco heridas de metralla en región dorsolumbar, con desgarros musculares y ablación cutánea, además de una doble fractura occipital. Su pronóstico fue calificado de grave.

Tan pronto se tuvo noticia del atentado, unidades especiales de los GAR (Grupos Antiterroristas Rurales) de la Guardia Civil montaron un dispositivo de control y rastreo de la zona donde se había producido el atentado.
Juan Antonio García González era natural de Marchamalo (Guadalajara). Había estado tres años destinado en la Comandancia de Navarra y llevaba tres meses destinado en Burguete. Cuando fue asesinado, su padre era jefe del puesto de la Guardia Civil de Abéjar (Ávila). La capilla ardiente del guardia civil se instaló en el Salón del Trono del Gobierno Civil de Navarra. Una guardia de honor estuvo escoltando en todo momento el cadáver, hasta la celebración de los funerales, que tuvieron lugar a primera hora de la tarde del 4 de julio en la Iglesia de San Miguel de Pamplona.
A los funerales asistieron, entre otras personalidades, el director general de la Seguridad del Estado, Francisco Laína; el subdirector general de la Guardia Civil, general Hermosilla; el gobernador civil de Navarra, Francisco Javier Ansuátegui y el presidente de la Diputación Foral, Juan Manuel Arza, así como los familiares del guardia civil asesinado. En el momento de la entrada del féretro al templo cubierto por la bandera nacional, y portado a hombros por sus compañeros, el público prorrumpió en una salva de aplausos y dio vivas a la Guardia Civil y a España. Posteriormente, el féretro que contenía los restos mortales del guardia civil fue trasladado a Guadalajara, donde fue enterrado.

JOSÉ AYBAR YÁÑEZ (Baracaldo, Vizcaya, España)

http://g.co/maps/9utnr

A las nueve y veinte de la noche del 30 de junio de 1982, la banda terrorista ETA asesinaba al jefe de la Policía Municipal de Baracaldo (Vizcaya), JOSÉ AYBAR YÁÑEZ. Tres individuos dispararon contra él cuando, en compañía de varios amigos, se encontraba en el reservado de un bar, muy próximo al Ayuntamiento, jugando a las cartas. Aybar Yáñez solía acudir a ese local dos o tres veces a la semana, rutina que conocían sus asesinos, pues lo estuvieron vigilando durante varios días.
Cinco miembros del grupo Vizcaya de ETA se reunieron en la estación de tren de Baracaldo y, desde ahí, se dirigieron en un vehículo a las puertas del bar. Cuatro de ellos entraron en el local y el quinto permaneció en el vehículo a la espera. Una vez dentro, localizaron inmediatamente a José Aybar, que se encontraba de espaldas, y comenzaron a disparar una y otra vez “en medio de un clima de terror y desconcierto”, tal y como se recoge en una de las sentencias de la Audiencia Nacional sobre este atentado. Los disparos que realizó Miguel Arrieta Llopis, uno de los etarras, alcanzaron a dos de los miembros del grupo, uno de los cuales, Francisco Javier Zabaleta Urretavizcaya, murió a causa de los mismos. José Aybar recibió el impacto de ocho proyectiles que le dejaron gravemente herido. Falleció antes de poder recibir atención médica.

Nada más conocerse la noticia del asesinato de Aybar Yáñez, el secretario general del Partido Socialista de Euskadi de Vizcaya, Ricardo García Damborenea, expresó la condena de su partido, precisando que dicha condena se extendía también a quienes “desde Herri Batasuna azuzan a los terroristas y miran esos atentados con complacencia”.
En 1997 la Audiencia Nacional condenó a Ángel Luis Hermosa Urra a la pena de 30 años de reclusión mayor por el asesinato de Aybar Yáñez, y a Juan Ignacio Aldana Celaya a 20 años de reclusión menor como cómplice. En 2001 fue condenado Miguel Arrieta Llopis a 30 años de reclusión mayor, y a la misma pena fue condenado en 2004 Sebastián Echaniz Alcorta.
José Aybar Yáñez, de 58 años, era natural de la localidad vizcaína de San Julián de Múzquiz. Estaba casado y tenía tres hijos. Llevaba treinta años en la Policía Municipal de Baracaldo y ocupaba el mando de la misma desde 1968.
José Aybar había sido citado en dos reportajes publicados por el semanario Interviú en diciembre de 1979, con el título “Confesión de un infiltrado. Como actúan los ultras vascos”. Dos de los citados en aquella publicación fueron asesinados semanas después por la banda terrorista ETA: Jesús García García, el 5 de enero de enero de 1980, y Alfredo Ramos Vázquez, el 23 de enero de ese mismo año. Por ambos asesinatos fueron juzgados en noviembre de 1981 el periodista Francisco Xavier Vinader Sánchez por un delito de imprudencia temeraria (condenado a 7 años de reclusión mayor) y el expolicía Francisco Ros Frutos, como cooperador necesario (4 años de reclusión menor). Por haber sido citado en esos reportajes, José Aybar había recibido varias amenazas de ETA, por lo que tuvo que abandonar temporalmente el País Vasco. Había regresado a su domicilio poco tiempo antes de ser asesinado.

