El Mapa del Olvido

21 de abril de 2012

JESÚS MARÍA ECHEVESTE TOLEDO (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1980, Agosto, Guipúzcoa, Irún, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 14:40

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A las 8:45 horas del 28 de agosto de 1980 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) a JESÚS MARÍA ECHEVESTE TOLEDO cuando se dirigía andando desde su domicilio a su trabajo como apoderado en la agencia de aduanas Sucesores de Echeandía, de la que era copropietario con su hermano, un negocio que habían heredado de su padre. Ese trayecto andando, de aproximadamente medio kilómetro, y a esa hora, era su rutina diaria.
La mañana del 28 de agosto salió a la calle Fueros, donde vivía con su mujer, Milagros, y la cruzó para dirigirse al quiosco de prensa, donde compró un periódico y un paquete de tabaco. A continuación, se dirigió por la calle Berrocarán, mientras le echaba un vistazo al periódico. Al llegar a la altura del Bar Weekend le salió al paso un terrorista que disparó dos veces con una escopeta de cañones recortados. Jesús María cayó de bruces sobre el maletero de un vehículo estacionado en la calle y después quedó tendido en el suelo. El terrorista, con un cómplice que le daba cobertura, se montó en un Ford Fiesta estacionado en doble fila donde les esperaba un tercer etarra, al parecer una mujer. El vehículo había sido robado a su propietario en el barrio de Amara en San Sebastián esa misma mañana. Los terroristas lo dejaron atado a un árbol en la localidad de Oyarzun.
Jesús María Echeveste, gravemente herido, hizo un amago de incorporarse, pero viendo que no podía, solicitó ayuda y que llamasen a una ambulancia. La víctima había recibido varios impactos de posta en el brazo izquierdo, en la zona abdominal y en la columna. Alguien avisó a la empresa de la que era copropietario y personal de la misma se trasladó al lugar donde Jesús María yacía en el suelo. Minutos después, una ambulancia de la Cruz Roja lo trasladó a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu. En un primer momento no se le pudo intervenir, debido a que su estado era crítico y a que hacía falta sangre de su grupo sanguíneo. Se hizo un llamamiento público y la respuesta fue masiva, llegando donantes de distintas localidades de la provincia. Hacia las 14:15 horas falleció cuando estaba siendo intervenido.

El mismo día del asesinato, representantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV), del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) y del Partido Comunista de Euskadi (PCE) de Irún hicieron público un comunicado en el que convocaban a todos los iruneses a una manifestación silenciosa al término del funeral por el alma del empresario.
Jesús María Echeveste Toledo tenía 46 años y era ingeniero industrial. Estaba casado y no tenía hijos. La víctima carecía de vinculaciones políticas conocidas, aunque era simpatizante del PNV, partido al que, según informó el diario ABC (19/08/1980), estaban afiliados su mujer y su hermano. Este mismo periódico señaló que nadie sabe el motivo por el que fue asesinado, porque mientras unos negaban que hubiese recibido amenazas, otros señalaban que se había negado a pagar el llamado impuesto revolucionario. También hubo rumores de que su asesinato se hubiese debido a una equivocación de la banda terrorista, pues un miembro de la ejecutiva de UCD, que había abandonado Guipúzcoa tres meses antes al conocer que estaba en una lista de ETA, vivía en el mismo domicilio que Jesús María y Milagros.
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20 de abril de 2012

FRANCISCO GIL MENDOZA (Irún, Guipúzcoa, España)

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Pasadas las diez y media de la noche del día 7 de agosto de 1991 el etarra Juan Ramón Rojo González, encapuchado y armado con un subfusil, asesinaba a tiros en Irún (Guipúzcoa) a FRANCISCO GIL MENDOZA, mientras su hermano Alfredo, que se encontraba con él en la plaza de Urdanibia de la localidad guipuzcoana, consiguió huir antes de que lo asesinaran.
Esa noche los hermanos se encontraban sentados en un banco de la plaza cuando advirtieron la presencia de un encapuchado que, mientras se dirigía hacia ellos, sacó un subfusil que llevaba escondido debajo del jersey. Los dos jóvenes empezaron a correr, momento en el que Rojo González, desde una distancia aproximada de treinta metros, lanzó una ráfaga de disparos, alcanzando a Francisco en la cabeza y en la espalda. En el lugar de los hechos se recogieron doce casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN.
Francisco Gil pudo andar todavía unos metros hasta que, gravemente herido, cayó desplomado. Fue atendido primero en el Hospital Comarcal del Bidasoa y, debido a su gravedad, lo trasladaron a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu, donde ingresó cadáver. Antes, un grupo de proetarras se negó a socorrer al joven herido, cuando su hermano, desesperado, entró en el Bar Deportivo, situado en la misma plaza, pidiendo ayuda a los dueños y clientes del establecimiento. Los encargados del bar, frecuentado por simpatizantes de Herri Batasuna, subieron el volumen de la música y una de las camareras arrojó un vaso contra Alfredo que arremetió contra el equipo de música (ABC, 9/08/1991).

