El Mapa del Olvido

20 de abril de 2012

MANUEL PERONIÉ DÍEZ (Oyarzun, Guipúzcoa, España)

http://g.co/maps/zsu52

Pasadas las tres y cuarto de la madrugada del 5 de agosto de 1983, la banda terrorista ETA asesinaba en la localidad guipuzcoana de Oyarzun al policía municipal de San Sebastián MANUEL PERONIÉ DÍEZ, cuando regresaba a su domicilio tras cenar en un restaurante junto a su amigo Víctor Zabala Urturi y ambos se resistieron a ser secuestrados.
El atentado se produjo a cuarenta metros escasos de la plaza de San Esteban de Oyarzun, localidad que estaba celebrando sus fiestas patronales. Manuel Peronié y su amigo Víctor Zabala se disponían a montar en el vehículo del primero, cuando fueron interceptados pistola en mano por tres terroristas del grupo Donosti de ETA. Los dos amigos fueron obligados a permanecer sentados en el bordillo de la calle junto a un pequeño jardín situado a un costado de la carretera que comunica Oyarzun con Rentería, a la espera de que un cuarto terrorista trajese un vehículo que pretendían utilizar para secuestrarlos.
Durante la espera, que se prolongó por espacio de un minuto, los dos amigos preguntaron insistentemente por las razones de su secuestro, pero fueron obligados a permanecer en silencio bajo la amenaza de las armas. Sin embargo, en un momento de descuido, justo cuando iban a ser introducidos en el vehículo, Manuel y Víctor trataron de huir corriendo, al tiempo que pedían auxilio a gritos. En ese momento, uno de los secuestradores abrió fuego contra ellos. Manuel fue alcanzado en el torso y en la ingle, mientras Víctor huyó carretera abajo perseguido de cerca por uno de los terroristas que descargó su pistola contra él. Sin dejar de correr, a pesar de sus heridas, Víctor Zabala logró escapar e interceptar un vehículo que lo trasladó a un puesto de la Cruz Roja.

También fueron alcanzados por los disparos una pareja de jóvenes, Coro Izaguirre e Íñigo Bengoechea, que pasaban en una moto cerca del lugar de los hechos. Efectivos de la Cruz Roja recogieron el cuerpo sin vida de Manuel Peronié y trasladaron a los dos jóvenes heridos a la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián.
Víctor Zabala Urturi, de 45 años, era el delegado de ventas de la empresa Rank-Xerox en San Sebastián. Cuando llegó al hospital, no dejaba de repetir “¿Por qué, por qué?”. Después de ser intervenido de sus heridas en el antebrazo y en la cadera, manifestó que hasta ver cómo asesinaban a su amigo no creyó en ningún momento que sus secuestradores estuvieran dispuestos a matarlos. “Mientras esperábamos la llegada del coche en el que querían meternos estuvimos intentando hacerles ver que se habían equivocado. Les dijimos nuestros nombres, dónde vivíamos, quiénes éramos… y todas esas cosas que uno dice cuando tiene miedo” relató. E insistían en preguntarles que qué querían hacer con ellos y qué habían hecho. “Pero nos ordenaron que nos callásemos y que permaneciéramos allí sentados. Era una zona poco iluminada, pero a nuestro lado pasaron algunas personas que, supongo, vieron las pistolas con las que nos apuntaban. Cuando llegó el coche les dijimos que no les acompañábamos, nos levantamos y, entonces Manuel, primero, y luego yo también, empezamos a gritar auxilio a la gente de la plaza. Vi caer a mi amigo y eché a correr. Uno de los dos me siguió disparando hasta que se le agotaron las balas. Estaba herido pero salí corriendo carretera abajo porque sabía que esa era mi única salvación. Paré un coche en la carretera y le dije a su conductor, un hombre joven, que me sacara de allí que me querían matar y que estaba herido”.
Los terroristas huyeron en un coche en dirección a Rentería, pero a dos kilómetros de Oyarzuncolisionaron con otro vehículo y se salieron de la carretera, por lo que tuvieron que seguir la huida a pie campo a través. La Policía encontró en el interior del automóvil  una metralleta con dos cargadores, una pistola Browning y abundante munición del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF.
En protesta por el asesinato de Manuel, la Policía Municipal de San Sebastián y los trabajadores del Ayuntamiento iniciaron una huelga el mismo 5 de agosto. El alcalde de San Sebastián, el nacionalista Ramón Labayen, pidió a los donostiarras que mostrasen su solidaridad con Manuel Peronié.
Al funeral, celebrado al día siguiente en la Iglesia de San Ignacio, totalmente llena de público, asistieron, además de la familia de Manuel Peronié, el delegado general del Gobierno en la comunidad autónoma vasca, Ramón Jáuregui, que había interrumpido sus vacaciones para poder asistir a las honras fúnebres; el director general de la Policía, Rafael del Río; los gobernadores civil y militar de Guipúzcoa; el alcalde de San Sebastián, Ramón Labayen; los concejales del Ayuntamiento donostiarra, así como el cuerpo en pleno de la Policía Municipal, cuyos componentes lucían en sus uniformes brazaletes negros. Previamente se había llevado a cabo en el cementerio de Polloe la inhumación de los restos mortales del policía municipal asesinado, acto al que sólo acudieron familiares del fallecido y compañeros del cuerpo.
Al término del funeral se organizó una manifestación silenciosa que recorrió las principales calles de la capital guipuzcoana. La marcha estuvo precedida por una dotación motorizada de la Policía Municipal, y estaba encabezada por el alcalde de San Sebastián y miembro del PNV, Ramón Labayen, y por concejales de este partido, del PSOE, Alianza Popular y Euskadiko Ezquerra. Seguía después la Policía Municipal, así como varios centenares de personas. Al pasar frente al domicilio de Manuel Peronié, situado en la calle Iparraguirre, los manifestantes se detuvieron durante un minuto para, posteriormente, seguir la marcha hasta la Inspección de la Policía Municipal, donde el público rompió a aplaudir a los miembros del cuerpo municipal, mientras algunos de los concejales del Ayuntamiento de San Sebastián abrazaban a los agentes municipales.
Los nombres de Manuel Peronié y de otro policía municipal adscrito al servicio de la brigada volante de San Sebastián, habían aparecido hacía varios meses en unos pasquines repartidos en el casco viejo de San Sebastián en los que se les acusaba de haber maltratado a un vecino que tuvo que ser asistido posteriormente a consecuencia de los golpes. Según fuentes de la Policía Municipal, Manuel Peronié se limitó a defenderse de la agresión y de los insultos de una persona que se interfirió en un servicio policial llevado a cabo de madrugada el mes de marzo de 1983. Esos pasquines fueron distribuidos con la firma de Herri Batasuna. Este fue el motivo por el que el concejal socialista de Oyarzun, Carlos García Cañibano, declarase que el asesinato de Manuel Peronié debía pesar sobre las conciencias de quienes habían publicado y distribuido dichos pasquines.
La Audiencia Nacional condenó en 1986 a Jesús María Zabarte Arregui a 29 años de reclusión mayor por el asesinato de Manuel Peronié, así como a otros 15 años de reclusión menor por el asesinato frustrado de Víctor Zabala. A las mismas penas fue condenado en 1989 Juan José Iradi Lizarazu. De los otros dos terroristas que participaron en el atentado no se sabe nada.
Manuel Peronié Díez, de 27 años y soltero, era agente de la Policía Municipal de San Sebastián desde un año antes de su asesinato. Estaba integrado en una brigada volante que patrullaba por las noches la ciudad. Veinticinco años después, en octubre de 2008, el Ayuntamiento de San Sebastián rindió homenaje al agente municipal y al jefe de la Guardia Municipal, el teniente coronel Miguel Garciarena Baraibar, asesinado el 27 de noviembre 1980, recibiendo ambos su primer reconocimiento público. Sus nombres figuran desde entonces en el recibidor de las dependencias del cuerpo policial, junto a una placa dedicada al sargento de la Guardia Municipal Alfonso Morcillo, también asesinado por ETA el 15 de diciembre de 1994.
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19 de abril de 2012