12 de abril de 2012

JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ PERNAS (Pasajes de San Pedro, Guipúzcoa, España)

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El domingo 13 de junio de 1982, ETA asesinaba de un tiro en la cabeza en la localidad guipuzcoana de Pasajes (Guipúzcoa) al guardia civil JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ PERNAS. Eran las nueve de la noche y José Luis se encontraba con otro guardia civil prestando servicio de vigilancia ante la caseta de control situada en la entrada del puerto de Pasajes. Los etarras realizaron un único disparo con un rifle Winchester de mira telescópica que le alcanzó en el parietal y le provocó la muerte en el acto. Los cristales de la garita saltaron hechos añicos por el impacto de la bala, ocasionando leves rasguños al compañero del guardia civil asesinado. 
Los terroristas efectuaron el disparo desde un punto situado en el Alto de Capuchinos, a varios cientos de metros de la caseta de la Guardia Civil, pero desde el que tenían a tiro a los dos agentes. Previamente habían robado un taxi y, tras introducir al conductor en el maletero, se dirigieron al Alto de Capuchinos, en una zona cercana al barrio de Beraun desde la que se domina los puestos de control de la Guardia Civil en el puerto de Pasajes. El propietario del taxi permaneció en el maletero de su coche mientras se cometía el atentado y fue localizado poco después en una calle de Rentería.
El cuerpo de José Luís Fernández Pernas, cuya muerte se produjo de forma instantánea, fue trasladado inicialmente al Hospital Militar de San Sebastián y, posteriormente, al Gobierno Civil de Guipúzcoa en cuyas dependencias se instaló la capilla ardiente.

La garita atacada estaba situada en la misma entrada del puerto, junto a la barrera que controla el paso de vehículos. Los etarras dejaron el rifle en el suelo, así como varios proyectiles, para que las fuerzas de seguridad los encontraran. La utilización de una mira telescópica confería una particularidad a este atentado, según informaron fuentes policiales, quienes contraponen esta acción con otras efectuadas casi a bocajarro por la banda terrorista. ETA pretendía sembrar el pánico entre los agentes destinados a custodiar la entrada del puerto, pues el modus operandimostraba la vulnerabilidad en la que se encontraban los guardias civiles encargados de la vigilancia del mismo.
Al día siguiente, 14 de junio, se celebró el funeral por el alma de Fernández Pernas. Cuando el féretro era portado a hombros de miembros de las fuerzas de seguridad, un grupo de mujeres gritó “Abajo el Gobierno”, después de que el resto de los presentes corease vivas a España, al Rey y a la Guardia Civil. Al acto, presidido por el general subinspector de la Guardia Civil, Antonio Hermosilla, asistieron Francisco Javier Cerezeda, general de la Quinta Zona de la Guardia Civil; el subsecretario del Ministerio del Interior, Juan José Izarra del Corral; el delegado del Gobierno central en el País Vasco, Marcelino Oreja; el presidente de la Diputación de Guipúzcoa, Santiago Aizarna; el alcalde de San Sebastián, Jesús María Alcay, así como mandos militares de los tres ejércitos y representantes del PSE-PSOE y de la UCD vasca. El cuerpo del guardia civil fue trasladado posteriormente en avión al aeropuerto de Peinador, en Vigo, de donde fue conducido a la localidad pontevedresa de Tomillo.
En 1983 la Audiencia Nacional condenó a José Javier Beloqui Cortajarena, autor del disparo, y a su acompañante, José Aparicio Sagastume, a 29 años de reclusión mayor por un delito de atentado con resultado de muerte. Ambos pertenecían al grupo Sega de la banda terrorista ETA. El 27 de septiembre de 1982 un tercer miembro de este grupo, Fernando Barrio Olano, resultó muerto en un enfrentamiento a tiros con la Policía en San Sebastián. Fuentes de la lucha antiterrorista le consideran también implicado, presuntamente, en el asesinato de Fernández Pernas.
José Luis Fernández Pernas, de 25 años de edad, era natural de Pontes de García Rodríguez (La Coruña). Pertenecía a la Comandancia de Pontevedra, aunque estaba destinado temporalmente en comisión de servicio en un operativo de refuerzo de la Comandancia de Guipúzcoa. Estaba casado y era padre de dos niñas, de dos años y dos meses de edad en el momento de su asesinato.