Desde mayo de 1980 la banda asesina ETA abrazó la causa de la lucha contra supuestos traficantes de drogas, cometiendo auténticos disparates, pues en la mayoría de los casos o los asesinados no tenían nada que ver con el tráfico de drogas, o simplemente eran consumidores que trapicheaban con pequeñas cantidades sólo para conseguir la dosis que necesitaban para su propio consumo. Este es el caso de Francisco Gil que, al igual que su hermano Alfredo, era consumidor de droga, pero que en ningún caso era un narcotraficante, que es de lo que les acusaba la banda asesina. Según fuentes de la Policía Municipal de Irún habían sido detenidos alguna vez por traficar con drogas a pequeña escala.
Apenas quince días antes de que ETA iniciase en 1980 su campaña de asesinatos para acabar supuestamente con el narcotráfico, la Mesa Nacional de Herri Batasuna había hecho pública una declaración en la que afirmaba que la heroína se estaba introduciendo de forma masiva en el País Vasco con clara intencionalidad política. El objetivo era, según HB, apartar a los jóvenes vascos de cualquier otro tipo de intereses y preocupaciones, como los sociales, políticos, culturales etc. Una campaña parecida, pero contra las discotecas, la había iniciado ETA con ese mismo tipo de argumentaciones -“destrozar a nuestro pueblo, enajenarlo”, conducirlo “a un mundo falso”- en 1972 afirmando, además, que la Policía estaba muy interesada en el mantenimiento de las salas de fiesta e, incluso, que las financiaban (“Comunicado de ETA al pueblo trabajador vasco”, abril 1972,Documentos Y, vol. 12, citado por Alonso, Domínguez y García Rey en Vidas rotas, pág. 816).
A lo largo de su historia, la banda terrorista ETA ha fagocitado causas que, a priori, podían contar con el apoyo de parte de la sociedad, como la causa ecologista o la supuesta lucha contra las drogas. Sin embargo, la familia de Francisco Gil, a diferencia de lo que ocurrió en otros casos, no quiso callarse, y dio la cara por el joven que, sí, era consumidor de drogas, pero no era un narcotraficante. En una carta a varios medios de comunicación decían: “Es posible, casi seguro, que trapicheara con algunas dosis para conseguir las pesetas suficientes para su autoconsumo” pero “no era un narcotraficante. No hacía dinero con la droga, ni tenía bienes ni un gran tren de vida (…) No entendemos por qué nos lo han matado, pero sí sabemos que su muerte no servirá para nada, que los drogadictos no dejarán la droga porque hayan matado a uno de ellos, ni los que realmente trafican y hacen dinero con la desgracia ajena van a pararse por eso (…) Esperamos que los padres y familiares de drogadictos comprendan nuestro dolor por su muerte violenta y griten con nosotros: ¡Basta ya de asesinatos, de marginación y de desprecio!” (Agencia Efe, 13/08/1991).
El asesinato de Francisco Gil Mendoza fue cometido por miembros del grupo Irún de ETA (Juan Ramón Rojo González, Iñaki Recarte Ibarra y José Ramón Goñi Ruiz), grupo ‘legal’ de la banda de apoyo al grupo Iparhaizea de ETA que actuaba en la comarca de Irún. Las Fuerzas de Seguridad consideran que los tres no sólo asesinaron al joven, sino que robaron armas en un cuartel y colocaron explosivos en un bar de Irún y bajo el vehículo de un vecino de Fuenterrabía.
Juan Ramón Rojo González fue detenido por la Guardia Civil en enero de 1992 en Basauri (Vizcaya) junto a Pedro Urra Guridi. Desde un primer momento, el etarra exculpó a José Ramón Goñi Ruiz, hijo del ex gobernador civil de Guipúzcoa José Ramón Goñi Tirapu, del asesinato de Gil Mendoza. Por su parte, Iñaki Recarte, detenido un año después del crimen, confesó que se había jugado a cara o cruz con Rojo González quién de los dos perpetraba el asesinato de los hermanos Gil Mendoza. Finalmente fue Rojo el que disparó. De Goñi Ruiz no se sabe nada desde 1992, cuando se dio a la fuga tras las detenciones de Rojo González y Recarte Ibarra. Pasó a la clandestinidad y está en paradero desconocido (elcorreo.com 21/12/2008).
En 1996 la Audiencia Nacional condenó a sendas penas de 30 años de prisión mayor a Juan Ramón Rojo González y a Iñaki Recarte Ibarra por el asesinato de Francisco Gil. En la sentencia se recoge el motivo por el que decidieron matarlo: “como entre los objetivos de ETA figuraba eliminar corporalmente a dicha clase de traficantes, los procesados decidieron dar muerte a los hermanos Gil”.
Francisco Gil Mendoza, de 27 años, era natural de San Sebastián, aunque en el momento de su asesinato residía en la localidad vasco-francesa de Hendaya. Su padre, pintor de profesión, residía en dicha localidad desde su juventud, con su mujer y sus cinco hijos, varios de los cuales, entre ellos Francisco y Alfredo, no vivían ya en el domicilio familiar.