ENRIQUE RÚA DÍAZ (Guetaria, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1983, Guetaria, Guipúzcoa, Julio, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 22:11

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A las cinco de la tarde del domingo 31 de julio de 1983, los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban a tiros en Guetaria (Guipúzcoa) a los guardias civiles RAFAEL GIL MARÍN y ENRIQUE RÚA DÍAZ, adscritos a la Comandancia de Zarauz. Los guardias se encontraban de paisano en el puerto de Guetaria en tareas de vigilancia de dos embarcaciones capturadas hacía cinco semanas en una operación contra el contrabando de tabaco americano. Las lanchas habían sido aprehendidas por el servicio de información fiscal de la Guardia Civil en la ría de Deba y trasladadas al puerto de Guetaria.
Enrique Rúa Díaz tenía 27 años, era natural de Verín (Orense). Estaba casado y era padre de una niña. Estuvo destinado en Pamplona hasta el 1 de julio de 1982, cuando pasó a la Agrupación de Tráfico de Guipúzcoa. Posteriormente fue trasladado a Zarauz.
El agente Rafael Gil se encontraba en el interior de un coche Seat 131, en el asiento situado junto al conductor, con el respaldo reclinado cuando fue asesinado. Su compañero, Enrique Rúa, que estaba en traje de baño, apareció junto al coche, en el borde de uno de los diques del puerto. Al parecer, se encontraba sentado de espaldas al vehículo, mirando al mar y dispuesto a darse un chapuzón. Uno de los terroristas disparó contra Enrique a quemarropa con una escopeta, mientras el segundo tiroteaba con una pistola a Rafael. Los dos murieron en el acto.La zona estaba muy concurrida de visitantes por ser un día propicio para comer en los restaurantes cercanos al puerto, pero nadie quiso aportar datos para reconstruir con exactitud los hechos e identificar a sus autores. A los pocos minutos de producirse el atentado, fuerzas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil establecieron controles en las carreteras de acceso a San Sebastián, así como en la autopista Bilbao-Behobia.