24 de marzo de 2012

RAFAEL VEGA GIL (Santurce, Vizcaya, España)

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A las nueve de la mañana del 5 de junio de 1982, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Santurce (Vizcaya) al empresario y vinatero riojano RAFAEL VEGA GIL
En torno a las ocho de la mañana, y acompañado por uno de sus hijos, la víctima había abierto su almacén de vinos y licores La Gloria de La Rioja, en el número 22 de la calle del Doctor Fleming, de Santurce. Una hora después, y cuando se encontraba en el interior de la pequeña oficina acristalada situada a la entrada del almacén, dos encapuchados se apearon de un vehículo, se acercaron al empresario y, sin mediar palabra, efectuaron contra él varios disparos de pistola. La víctima fue alcanzada por seis impactos de bala, cuatro de ellos en la cabeza. En el lugar de los hechos se encontraron nueve casquillos de bala marca SF, calibre 9 milímetros parabellum.
Los dos terroristas, sin quitarse la capucha, subieron casi de inmediato al automóvil, donde aguardaban otros dos cómplices, al parecer también encapuchados. El coche, un Renault 16 color blanco, había sido robado a primera hora de la mañana en la vecina localidad de Portugalete. Su propietario fue introducido en el portamaletas del vehículo, donde permaneció hasta el hallazgo del mismo, minutos después del atentado, en el mismo Santurce, junto al antiguo cuartel de la Guardia Civil.
El primero en acudir a socorrer a Rafael fue su hijo Luis María, de 17 años, que trabajaba con la víctima y se encontraba en un extremo del almacén cuando se produjo el atentado, por lo que no pudo ver a los terroristas. Enseguida llegaron vecinos del lugar que se encontraron con la dramática escena de Rafael en mitad de un gran charco de sangre y su hijo de rodillas junto a él. Al advertir que el empresario todavía se movía, los vecinos llamaron a una ambulancia de la Cruz Roja, que lo trasladó a la Residencia Sanitaria de Cruces, en cuyo quirófano falleció poco antes de las diez de la mañana.
Familiares y amigos de Rafael Vega indicaron que “sólo se dedicaba a trabajar y nunca se había metido en nada”, por lo que no se explicaban los móviles del asesinato. Asimismo manifestaron que la familia nunca había recibido amenazas. Sin embargo, otras fuentes indicaron que Rafael, próximo a Alianza Popular, se negó a ceder a la extorsión económica conocida como “impuesto revolucionario”.
En 1984 la Audiencia Nacional condenó a Ricardo Prieto Vicente y José Antonio Hernández Hernando, miembros del grupo Poeta de la banda terrorista ETA, a 26 años, 8 meses y 1 día por un delito de asesinato. El jefe del grupo, Pedro Viles Escobar, alias Kepa, no fue juzgado y fue uno de los 11 etarras expulsados de Argel a Venezuela. En 2004 Hugo Chávez le concedió la nacionalidad venezolana, a la vez que a Arturo Cubillas y a María Asunción Arana Altuna, alias Olivia, viuda del histórico etarra asesinado José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala. En febrero de 2011 Pedro Viles residía en la localidad de Güiria. En ese país se ha convertido en un próspero empresario, donde creó la factoría de comercialización de pescado Deusto Mar, en la que ha trabajado el etarra Cubillas. Posteriormente regentó Sotera, beneficiándose de cuantiosas subvenciones del Estado venezolano. Viles Escobar ha dado cobijo a otros etarras, como Miguel Ángel Aldana Barrena o José Lorenzo Ayestarán. El etarra tiene dos causas pendientes con la justicia española, pero no se ha pedido su extradición y, aunque se sospecha que no está desvinculado del todo de la banda terrorista ETA, no se esconde y hace vida absolutamente normal en Venezuela.
Rafael Vega Gil, de 48 años, estaba casado con María Dolores Berisa Martínez. Tenía cuatro hijos: José, de 22 años; Víctoria, de 19; Luis María, de 17 y Rafael, de 12. Vega Gil era natural de Tudelilla (La Rioja), aunque desde veinte años antes de su asesinato vivía en Santurce, donde regentaba el almacén de venta de vinos. La desgracia de la familia Vega Berisa no terminó con el asesinato de Rafael, porque pocos meses después, el 8 de septiembre del mismo año, su viuda se suicidó tirándose desde un sexto piso al no ser capaz de superar la depresión que le causó la pérdida de su marido.