MELITÓN MANZANAS GONZÁLEZ (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1968, Agosto, Guipúzcoa, Iñaki Sarasketa (ETA), Irún, Xabier Izko de la Iglesia (ETA) — Fer Altuna Urcelay @ 15:23

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El 2 de agosto de 1968 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) al inspector jefe de Policía MELITÓN MANZANAS GONZÁLEZ, casi dos meses después de que el 7 de junio Txabi Echebarrieta acabase a tiros con la vida del agente José Antonio Pardines Arcay. Echebarrieta murió horas más tarde en un enfrentamiento con la Guardia Civil en Tolosa. El etarra que le acompañaba, Iñaki Sarasketa, fue detenido y condenado a muerte, aunque la pena le fue conmutada por cadena perpetua y, posteriormente, se vio beneficiado por las medidas de amnistía aprobadas tras la muerte de Franco, saliendo de prisión en 1977.
El asesinato se produjo hacia las 15:30 horas en el descansillo del primer piso de Villa Arana, una casona de Irún con la forma del típico caserío vasco. La planta baja la ocupaba un negocio de equipos de imagen y sonido, y sobre la tienda había dos pisos. En el primero vivían Melitón Manzanas, su mujer y su hija.
Ese día, Melitón se trasladó en autobús desde la comisaría de San Sebastián a su domicilio en Irún. Al llegar a Villa Arana, abrió la puerta y subió la escalera. Su mujer le oyó y abrió la puerta. Le dijo “vienes mojado”… y en ese momento sonó un disparo que alcanzó a Manzanas por la espalda. La mujer vio al asesino, un individuo joven, de estatura media, bigote y largas patillas. Incluso llegó a forcejear con él. El asesino realizó varios disparos más, aunque no llegó a herir a la mujer del policía. También fue testigo la hija de Melitón, que se asomó a la puerta del domicilio al oír el primer disparo. Su madre la empujó al interior de la casa y ella se acercó a una ventana, pidiendo ayuda a gritos. En el lugar de los hechos se recogieron siete proyectiles del calibre 7,65. El etarra, Izko de la Iglesia, había esperado a Melitón Manzanas dentro de la casa, en un pequeño sótano situado a la izquierda de la escalera.

Melitón Manzanas falleció casi en el acto. Había recibido tres tiros en la cabeza, uno en la mano y otro en la muñeca. ETA reivindicó el atentado en una octavilla que difundió en agosto de 1968, donde se podía leer “Melitón Manzanas, ejecutado”. Ante los rumores y falsas noticias que se sucedieron poniendo en duda la autoría del atentado, ETA volvió a difundir un comunicado de prensa el 13 de octubre de 1968, para reafirmar que había sido la autora. El crimen y su propaganda eran fundamentales para la banda en esos momentos, que ponía así en práctica su estrategia de acción-represión-acción contra el régimen franquista. Además, en este caso la figura del policía asesinado era propicia para hacer propaganda, pues Melitón Manzanas ya había sido acusado por miembros de la oposición al franquismo de practicar malos tratos y torturas a los detenidos.