 Poco después de producirse el atentado se presentó en el lugar de los hechos el gobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elorriaga, acompañado por el concejal socialista del Ayuntamiento de San Sebastián, Carlos García. Sin embargo el médico forense y el juez tardaron más de cuatro horas en presentarse, por lo que los cadáveres permanecieron en el lugar donde fueron asesinados cubiertos con mantas hasta las nueve de la noche.
Los funerales por el alma de los dos guardias asesinados tuvieron lugar al día siguiente 1 de agosto, a las doce del mediodía en Zarauz, con la presencia del delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, el consejero de Interior del Ejecutivo autonómico, Luis María Retolaza; el secretario del PSE-PSOE, José María Benegas; el gobernador civil de la provincia, Julen Elorriaga, dirigentes de otros partidos políticos y autoridades policiales y militares.
Los actos fúnebres, a los que también asistió el ministro del Interior, José Barrionuevo, se desarrollaron en un ambiente de una enorme emoción. El trayecto entre la casa cuartel y el templo donde se ofició el funeral fue cubierto a pie y la comitiva transcurrió por la calle central de Zarauz, entre hileras de personas en respetuoso silencio. En un momento se pudieron oír las palabras de la viuda de una de las víctimas preguntando entre sollozos: “¿Por qué, por qué? Son personas como vosotros”. El clima de indignación contenida en el que se desarrolló la ceremonia religiosa explotó al final a la salida del templo, dando lugar a escenas emotivas protagonizadas por los familiares de las víctimas. Algunos de los asistentes reclamaron la adopción, por parte del Gobierno, de medidas más enérgicas en la lucha antiterrorista. Hubo gritos esporádicos de “Justicia”, “más dureza”, “más palo”, y otros de contenido parecido, a los que se unió un “¡Viva Tejero!” que no fue secundado. Una de las viudas se dirigió al ministro pidiéndole entre sollozos: “Haga algo, señor; o habrá más muertos”. Un grupo de personas reprochó en voz alta que Carlos Garaikoetxea, presidente del Gobierno vasco, no asistiese al funeral. Varios centenares de personas esperaban en los alrededores la salida de los féretros antes de ser trasladados a sus localidades natales.

RAFAEL GIL MARÍN (Guetaria, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1983, Guetaria, Guipúzcoa, Julio, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 22:09

http://g.co/maps/8jwte

A las cinco de la tarde del domingo 31 de julio de 1983, los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban a tiros en Guetaria (Guipúzcoa) a los guardias civiles RAFAEL GIL MARÍN y ENRIQUE RÚA DÍAZ, adscritos a la Comandancia de Zarauz. Los guardias se encontraban de paisano en el puerto de Guetaria en tareas de vigilancia de dos embarcaciones capturadas hacía cinco semanas en una operación contra el contrabando de tabaco americano. Las lanchas habían sido aprehendidas por el servicio de información fiscal de la Guardia Civil en la ría de Deba y trasladadas al puerto de Guetaria.
Rafael Gil Marín tenía de 30 años y era natural de Valencia de las Torres (Badajoz). Estaba casado y era padre de tres hijos, dos niños y una niña. Llevaba destinado en el cuartel de Zarauz desde el 31 de marzo de 1983.
El agente Rafael Gil se encontraba en el interior de un coche Seat 131, en el asiento situado junto al conductor, con el respaldo reclinado cuando fue asesinado. Su compañero, Enrique Rúa, que estaba en traje de baño, apareció junto al coche, en el borde de uno de los diques del puerto. Al parecer, se encontraba sentado de espaldas al vehículo, mirando al mar y dispuesto a darse un chapuzón. Uno de los terroristas disparó contra Enrique a quemarropa con una escopeta, mientras el segundo tiroteaba con una pistola a Rafael. Los dos murieron en el acto.La zona estaba muy concurrida de visitantes por ser un día propicio para comer en los restaurantes cercanos al puerto, pero nadie quiso aportar datos para reconstruir con exactitud los hechos e identificar a sus autores. A los pocos minutos de producirse el atentado, fuerzas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil establecieron controles en las carreteras de acceso a San Sebastián, así como en la autopista Bilbao-Behobia.

Poco después de producirse el atentado se presentó en el lugar de los hechos el gobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elorriaga, acompañado por el concejal socialista del Ayuntamiento de San Sebastián, Carlos García. Sin embargo el médico forense y el juez tardaron más de cuatro horas en presentarse, por lo que los cadáveres permanecieron en el lugar donde fueron asesinados cubiertos con mantas hasta las nueve de la noche.
Los funerales por el alma de los dos guardias asesinados tuvieron lugar al día siguiente 1 de agosto, a las doce del mediodía en Zarauz, con la presencia del delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, el consejero de Interior del Ejecutivo autonómico, Luis María Retolaza; el secretario del PSE-PSOE, José María Benegas; el gobernador civil de la provincia, Julen Elorriaga, dirigentes de otros partidos políticos y autoridades policiales y militares.
Los actos fúnebres, a los que también asistió el ministro del Interior, José Barrionuevo, se desarrollaron en un ambiente de una enorme emoción. El trayecto entre la casa cuartel y el templo donde se ofició el funeral fue cubierto a pie y la comitiva transcurrió por la calle central de Zarauz, entre hileras de personas en respetuoso silencio. En un momento se pudieron oír las palabras de la viuda de una de las víctimas preguntando entre sollozos: “¿Por qué, por qué? Son personas como vosotros”. El clima de indignación contenida en el que se desarrolló la ceremonia religiosa explotó al final a la salida del templo, dando lugar a escenas emotivas protagonizadas por los familiares de las víctimas. Algunos de los asistentes reclamaron la adopción, por parte del Gobierno, de medidas más enérgicas en la lucha antiterrorista. Hubo gritos esporádicos de “Justicia”, “más dureza”, “más palo”, y otros de contenido parecido, a los que se unió un “¡Viva Tejero!” que no fue secundado. Una de las viudas se dirigió al ministro pidiéndole entre sollozos: “Haga algo, señor; o habrá más muertos”. Un grupo de personas reprochó en voz alta que Carlos Garaikoetxea, presidente del Gobierno vasco, no asistiese al funeral. Varios centenares de personas esperaban en los alrededores la salida de los féretros antes de ser trasladados a sus localidades natales.