Calle Doctor Fleming 22, Santurce, Vizcaya.

23 de marzo de 2012

DANIEL HENRÍQUEZ GARCÍA (Bilbao, Vizcaya, España)

Filed under: 1982, Bilbao, Junio, Sin esclarecer, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 22:48

http://g.co/maps/k3dzd

El 3 de junio de 1982 es asesinado por la banda terrorista ETA en Bilbao el coronel retirado del Ejército de Tierra DANIEL HENRÍQUEZ GARCÍA. Cuatro terroristas lo ametrallaron desde un vehículo instantes después de que el militar aparcara su automóvil junto a la puerta de su domicilio en el barrio bilbaíno de San Ignacio. A continuación emprendieron la huida.
Una hora después de ser asesinado, hacia las nueve de la noche, el juez ordenaba el levantamiento del cadáver, que se encontraba tendido entre dos automóviles, con un periódico entre las manos y en mitad de un gran charco de sangre.
Dos años y medio antes, el 4 de diciembre de 1979, el militar había sufrido un intento de secuestro. Dos jóvenes se presentaron en su domicilio, pero el coronel se encontraba ausente. Los gritos de la esposa del militar y de su hija, que alertaron al vecindario, hicieron desistir de sus propósitos a los secuestradores. Anteriormente había recibido amenazas, por lo que se había trasladado a unos edificios destinados a miembros del Ejército cercanos al antiguo Gobierno Militar. Incluso llegó a llevar escolta durante algún tiempo. Tras jubilarse, volvió a vivir en su antiguo domicilio.
Daniel Henríquez García era natural de Margoz de Atajo (León). Tenía 64 años y estaba casado en segundas nupcias. Era padre de cinco hijos: cuatro de su primer matrimonio y una del segundo. Había estado destinado como segundo jefe del Gobierno Militar de Bilbao y en el regimiento de Garellano, con base en la capital vizcaína.
C/Andalucia 1-3, (Barrio de San Ignacio), Bilbao, Vizcaya.

14 de marzo de 2012

ANTONIO HUEGUN AGUIRRE (Eibar, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1982, Eibar, Guipúzcoa, Mayo, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 11:29

http://g.co/maps/wj9s3

Un año después del asesinato de los dos guardias civiles en Lemona, el 14 de mayo de 1982 la banda terrorista ETA asesinaba en Éibar (Guipúzcoa) al taxista ANTONIO HUEGUN AGUIRRE, vecino de Lasarte. Fue encontrado muerto a las ocho y cinco de la mañana en un pequeño camino contiguo a la autopista Bilbao-Behobia a la altura del kilómetro 62, en las inmediaciones de Éibar. Fue descubierto por dos vecinos de un caserío que, en un primer momento, pensaron que la víctima estaba durmiendo. Se dirigieron a él en términos jocosos, pero al acercarse comprobaron que estaba muerto, por lo que dieron aviso inmediatamente a la Policía Municipal de Éibar. La víctima no llevaba documentación alguna, pero sí cinco mil pesetas, probablemente el producto de su jornada de trabajo.
El cadáver, cubierto con un papel de grandes dimensiones, estaba boca abajo entre unos matorrales y presentaba cinco impactos de bala, cuatro de ellos en el hemitórax derecho y otro en el antebrazo del mismo lado. Fuentes policiales confirmaron que Antonio fue asesinado por la espalda en el mismo lugar en que fue localizado su cuerpo. Además de los orificios producidos por las balas, presentaba una hendidura en la cabeza y en la frente que podría haberse producido al chocar la cabeza contra el suelo, una vez recibidos los impactos. En el lugar de los hechos fueron encontrados tres casquillos marca Geco y uno FN 9 milímetros parabellum. El taxi de Antonio, un Seat blanco 124, fue localizado mal aparcado, a última hora de la mañana del 14 de mayo, en la calle Carmen a la entrada de Éibar.
María Concepción Huegun, hija mayor de Antonio, habló por última vez con su padre la noche anterior a su fallecimiento, en la parada de taxi. Poco después, el taxista telefoneó a su familia para decirles que se iba a Éibar donde debía realizar un servicio del que, probablemente, no regresaría hasta pasadas las 3:30 horas de la madrugada. A la viuda no le extrañó que no regresase a casa, pues no tenía horarios fijos y era normal que realizase continuos viajes por motivos laborales.
Sobre las 12:00 horas del mismo día 14 de mayo, los taxistas guipuzcoanos acordaron en asamblea celebrada en Anoeta (San Sebastián) iniciar una huelga en protesta por el asesinato de su compañero hasta el 16 de mayo a las siete de la mañana. La noticia de su muerte causó extrañeza entre sus compañeros y sus vecinos de Lasarte, que no le atribuían ninguna ideología definida, no pertenecía a ningún partido político ni había recibido amenazas de muerte.
El funeral por Antonio se celebró al día siguiente, 15 de mayo, en la iglesia de Nuestra Señora de Aránzazu de Lasarte.
Antonio Huegun Aguirre era natural de un caserío del municipio rural de Aya (Guipúzcoa), aunque vivía en Lasarte desde dieciocho años antes de su asesinato. Tenía 43 años, estaba casado y era padre de dos hijos: una chica de 22 años, empleada en una farmacia de Lasarte, y un chico de 16.