El día que asesinaron al agente Pardines, Echebarrieta y Sarasketa se dirigían a San Sebastián para preparar el asesinato del inspector Melitón Manzanas. Es decir, los preparativos del asesinato del jefe de la Brigada de Investigación Social, en lo que ETA llamó ‘Operación Sagarra’ (manzana en vasco) se iniciaron bastante tiempo antes de la muerte del etarra Echebarrieta.
Iñaki Sarasketa, que acompañaba a Echebarrieta el día que asesinaron al agente Pardines, contó cómo se preparó el atentado contra Melitón Manzanas: “La primera información sobre sus movimientos me la dio Jon Oñatibia, miembro del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y antiguo delegado del Gobierno vasco en Nueva York. Fue una decisión personal, no digo que el PNV tuviera nada que ver. Supimos qué autobús cogía, a qué hora, incluso dónde solía sentarse. Yo se la pasé a Txabi” (El Mundo, 7/07/1998). Los primeros seguimientos del policía los hicieron el propio Echebarrieta y Jokin Gorostidi. Sin embargo el asesinato de Melitón fue presentado posteriormente como una respuesta de ETA a la pérdida del primer miembro de la banda, aunque la realidad fue bien distinta.
Sobre la personalidad de Jon Oñatibia, es interesante la información que proporciona José Díaz Herrera en Los Mitos del Nacionalismo vasco, (Planeta 2005) tras analizar documentación inédita en los archivos de la CIA. Según esa documentación, Oñatibia había sido uno de los hombres de confianza del lehendakari Aguirre para controlar las redes de espionaje que el PNV puso a disposición del OSS, y su sucesora la CIA, durante los años cuarenta y cincuenta. Estas redes, además de infiltrarse y espiar a distintas organizaciones y partidos contrarios a los intereses norteamericanos en América del Sur, espiaron a las distintas fuerzas republicanas y a sus líderes, entregando esta información a la CIA. Uno de los personajes clave en estas redes de espionaje fue Jon Oñatibia. Cuenta Díaz Herrera que, entre otras cosas, fue el encargado de recuperar la documentación que había dejado el espía Jesús Galíndez tras su desaparición, tal y como le confirmó en entrevista el abogado Richard N. Gardner. A mediados de los años sesenta, yconservando la nacionalidad norteamericana, Oñatibia regresó al País Vasco y se estableció en Oñate, donde oficialmente vivía dando clases a estudiantes norteamericanos. Sarasketa señala que Oñatibia actuó por su propia cuenta (“fue una decisión personal” contó a El Mundo), pero Díaz Herrera deja flotar la duda de que un personaje clave de los servicios del nacionalismo vasco actuase por libre. “El asesinato de Melitón Manzanas, con datos facilitados por los agentes de Aguirre, revela que la historia pasa de padres a hijos y continúa” (Los Mitos del Nacionalismo vasco, pág. 731).
Tras la muerte de Echebarrieta en el enfrentamiento con la Guardia Civil, el Biltzar Tzipia de ETA (Comité Central) decidió continuar con los planes de asesinar a Manzanas y también al policía que desempeñaba las mismas funciones en Vizcaya, aunque este último atentado no llegó a llevarse a cabo. El encargado de organizar el asesinato fue Xabier Izko de la Iglesia que fue también el autor material del atentado.
Es frecuente que se utilice este tema para justificar el asesinato. Aunque de forma directa no se justifique, en el fondo se ha presentado el asesinato como una acción de justicia por parte de ETA. En relación con esto es importante señalar que, pese a que la banda terrorista haya alegado históricamente motivos de lo más variopintos para matar (injusticias varias, opresión de las clases populares, defensa del medio ambiente, lucha contra la drogas, la condición de confidente de las víctimas, supuestas torturas y malos tratos…), los verdaderos motivos por los que asesinaba ETA los expuso la propia banda en su revista Zutik en diciembre de 1961 (citado por José Díaz Herrera en Los Mitos del Nacionalismo, pág. 514): “Nuestro enemigo no es Franco. En este momento es la Dictadura de Franco, pero podría serlo la Democracia, la Monarquía o la República. Nuestro enemigo es España encarnada en cualquier sistema, forma de Estado o de Gobierno que niegue la libertad de los vascos a crear su Estado independiente”. Los demás motivos alegados para asesinar no dejan de ser meros artificios propagandísticos. Por lo tanto, cabe concluir que aunque a Manzanas le hubieran acusado de cualquier otra cosa que no fuese cometer torturas, el resultado habría sido posiblemente el mismo: lo habrían asesinado por representar todo aquello que odia ETA.