16 de abril de 2012

RAMIRO SALAZAR SUERO (Vitoria, Alava, España)

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Alrededor de las nueve y media de la mañana del 23 de julio de 1983, la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria al empresario RAMIRO SALAZAR SUERO, propietario de un taller de compraventa de vehículos. Dos pistoleros a cara descubierta le dispararon en la nuca cuando se disponía a abrir el establecimiento en la calle Benito Guinea 5, de la capital alavesa. Los etarras llevaban un rato merodeando por la zona, esperando la llegada de Ramiro, lo siguieron y lo abordaron por la espalda, disparándole sin que tuviese tiempo de reaccionar. Los terroristas emprendieron la huida a pie, en dirección al centro de la ciudad.
La víctima, socorrida en primer término por un cabo de la Cruz Roja, tenía una herida de bala en la sien izquierda, que le había dejado gravemente herido. El cabo, que pasaba casualmente por el lugar, detuvo su vehículo al oír el disparo y solicitó ayuda a una dotación de la Policía Nacional para introducirlo en el vehículo de la Cruz Roja. Ramiro fue trasladado al Hospital General Santiago Apóstol, donde ingresó a las diez de la mañana en situación de coma y con parada cardiaca. Estuvo tres horas debatiéndose entre la vida y la muerte. Quince minutos antes de la una del mediodía, el empresario falleció sin que los médicos que le atendían pudieran hacer nada por salvar su vida.
En el lugar de los hechos se recogió posteriormente un casquillo del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN. Pocas horas después, ETA asumió la autoría del asesinato mediante una llamada al diario Egin.

En 1993 la Audiencia Nacional condenó a Ignacio Pujana Alberdi, miembro del grupo Totorramendi de ETA, a 28 años de reclusión mayor por el asesinato de Ramiro Salazar. Las Fuerzas de Seguridad atribuyen a Luis Enrique Gárate Galarza, alias Zorro, su presunta participación en este atentado. El etarra fue detenido en el suroeste de Francia el 9 de febrero de 2004, después de tratar de eludir un control de aduanas en la localidad de Cognac, a unos cien kilómetros de Burdeos, cuando transportaba una furgoneta cargada de explosivos y armas junto a Ibon Elorrieta Sanz. Gárate Galarza fue condenado a 15 años en Francia, y en marzo de 2010 fue entregado temporalmente a España para ser juzgado por su participación en diversos atentados cometidos en los años ochenta, varios de los cuales se saldaron con asesinatos.
Ramiro Salazar Suero, de 35 años de edad, era natural de Urbina (Álava), localidad próxima a Vitoria. Propietario de la empresa Automóviles Salazar, estaba casado y tenía dos hijos. Su esposa se encontraba en avanzado estado de gestación en el momento del atentado. Ramiro Salazar no había tenido, al parecer, ningún problema laboral ni se le conocían actividades políticas. Sin embargo, en el mes de abril unos desconocidos rompieron los cristales de su establecimiento por lo que Ramiro presentó la correspondiente denuncia en comisaría. Aunque en un principio el negocio estaba destinado a la compraventa de automóviles, el propietario había obtenido poco antes de su asesinato la autorización de venta de coches de varias marcas extranjeras.

MANUEL FRANCISCO GARCÍA SAN MIGUEL (Sopelana, Vizcaya, España)

Filed under: 1983, Julio, Sin esclarecer, Sopelana, Vizcaya — Fer Altuna Urcelay @ 15:37

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A las nueve menos cuarto de la mañana del 13 de julio de 1983, ETA asesinaba a tiros en las inmediaciones de la estación del ferrocarril de la localidad vizcaína de Sopelana al policía nacional MANUEL FRANCISCO GARCÍA SAN MIGUEL, cuando regresaba a su domicilio tras acabar su servicio como conductor de un coche celular del 091 en Guecho.
Manuel se vistió de paisano antes de salir de la comisaría de Guecho, y se dirigió a la estación para coger el tren con destino a Sopelana, donde vivía con su familia desde dos meses antes. Era un trayecto de apenas cinco kilómetros. Al llegar a Sopelana, el policía se apeó del tren y, cuando se disponía a dirigirse hacia su domicilio, en la calle Zubike, dos individuos se le acercaron por la espalda y le dispararon dos tiros en la cabeza, provocándole la muerte casi en el acto. Cuando estaba ya en el suelo, los terroristas lo remataron con un tercer disparo. En el lugar del atentado se recogieron posteriormente tres casquillos marca SF, calibre 9 milímetros parabellum. Manuel recibió los disparos en el cuello y el pecho y quedó tendido en el suelo, en mitad de un gran charco de sangre.
El gobernador civil de Vizcaya, Julián Sancristóbal, hizo por radio una petición pública de colaboración ciudadana, y advirtió a los autores del atentado “que no descansaremos hasta localizarlos, que vamos a ir por ellos y que lo van a pagar sin ninguna duda”. Lo cierto es que, a día de hoy, no se sabe quiénes acabaron con la vida del policía nacional.
Manuel Francisco García San Miguel era natural de Guitiriz (Lugo). Poco menos de un año antes había sido destinado a la agrupación de conductores de Bilbao y estaba adscrito al parque móvil de la comisaría de Guecho. De 27 años, estaba casado con Milagros Fernández y tenía una hija que había nacido poco antes de ser asesinado. La capilla ardiente quedó instalada en el acuartelamiento de la Policía Nacional de Basauri, donde al día siguiente se celebró el funeral por su alma.