12 de marzo de 2012

ÁNGEL PASCUAL MÚGICA (Bilbao, Vizcaya, España)

Filed under: 1982, Bilbao, Mayo, Sin esclarecer, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 18:52

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A las ocho de la mañana del 5 de mayo de 1982, ETA asesinaba en el barrio bilbaíno de Begoña al ingeniero ÁNGEL PASCUAL MÚGICA, director de proyectos de la central nuclear de Lemóniz. Había sucedido en el puesto a José María Ryan, secuestrado y asesinado por ETA quince meses antes. Después de los diferentes atentados contra la central, la empresa había reforzado la protección, pero eso no impidió que los terroristas, situados estratégicamente, consiguiesen su objetivo.
El 5 de mayo salió conduciendo su propio vehículo para dirigirse a las oficinas centrales de Iberduero. En el asiento del copiloto iba su hijo Íñigo, de dieciocho años, al que llevaba a la parada del autobús escolar. Detrás del coche del ingeniero iban dos vehículos con dos escoltas cada uno.
La densidad del tráfico hizo que Ángel circulase muy despacio. Al llegar a la altura del número 5 de la calle Virgen de Begoña, dos terroristas se situaron en el lateral del coche, por el lado del conductor, y abrieron fuego contra él. Los escoltas, pertenecientes a una empresa privada contratada por Iberduero, repelieron la agresión disparando contra los etarras, pero éstos consiguieron huir en un automóvil que les esperaba con un tercer terrorista en su interior. Ángel recibió varios disparos mortales, mientras su hijo Íñigo sufrió heridas leves en una mano. El coche, alcanzado en la parte trasera y costado izquierdo, y con las ventanillas destrozadas, chocó contra una tapia. En el lugar de los hechos se encontraron 35 casquillos de bala 9 milímetros parabellum, de las marcas Geco y SF.