La respuesta del Gobierno al asesinato de Melitón Manzanas fue la declaración del estado de excepción en Giupúzcoa por un período de tres meses a partir del 5 de agosto, medida que fue prorrogada en octubre por otros tres meses más. Esta medida implicaba la suspensión de los artículos 14, 15 y 18 del Fuero de los Españoles que regulaban la libertad de residencia, la inviolabilidad del domicilio y el periodo de detención policial. Para reforzar el estado de excepción, el 14 de agosto el Consejo de Ministros aprobó un Decreto Ley sobre represión del bandidaje y terrorismo, que significaba la inclusión en el ámbito de la jurisdicción militar de los delitos de propaganda, huelgas o sabotajes si estos perseguían fines políticos.
Xabier Izko de la Iglesia fue condenado en el Consejo de Guerra de Burgos de 1970 como autor material del asesinato de Melitón Manzanas, aunque el etarra siempre negó que fuera la persona que hizo los disparos. El asesinato del jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián fue una de las acusaciones centrales contra los dieciséis miembros de ETA que se sentaron en el banquillo del Consejo de Guerra celebrado en Burgos en diciembre de 1970. Seis de los acusados fueron condenados a muerte, aunque la condena fue posteriormente revocada y sustituida por cadena perpetua, y los diez restantes acumularon penas que sumaban más de 500 años de cárcel. La banda terrorista ETA quedó diezmada por la represión franquista, que llevó a la cárcel a una parte considerable de sus cuadros dirigentes durante 1968 y 1969.
En 1968 no hubo ninguna víctima mortal más después del asesinato de Melitón Manzanas. En1969, la única víctima mortal fue el taxista de Arrigorriaga Fermín Monasterio  por resistirse a llevar al etarra Miguel Etxevarría Iztueta, alias Makagüen, que huía de una redada policial en un piso del casco viejo de Bilbao en la que fueron apresados Mario Onaindia, Txutxo Abrisketa y Víctor Arana Bilbao. En 1970 y 1971 no hubo víctimas mortales, aunque sí se produjo una intensificación de los atentados de la mano del líder de ETA en esos momentos, el fraile benedictino Eustakio Mendizabal, alias Txikia -que murió en 1972 por disparos de la Policía-, y en 1972 sólo hubo una víctima mortal: el asesinato el 29 de agosto del policía municipal Eloy García Cambra, atentado no planificado, sino que se produjo durante la detención de un sospechoso en la estación de autobuses de Galdácano (Vizcaya).
Sin embargo, el Consejo de Guerra de Burgos acabaría provocando graves dificultades al régimen de Franco, pues las protestas por las condenas a muerte se extendieron por todo el mundo hasta conseguir que fueran conmutadas por las de cadena perpetua. Además, la oleada de solidaridadque despertó el Consejo provocó un flujo de nuevos militantes hacia una banda que en esos momentos estaba totalmente debilitada, no sólo por la acción de las Fuerzas de Seguridad, sino por la crisis interna de ETA con la celebración de la VI Asamblea en 1970, crisis que dividió a la banda en dos: el frente obrero y el militar. El frente militar se transformó en ETA-V Asamblea, que sería la que se quedaría finalmente con la “marca” y con la estrategia de los asesinatos y atentados como fórmula de actuación. El año 1973 sería el del gran golpe propagandístico de ETA: el asesinato, en noviembre, del almirante Luis Carrero Blanco, su escolta, el policía Juan Antonio Bueno Fernández, y su chófer, José Luis Pérez Mogena. A todos los efectos, y durante muchos años, el de Carrero Blanco fue el único atentado con víctimas mortales de ese año, porque los otros tres asesinados por ETA en 1973 fueron los jóvenes gallegos José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga que, el 24 de marzo, cruzaron la frontera francesa para ver la película El último tango en París y, tras ser secuestrados y torturados hasta la muerte, nunca más se supo de ellos.
Melitón Manzanas González, de 59 años de edad, nació en junio de 1909 en San Sebastián. En esta ciudad estudió Peritaje mercantil y, en su juventud, formó parte de un grupo teatral. Al mes de iniciarse la Guerra Civil, fue detenido y encarcelado en el fuerte de Guadalupe, donde permaneció hasta ser liberado por las tropas que se alzaron contra la República. Al terminar la guerra, entró en el Cuerpo General de Policía como inspector en 1941. Estuvo destinado en Irún y, de aquí, pasó a San Sebastián como jefe de la Brigada Social. Su actuación en la comisaría de San Sebastián le hizo “acreedor de más de cincuenta felicitaciones públicas por su destacadas acciones policiales al servicio de la región en donde encontró una alevosa pero gloriosa muerte”, como rezaba una reseña oficial difundida tras su asesinato (Alonso, R., Domínguez, F., García Rey, M., Vidas rotas, Espasa, 2010). Estaba casado y tenía una hija.