14 de abril de 2012

JESÚS BLANCO CERECEDA (Pamplona, Navarra, España)

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El 27 de junio de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en Pamplona a JESÚS BLANCO CERECEDA, jefe del Servicio de Comunicaciones del aeropuerto de Noáin. Varios etarras le esperaban a la puerta de su domicilio desde minutos antes de la 8:00 horas, hora en la que, habitualmente, Jesús salía para dirigirse a su trabajo.
Jesús coincidió en el portal de su casa con una vecina, enfermera de profesión, y ambos salieron juntos a la calle. La víctima estaba ayudando a su vecina a trasladar unos paquetes al automóvil cuando fue abordada por un individuo que llevaba un rato esperando en la acera de enfrente. Otros dos terroristas esperaban sentados junto a una zapatería cercana. Uno de ellos se acercó a Jesús y le disparó tres tiros a bocajarro, uno de ellos en la nuca. Sangrando abundantemente, Jesús pudo andar varios metros hasta caer junto al portal de su domicilio en el barrio de San Juan de la capital navarra.
Mientras los terroristas se daban a la fuga en un vehículo Simca 1200 de color rojo, que les esperaba con el motor en marcha, Jesús fue atendido por la enfermera y por su marido, que era médico. Falleció mientras era trasladado en una ambulancia de la Cruz Roja al servicio de urgencias del Hospital de Navarra. El parte médico facilitado en este centro sanitario señalaba que el fallecido presentaba dos orificios de entrada en hemitórax izquierdo con salida por la región axilar derecha y por región escapular derecha.
El vehículo utilizado por los autores del atentado había sido robado a punta de pistola unas horas antes en el barrio de San Jorge de Pamplona. Su propietario fue introducido maniatado en el maletero. Los terroristas huyeron en dirección a la avenida de Sancho el Fuerte y, de ahí, al barrio de La Milagrosa, donde abandonaron el automóvil, que fue localizado posteriormente por la Policía con su propietario en el maletero.
Jesús Blanco se encontraba solo en casa, ya que su familia estaba pasando unos días de vacaciones en Covarrubias. Los funerales por su alma se celebraron al día siguiente en Pamplona, con asistencia del ministro de Transportes, Enrique Barón, y altos cargos de su departamento.
Los terroristas, miembros del grupo Mendaur de ETA, ya habían intentado acabar con la vida de Jesús el 8 de abril de ese mismo año. Ese día los etarras procedieron de igual manera y esperaron a que su objetivo saliese de su domicilio para tirotearle. Los planes se frustraron porque Jesús no salió del domicilio.
En 1986 la Audiencia Nacional condenó a Enrique Labay Machín a 29 años de prisión por el asesinato de Jesús Blanco. Diez años después, en 1996, fueron condenados a 30 años de reclusión mayor los etarras Fermín Urdiain Ciriza y Joaquín Sancho Biurrun por el mismo asesinato.
Jesús Blanco Cereceda, de 58 años, era natural de Berceo (La Rioja), casado y padre de tres hijos, de 34, 30 y 25 años de edad. Era funcionario adscrito a la Dirección General de Aviación Civil y destinado en Pamplona desde octubre de 1967, unos años antes de construirse el aeropuerto. Estaba asimilado al grado de capitán para casos de movilización, de ahí que algunas personas lo conociesen como capitán Blanco.
Avenida de Bayona 36, Pamplona, Navarra

13 de abril de 2012

EMILIO JUAN CASANOVA LÓPEZ (San Sebastián, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1983, Guipúzcoa, Junio, San Sebastián, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 19:44