El vehículo utilizado por los terroristas fue localizado poco después por la Policía en el barrio bilbaíno de La Cruz. Había sido robado media hora antes de cometer el atentado, en torno a las 7:30 horas. Tanto en el coche usado por los etarras como en la calle por la que iniciaron la huida, la Policía encontró restos de sangre, lo que significa que alguno de los terroristas fue alcanzado por los disparos de los escoltas.
Pocos días antes se había acordado la creación del Ente Vasco de Energía, organismo del que iba a depender la central de Lemóniz, y el mismo día del asesinato de Ángel se constituía en Vitoria la Sociedad de Gestión de la Central Nuclear de Lemóniz, Sociedad del Gas de Euskadi y Ente Vasco de Energía. El lehendakari Garaikoetxea manifestó que “el Gobierno vasco recogía el guante del desafío lanzado por ETA” y que “seguirían llevando a cabo los proyectos políticos y energéticos previstos”.
Los trabajadores de la central de Lemóniz suspendieron su trabajo nada más tener noticia del atentado, al igual que los empleados de las oficinas centrales de Iberduero en Bilbao, donde tenía su despacho Ángel Pascual, y se manifestaron por el centro de la ciudad a media mañana. Además,los técnicos se negaron a volver a sus puestos de trabajo mientras continuase esa insoportable situación. El 13 de mayo la empresa rescindió los contratos de ejecución de obras, suministros y servicios con sus contratas en la central y sólo mantuvieron unos mínimos por seguridad y mantenimiento.
Ángel fue la quinta víctima mortal que provocó la banda terrorista por la central de Lemóniz. En marzo de 1978 la banda asesinó a dos obreros, Andrés Guerra Pereda y Alberto Negro Viguera, y uno más en junio de 1979, Ángel Baños Espada. En febrero de 1982 secuestró y asesinó al ingeniero Ryan. La movilización popular que produjo este asesinato no sirvió para que ETA abandonase la causa.
El asesinato de Ángel Pascual tuvo como consecuencia que en septiembre el Gobierno central asumiese la intervención de la central para la continuación y la realización de las obras por parte del Estado. Sin embargo, un mes más tarde el PSOE ganó las elecciones generales y no se reanudaron las obras, que fueron paralizadas definitivamente por el Ejecutivo de Felipe González. La moratoria nuclear decretada en 1984 paralizó no sólo las obras de Lemóniz I y Lemóniz II, sino también la de otras tres centrales nucleares que se estaban construyendo en España: Valdecaballeros I y II y Trillo I.
Lemóniz quedó convertida en una especie de fantasmagórico monumento funerario que sirve sólo de recuerdo a las víctimas que ETA se cobró, y especialmente para las familias de los asesinados, sus cinco viudas y los 17 huérfanos: tres de Alberto Negro, cinco de Ángel Baños, cinco de José María Ryan y cuatro de Ángel Pascual.
La última víctima de Lemóniz se produjo poco después del asesinato de Ángel. Fue el niño de 10 años Alberto Muñagorri, herido gravemente el 26 de junio de 1982 en Rentería al dar una patada a una bolsa-bomba colocada por la banda en la puerta de un almacén de Iberduero, propietaria de la central. Alberto estuvo muchas semanas debatiéndose entre la vida y la muerte, perdió el pie izquierdo y quedó ciego de un ojo.
Además del desastre económico y de las víctimas que ETA provocó por la central, Lemóniz ha quedado también como un monumento que recuerda la claudicación de un Estado ante ETA, una cesión vergonzosa ante una banda asesina que había fagocitado la causa antinuclear de aquellos que se paseaban por el País Vasco con los carteles de “ETA, mátalos”. Y lo que es peor aún: alentada por esta victoria a base de asesinatos, la banda terrorista utilizó su falsa sensibilidad ecologista para oponerse, también violentamente, a la autovía de Leizarán, entre Pamplona y San Sebastián, consiguiendo con complicidades nacionalistas que se variase su trazado. Previamente, la banda se había cobrado la vida de cuatro personas (dos empresarios y dos policías nacionales) y había realizado más de 200 atentados y actos de sabotaje. En este caso, los terroristas unieron a la causa ecologista un argumento delirante: la autopista tenía fines bélicos, es decir, servía para que los tanques españoles llegaran antes al País Vasco en caso de un hipotético golpe de Estado. Su última “causa” ha sido su frontal oposición a la construcción del Tren de Alta Velocidad.
Ángel Pascual Múgica tenía 45 años. Había nacido en la localidad francesa de Mecon. Estaba casadoy tenía cuatro hijos: el mayor, de 18, víctima con él del atentado, y tres chicas. Dos de ellas estudiaban en un colegio de San Juan de Luz, en el País Vasco-Francés, y la menor, en el Colegio Francés de Bilbao. El ingeniero de Iberduero había entrado a trabajar en la empresa como delineante, veinticinco años antes de su asesinato. Era jefe del proyecto de Lemóniz y uno de los más firmes candidatos del Gobierno vasco para dirigir la central de Lemóniz. Anteriormente había sido jefe de mantenimiento en la estación eléctrica de Larrasquitu, próxima a Bilbao. Ángel había recibido amenazas por escrito, algunas de las cuales llegaron a su domicilio acompañadas por una fotografía del ingeniero Ryan muerto.
Su hijo Íñigo Pascual Ramos sería años más tarde concejal de Sartaguda por el partido Unión del Pueblo Navarro. Entre 2003 y 2007 fue alcalde de la localidad. Cuando en diciembre de 2008 ETA asesinó a Ignacio Uría Mendizábal, empresario que trabajaba en la construcción del Tren de Alta Velocidad vasco, declaró en El Correo que “cada vez que estos sinvergüenzas cometen un asesinato, te vuelven a abrir la herida. Entonces empiezas a pensar en la mujer y los hijos de ese señor y en lo que tú viviste en ese momento”.
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