13 de abril de 2012

LUIS DE LA PARRA URBANEJA (Irún, Guipúzcoa, España)

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El 24 de junio de 1981 fallecía el coronel mutilado de Infantería LUIS DE LA PARRA URBANEJA, dos días después de que miembros de la banda terrorista ETA disparasen contra él dos tiros a bocajarro cuando salía de su trabajo en Irún (Guipúzcoa).
El coronel solía seguir diariamente la misma rutina. Hacia las 10:00 horas salía de su domicilio y se dirigía al trabajo. A las 13:00 horas regresaba a comer a su casa, siempre a pie y por el mismo camino. El 22 de junio, en torno a las 13:00 horas, tres terroristas del grupo Donosti de ETA le esperaban enfrente de su trabajo en las oficinas de los Cines Bidasoa de Irún. Los etarras efectuaron dos disparos de pistola, a bocajarro, aunque sólo uno de los proyectiles alcanzó a la víctima. La bala hirió en la cabeza a Luis, que sufrió una fuerte hemorragia con pérdida de masa encefálica.
En el lugar del atentado, la Policía recogió dos casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum de marcas diferentes, Geco y FN. Los asesinos utilizaron para la huida un automóvil Renault 14 que había sido robado por la mañana, a punta de pistola, a su propietario, José María Estanga. Éste fue localizado por la Policía horas después, atado a un árbol, cerca de una carretera secundaria en Oyarzun. El vehículo apareció abandonado en una zona céntrica de Irún.
Luis de la Parra fue trasladado a la residencia de la Seguridad Social Nuestra Señora de Aránzazu en una ambulancia, fue sometido a una intervención quirúrgica durante más de dos horas y quedó ingresado en la unidad de cuidados intensivos. En el centro médico se emitió un parte que indicaba que el paciente presentaba traumatismo craneoencefálico provocado por arma de fuego y que se encontraba en estado comatoso. El pronóstico era gravísimo, aunque el coronel De la Parra mantenía las constantes vitales y existían esperanzas de salvar su vida. Al día siguiente, 23 de junio, los médicos que le atendían emitían otro parte en el que se informaba que la víctima había entrado en un estado de coma profundo con ausencia de respuestas neurológicas, lo que hacía pensar en la imposibilidad de su recuperación. El 24 de junio falleció sin llegar a salir del coma profundo.
La Audiencia Nacional condenó en 1985 a Jesús María Zabarte Arregui a 28 años de reclusión por el asesinato de Luis de la Parra; en 1989, a 32 años de reclusión mayor, al etarra Ignacio Erro Zazu; y en 1995, a 28 años, a Luis María Lizarralde Izaguirre, alias Beltza.
En enero de 2011, el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, concedió la semilibertad a Luis María Lizarralde, tras haber mostrado arrepentimiento por el “daño” y “dolor” causado, lo que le ha llevado a romper con la banda. Mediante la aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, se le permiten “salidas diarias” de la prisión alavesa en la que se encuentra interno “por el tiempo necesario” para asistir a un curso dentro del programa de atención especializada, aunque se le niegan “salidas de fin de semana”. Extraditado desde Uruguay en 1994 cumplía condena, además de por el asesinato del coronel De la Parra, por el del guardia civil Luis Miranda Blanco, asesinado el 6 de julio de 1981. Estaba previsto que quedara en libertad en noviembre de 2009, pero en aplicación de la doctrina Parot no extinguirá la condena hasta mayo de 2022.
Luis de la Parra Urbaneja, de 63 años, había ingresado en el Ejército en 1936. Dos años después, como alférez provisional, perdió el brazo izquierdo durante la Guerra Civil. Pertenecía al Cuerpo de Mutilados con el grado de coronel de Infantería, aunque desempeñaba un trabajo civil en los Cines Bidasoa, donde era administrador contable desde veinte años antes de ser asesinado. Natural de Palencia, se estableció en Irún en 1938, tras perder el brazo en acción de guerra. Estaba casado y tenía dos hijos de 38 y 35 años de edad.