http://g.co/maps/php6p

El 23 de junio de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en San Sebastián al policía nacional EMILIO JUAN CASANOVA LÓPEZ. Eran aproximadamente las 14:20 horas y hacía dos horas que había finalizado el funeral por Juan Maldonado Moreno, asesinado el día anterior en Pasajes.
El atentado, obra de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, se produjo mediante la explosión de un coche-bomba al paso de una patrulla policial formada por un furgón y una furgoneta con siete agentes de la Policía Nacional en su interior. La patrulla se dirigía al Parque Móvil de San Sebastián y circulaba por el paseo de Mundaiz, en la margen derecha de la ría del Urumea. Los terroristas, apostados en la otra orilla, activaron a distancia la bomba en el momento en que la furgoneta policial se situó al lado del coche cargado de explosivos. 
El vehículo en el que viajaban los agentes fue alcanzado de lleno por la metralla y la onda expansiva de la bomba. La fortísima explosión quemó las ramas de los árboles del paseo y levantó en el aire los restos del coche Seat 127 en el que se encontraba el artefacto explosivo, que contenía gruesos tornillos y tuercas a modo de metralla.
El lateral izquierdo de la furgoneta policial quedó acribillado, con orificios que en algunos casos alcanzaban varios centímetros de diámetro. Emilio Juan Casanova López fue trasladado urgentemente al Hospital de la Cruz Roja, donde falleció poco después, mientras que otros compañeros heridos eran trasladados a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián, y otros dos más, al Hospital Provincial. Un portavoz de la residencia sanitaria hizo un llamamiento público a primeras horas de la tarde solicitando sangre para las transfusiones.
Minutos después del atentado, efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil desarrollaron en San Sebastián una amplia operación con controles, cacheos y, en algunos casos, registros de viviendas. El tráfico de amplias zonas de la ciudad quedó colapsado, mientras vehículos policiales cruzaban las calles a toda velocidad haciendo sonar sus sirenas. Cientos de ciudadanos fueron interceptados e identificados en una operación policial espectacular por su envergadura y por la celeridad con la que fue realizada.
Uno de los policías heridos, José Antonio Quintana Cañuelo, de 27 años, tenía seccionada parcialmente la arteria yugular y su estado era gravísimo. Sufrió múltiples heridas de metralla en cabeza, tronco y extremidades, shock hemorrágico y paro cardiaco. Era natural de Valencia y estaba casado. Antonio Gutiérrez Pizarro, natural de Algeciras, 29 años, casado y con dos hijos, sufrió heridas graves en región lumbar derecha y múltiples heridas incisocontusas. El resto de agentes –Jesús María Díaz BarciaHeliodoro Borrás JesúsJuan Plaza Navarro y Engracio Calabuig Noguera– resultaron heridos de menor gravedad.
A las 20:00 horas se celebró el funeral en el salón del trono del Gobierno Civil presidido por el ministro Barrionuevo, mandos policiales, el alcalde y representantes municipales.
Emilio Juan Casanova López, era natural de Ayora (Valencia). Tenía 29 años y estaba casado. El agente había estado presente en los funerales que se celebraron a mediodía en el Gobierno Civil por el guardia civil asesinado la víspera, Juan Maldonado Moreno. Al día siguiente se celebró en su localidad natal el funeral y entierro de la víctima, al que asistieron unas seis mil personas. Ese mismo día los Comandos Autónomos Anticapitalistas reivindicaron el atentado con llamadas a diferentes medios del País Vasco.

JUAN MALDONADO MORENO (Pasajes de San Juan, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1983, Guipúzcoa, Junio, Pasajes de San Juan, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 19:14

http://g.co/maps/cfgj7

En torno a las 18:40 horas del 22 de junio de 1983, la banda terrorista ETA asesinaba en Pasajes de San Juan (Guipúzcoa) al guardia civil JUAN MALDONADO MORENO. Su cuerpo quedó destrozado por la explosión de una bomba-lapa adosada a los bajos de su vehículo, que quedó convertido en un amasijo de chatarra.
La explosión, de gran potencia, tuvo lugar en el momento en el que el guardia civil, que vestía de paisano, accionó la llave de contacto de su vehículo, un Renault 8 de color rojo, aparcado en una pequeña plazoleta que se utiliza como aparcamiento en un extremo del pueblo, muy cerca de su domicilio. El cuerpo del agente fue seccionado en dos por la onda expansiva.
Una mujer de nacionalidad portuguesa, que pasaba por el lugar en el momento de la explosión, resultó herida al ser alcanzada por los cristales del vehículo. La mujer herida fue trasladada al Hospital de la Cruz Roja en San Sebastián, donde le practicaron las primeras curas. Tenía incrustadas en el rostro, y en diferentes partes de su cuerpo, numerosas partículas de cristales, pero los médicos consideraron que sus heridas no revestían gravedad. La onda expansiva destrozó, además, otros vehículos aparcados en las inmediaciones y provocó la rotura de cristales en numerosas viviendas y comercios.
El funeral celebrado al día siguiente en el patio del Gobierno Civil de Guipúzcoa contó con la asistencia, por primera vez en este tipo de actos, del teniente coronel Díaz Arcocha, máximo responsable de la Ertzaintza, que sería asesinado por ETA el 7 de marzo de 1985, y el capitán García Oteiza. Al funeral también asistieron el ministro del Interior, José Barrionuevo; el inspector general de la Guardia Civil, Aramburu Topete; el delegado del Gobierno en el País Vasco, Ramón Jáuregui; el capitán general de la VI Región Militar y otras autoridades. Se renunció al funeral en la Sagrada Familia, tras la negativa del obispo Setién a que el féretro llevara bandera alguna.
Juan Maldonado Moreno tenía 42 años. Era de Adra (Almería), estaba casado y tenía dos hijas de 9 y 7 años. Desde doce años antes de ser asesinado prestaba servicio en uno de los puestos de aduanas del puerto de Pasajes, escenario de numerosos atentados contra miembros de la Guardia Civil. El guardia civil tenía costumbres muy regulares: solía jugar habitualmente a las cartas en el mismo bar y acudir a una huerta cercana a su domicilio. Fue enterrado en el municipio granadino de Motril con la asistencia de varios miles de personas que recibieron el féretro entre gritos de “ETA asesina” y vivas a la Guardia Civil. La banda terrorista ETA reivindicó el atentado el 7 de julio.

12 de abril de 2012

EDUARDO VADILLO VADILLO (Durango, Vizcaya, España)

http://g.co/maps/ua7dz

E16 de junio de 1983 fallece EDUARDO VADILLO VADILLO, incapaz de superar las graves heridas sufridas por la explosión de una bomba dos días antes. A las once de la mañana del martes 14 de junio de 1983, Eduardo fue alcanzado por la metralla de una bomba colocada por ETA, que explosionó en el momento en que adelantaba con su vehículo a otro vehículo de la Guardia Civil, en el que iba el teniente coronel José Lull Catalá, objetivo del atentado, y cuyos ocupantes resultaron ilesos.
El atentado ocurrió en el Alto de Trabacúa, en una angosta carretera entre Durango y Marquina. El lugar, boscoso y con numerosas curvas, ya había sido escenario de otras emboscadas de la banda terrorista contra miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Hacía justamente un año, el 8 de junio de 1982, dos guardias civiles resultaron heridos, uno de ellos muy grave, en un atentado prácticamente idéntico, registrado en un paraje próximo al del Alto de Trabacúa. 
El 14 de junio el teniente coronel de la Guardia Civil, y jefe de la 512 Comandancia de Vizcaya, circulaba en su vehículo oficial por esa carretera. Durante todos los años que estuvo al frente de esa Comandancia, José Lull Catalá tenía por costumbre acompañar a las patrullas de sus agentes cuando tenían que hacer itinerarios regulares que les exponían a ser objetivo de atentados terroristas. De esa forma compartía el riesgo con los guardias civiles bajo su mando y mantenía alta su moral. Sabedores de esta circunstancia, la banda terrorista ETA había intentado atentar varias veces contra él.
Miembros del grupo Gorrochategui de ETA habían colocado en un arcén de la carretera una bomba del tipo conocido como hornillo. Se trata de un tipo de bomba en el que la carga es colocada adosada a los laterales de un recipiente metálico de forma cónica, que luego es rellenado con la metralla. El efecto es que, al estallar, el explosivo concentra la onda expansiva en el vértice del cono, proyectando la metralla en un ángulo de unos 45 grados. Es uno de los artefactos más mortíferos, pues la metralla así proyectada es capaz de perforar superficies muy duras. La bomba había sido colocada hacía algún tiempo, pues la banda terrorista sabía que, tarde o temprano, pasaría por la carretera algún vehículo de la Guardia Civil. La vegetación del lugar dificultaba la visión de los etarras, situados a unos setenta y cinco metros.
En torno a las 11:30 horas del 14 de junio, cuando el coche del teniente coronel Lull estaba a punto de llegar al lugar en el que estaba colocado el artefacto explosivo, fue adelantado por otro vehículo, conducido por Eduardo Vadillo. Los etarras confundieron ese coche con el de la Guardia Civil, y activaron la bomba. La potencia de la explosión desplazó el vehículo, acribillado por los diez kilos de metralla, a unos veinte metros de la carretera.
Eduardo Vadillo, alcanzado por la metralla en la cabeza, el pecho y un brazo, fue recogido gravemente herido y trasladado al Hospital de Basurto. El parte hospitalario precisó que el herido presentaba “heridas por metralla, orificio de entrada en parietal derecho, que provoca fractura con estallido de bóveda craneal y pérdida ósea, por entrada de una tuerca que aparece alojada debajo del parietal contralateral y produce salida de masa encefálica y signos de afectación neurológica muy importantes. Fractura abierta de húmero derecho. Herida incisa a nivel del tercio medio del esternón, no penetrante”. Dos días después, el jueves 16 de junio, Eduardo fallecía en el hospital.
Sus compañeros de trabajo hicieron público un comunicado en el que expresaron su indignación por una situación en la que “son los más inocentes quienes pagan siempre las consecuencias de actos tan salvajes. Queremos que, de una vez por todas, nos dejen en paz, ya que lo único que pretendemos es vivir y trabajar en un clima de tranquilidad, pues estamos hartos de atentados y secuestros, que sólo conducen a destruir nuestra querida Vizcaya”.
Tras la explosión de la carga, el conductor del vehículo del teniente coronel Lull Catalá, el guardia civil José González Rodríguez, se apeó del automóvil y repelió la agresión a tiros, subiendo monte arriba en busca de los autores del atentado. Éstos habían emprendido la huida, pero dejaron indicios y pistas que condujeron a la detención, a los pocos días, de Larrinaga Celaya.
En 1984 la Audiencia Nacional condenó al etarra José Ramón Larrinaga Celaya como autor material del atentado a una pena de 9 años de prisión mayor por un delito de atentado contra un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y a 29 años de reclusión mayor por el asesinato de Eduardo Vadillo. En 2002 fue condenada por este atentado a 23 años Carmen Guisasola Solozábal.
Según el relato de hechos de la sentencia, Guisasola integraba el grupo Gorrochategui de ETA junto con José Ramón Larrinaga y José Francisco Rementería Barruetabeña, alias Patxi Rementería (fallecido en 2000 cuando explotó el artefacto preparado para cometer un atentado que transportaba en un vehículo). Los tres eran de Marquina y residían en esa localidad. En 1983 planearon causar la muerte del teniente coronel de la Guardia Civil José Luis Lull Catalá, de quien sabían que solía viajar de Bilbao a Marquina cada cierto tiempo en un vehículo de color negro. Tras seguir a su objetivo durante un tiempo planearon colocar una carga explosiva en un talud de la carretera local B-140, para hacerlo explotar al paso del vehículo del teniente coronel. Para ello, prepararon un artefacto compuesto por 4 kilos de explosivo Goma 2 y 8 kilos de tornillería. En febrero de 1983 los tres terroristas se desplazaron hasta el lugar señalado y excavaron un agujero en el talud para introducir la bomba, encargándose Guisasola de extender un cable que uniría el artefacto con el dispositivo de activación. Durante varios meses se dirigieron al lugar para esperar el paso del automóvil oficial, lo que no ocurrió al seguir el teniente coronel un recorrido distinto al previsto por los terroristas.
El 14 de junio los terroristas se enteraron de que su víctima iba a pasar nuevamente por la carretera, por lo que se reunieron en el lugar donde estaba oculto el explosivo. Larrinaga retrocedió unos kilómetros atrás y esperó a que apareciera el automóvil de la Guardia Civil, para entonces ponerse delante y avisar con dos bocinazos de claxon. El adelanto del coche oficial por el vehículo conducido por Eduardo Vadillo frustró sus planes de acabar con la vida del teniente coronel. Tras el atentado, Guisasola escribió de su puño y letra una nota a la dirección de la banda terrorista en la que explicaba el error y señalaba que el teniente coronel se “había escapado varias veces” y, en letras mayúsculas: “ERA NUESTRO GRAN SUEÑO!!!”.
Efectivamente, el grupo Gorrochategui de ETA había intentado asesinar a Lull Catalá en, al menos, tres ocasiones anteriores. El 29 de enero de 1982, cuando la Guardia Civil consiguió desactivar una carga con 5 kilos de Goma 2 y 16 kilos de tornillería en las proximidades de Marquina. El 8 de junio 1982, atentado en el Alto de Trabacúa, en el que resultaron heridos gravemente dos guardias civiles. Este segundo intento fue prácticamente idéntico al de un año después. Ese día el teniente coronel Lull iba con la patrulla, pero la dejó en Amorebieta para dirigirse a Guernica, cambiando de planes de forma imprevista. Por último, el 13 de octubre de 1982, los etarras Guisasola, Larrinaga y Rementería hacen estallar otra carga de 5 kilos de Goma 2 y 15 de tornillería, otra vez en las proximidades del Alto de Trabacúa. El teniente coronel había pasado por la zona cinco minutos antes, por lo que la explosión no le afectó a él, pero sí a dos de sus subordinados. Resultaron heridos dos guardias civiles, uno de ellos de gravedad.
Cabe resaltar que, curiosamente, el teniente coronel Lull Catalá, el “gran sueño” de la etarra Guisasola, luchó siempre contra la ETA cumpliendo estrictamente la ley, por lo que se opusosiempre a la utilización de cualquier atajo en la lucha antiterrorista y a las actividades de los GAL. Pese a ello, y como hemos visto, la banda terrorista ETA intentó, infructuosamente, acabar con su vida una y otra vez. Otro dato a tener en cuenta es la información con la que contaban los miembros del grupo Gorrochategui para cometer el atentado. Por un lado, Patxi Rementeríatrabajaba en la fábrica de armas de Marquina, por lo que tenía información exacta en cuanto a días de transportes y, con toda seguridad, en cuanto al vehículo oficial utilizado por Lull Catalá. Por otra parte, los etarras también habrían tenido acceso a documentos oficiales. De ahí que Guisasola utilizase correctamente la abreviatura de “teniente coronel” en la nota manuscrita que remitió a la dirección de la banda.
ETA no consiguió acabar con la vida de Lull Catalá, aunque por el camino quedaron varios guardias civiles gravemente heridos y la vida de Eduardo Vadillo.
Eduardo Vadillo Vadillo era natural de Villalba de Losa (Burgos), aunque estaba domiciliado en Bilbao. Tenía 58 años, estaba casado y era padre de dos hijas. Trabajaba como jefe de ventas de la delegación de la empresa Land Rover Santana en Bilbao. El 14 de junio, día del atentado, se dirigía por la carretera de Durango a formalizar un contrato con un cliente.