C/Lope de Irigoyen3, Irún, Guipúzcoa.

HÉCTOR ABRAHAM MUÑOZ ESPINOZA (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1979, Guipúzcoa, Irún, Junio, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 12:45

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A las doce del mediodía del 19 de junio de 1979, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Irún (Guipúzcoa) a HÉCTOR ABRAHAM MUÑOZ ESPINOZA, anticuario chileno que vivía en esta localidad guipuzcoana desde hacía ocho años.
Héctor fue abatido a tiros por dos terroristas cuando se encontraba sentado en una butaca en el interior de una de las dos tiendas de antigüedades que había instalado en la localidad. Herido de muerte, la víctima trató de refugiarse detrás de un escritorio, donde fue rematado por los agresores. La Policía encontró más tarde en el lugar del suceso cinco casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN. Tres de las balas habían alcanzado a la víctima en la cabeza, el corazón y el cuello. Los asesinos huyeron rápidamente en un vehículo aparcado en las proximidades y en el que esperaba al volante un tercer terrorista.
En un primer momento, pocas personas conocían la filiación política del asesinado, aunque a media tarde empezaron a extenderse los rumores por la localidad. Uno de ellos, no confirmado, señalaba a Héctor Abraham Muñoz Espinoza como el autor de varios artículos cuya tesis de fondo era una defensa a ultranza de la Policía de Pinochet. Sea como fuere, ETA reivindicó el asesinato del anticuario acusándole de estar relacionado con “distintos servicios informativos (sic) internacionales”.
Héctor Abraham Muñoz Espinoza había nacido el 2 de mayo de 1940 en la localidad chilena de Concepción, por lo que tenía 39 años cuando fue asesinado. Había contraído matrimonio con una ciudadana francesa con la que llegó a Irún en 1971. Allí abrió dos tiendas de antigüedades. El matrimonio no tenía hijos. Héctor había recibido varias amenazas de muerte y desde hacía algún tiempo estaba considerando la posibilidad de liquidar su negocio y salir fuera del País Vasco. El anticuario mantuvo en su momento una estrecha relación con Julio Martínez Ezquerro, concejal de la localidad asesinado por la banda terrorista en noviembre de 1977. Al día siguiente Héctor fue enterrado en la intimidad en el cementerio de Irún, con la asistencia sólo de familiares y allegados.


C/ Luis Mariano, Irún, Guipúzcoa

12 de marzo de 2012

ÁNGEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ (Irún, Guipúzcoa, España)

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El 3 de mayo de 1984 ETA asesinaba en Oyarzun al mecánico ÁNGEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ. Su cadáver fue localizado, minutos después de las cuatro de la tarde, con dos tiros en la cabeza en una pista cercana a la carretera que conduce a la localidad.
Una persona había telefoneado hacia las 10:30 horas a Ángel requiriendo los servicios de la grúa. Se identificó como viajante de comercio e indicó que requería una reparación urgente para continuar su viaje. Ángel se dirigió hacia Ventas de Irún donde supuestamente se encontraba el vehículo que tenía que remolcar y reparar. Ahí le esperaban dos terroristas que, tras encañonarle, le obligaron a desplazarse a una zona menos transitada.
La mujer de Ángel, alarmada porque su marido no llegaba a comer, alertó a la Policía Municipal a las 15:30 horas. Media hora después, una patrulla de ese cuerpo localizó el cadáver de su marido dentro de su Land Rover. Presentaba dos orificios de bala: uno en la sien izquierda, con salida por la sien derecha, y otro a la altura del cuello con la bala alojada en su interior. En el lugar se encontraron dos casquillos marca Geco. Ángel no fue asesinado sobre la marcha, sino que fue secuestrado durante unas horas y sometido a un “interrogatorio” por parte de los terroristas.
En 1986 fueron condenados por el asesinato de Ángel dos miembros del grupo Otxobi de ETA: Francisco Barrenechea Varela e Ignacio Mendiburu Iturain. Las condenas fueron a 27 años de reclusión mayor como autores materiales. Barrenechea Varela, que llegó a acumular penas por 45 años de cárcel, sólo cumplió efectivamente ocho años, pues el 9 de abril de 1992 le fue concedido el tercer grado penitenciario. Mendiburu Iturain, por su parte, fue clasificado en tercer grado el 24 de enero de 1997 por enfermedad grave, cuando sólo había cumplido trece años de prisión.
Ángel Rodríguez Sánchez, de 42 años de edad, era natural de Villafranca de Barros (Badajoz), aunque residía en Irún desde 13 años antes de ser asesinado. Propietario de un taller mecánico y de una grúa, estaba casado con Rosa y tenía tres hijos de 15, 13 y 8 años. Tras el atentado, su esposa afirmó desconocer si Ángel Rodríguez había sido amenazado por la banda terrorista. Tres días después, el 6 de mayo, ETA reivindicó el asesinato y acusaba a Ángel de estar relacionado con los GAL, a los que, según la banda terrorista, proporcionó escondite de vehículos y armas.