24 de marzo de 2012

FRANCISCO MACHÍO MARTOS (Azpeitia, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1983, Azpeitia, Guipúzcoa, Junio, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 21:48

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Alrededor de las nueve menos cuarto de la noche del día 7 de junio de 1983, dos terroristas miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban en Azpeitia (Guipuzcoa) a FRANCISCO MACHÍO MARTOS, vecino de la localidad y trabajador en paro.
Los terroristas entraron a cara descubierta en el Bar Amaya, donde se encontraba Francisco con dos amigos, y le dispararon a bocajarro mientras tomaba un vino en la barra del bar. Los asesinos remataron a la víctima, ya en el suelo, con un segundo tiro. A continuación salieron del local andando a paso ligero pistola en mano en dirección a la plaza del pueblo, donde les esperaba un tercer terrorista a bordo de un vehículo en el que emprendieron la huida.
Francisco había recibido dos impactos de bala en la cabeza y falleció casi en el acto. En el momento del atentado se encontraban en el bar, además de los dos amigos de la víctima, los propietarios del establecimiento.
Su cuerpo fue trasladado por miembros del servicio de asistencia DYA a su domicilio, en la calle Juan XXIII, después de que el juez ordenara el levantamiento del cadáver una hora después del atentado.
Aunque al día siguiente un grupo de vecinos de Azpeitia se manifestó por las calles de la localidad para expresar su repulsa por el asesinato de Francisco, en su funeral apenas hubo diez personas en la iglesia, como narró José María Calleja en Contra la barbarie (Temas de Hoy, 2007) único periodista que asistió al mismo.
Francisco Machío Martos, de 31 años y soltero, era natural de Hornachos (Badajoz). Había emigrado con su familia al País Vasco cuando tenía 10 años. Hasta tres meses antes del asesinato había trabajado en la fábrica de muebles Fernando Olaizola, aunque en el momento del atentado se encontraba en paro.
Calle Erdi (Bar Amaya), Azpeitia, Guipúzcoa.
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