10 de marzo de 2012

JUAN MANUEL HELICES PATINO (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1992, Abril, Guipúzcoa, Irún, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 21:31

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El 23 de abril de 1992, pasadas las nueve de la noche, un policía fuera de servicio, dirigente del sindicato Unión Federal de Policía (UFP), observó a dos individuos que le infundieron sospechas mientras paseaba por las calles de Irún. Decidió comunicarlo al 091, que envió a dos agentes en un coche patrulla camuflado de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional.
En la confluencia de las calles Salvador Etxeandía y avenida de Navarra encontraron a los dos sospechosos. Mientras su compañero estacionaba el vehículo, JUAN MANUEL HELICES PATINO descendió del vehículo y se acercó a los dos individuos para proceder a la identificación. En esos momentos, y sin mediar palabra, uno de los sospechosos sacó una pistola y disparó un único tiro contra el agente, atravesándole la cabeza. El compañero de Juan Manuel hizo uso de su arma reglamentaria repeliendo la agresión sin saber si alcanzó o no a alguno de los etarras.
Los terroristas huyeron en direcciones opuestas, según testigos presenciales. En su huida uno de los etarras dejó abandonada una metralleta. La policía encontró el arma a 70 metros del lugar en el que se produjo el atentado.

Juan Manuel fue trasladado al Hospital de Aránzazu de San Sebastián, donde ingresó clínicamente muerto. Según el parte médico, el policía presentaba “herida por arma de fuego con orificio de entrada en región frontotemporal izquierda y salida por zona parietooccipital derecha, con estallido de bóveda craneal y fractura de base de cráneo”. Falleció dos horas después.
El asesinato de Juan Manuel se produjo un día después de que, con el voto del PNV y el PSE, se aprobara la modificación del trazado de la autovía de Leizarán. La construcción de la autovía provocó la oposición de diversos colectivos políticos y sociales vascos, ligados al mundo independentista. A ellos se sumó con “entusiasmo” la banda asesina, igual que ocurrió con la central nuclear de Lemóniz.
En este caso, el impacto ambiental en el valle de Leizarán, situado entre las provincias de Navarra y Guipúzcoa, fue la bandera que enarboló el independentismo vasco. La banda terrorista se sumó haciendo lo que sabe hacer: asesinar a tres personas y herir a otras nueve, alegando su relación con la construcción de la autovía.
Tras la aprobación de la modificación del trazado, Herri Batasuna colgó unos infames carteles en las calles del País Vasco en los que se podía leer: “Victoria. Ayer ganamos Lemóniz, hoy ganamos la autovía y mañana ganaremos la autodeterminación”. A HB se le olvidó mencionar el “detalle” de los muertos y heridos que esas “victorias” habían provocado.
Juan Manuel Helices Patino tenía 33 años y era natural de Rota (Cádiz), en cuyo cementerio fue enterrado. Estaba casado y era padre de dos hijos. Vivía en Irún desde once años antes de su asesinato. Juan Manuel y su compañero pertenecían a la Brigada de Seguridad Ciudadana. En 2005 el Consejo de Ministros le concedió, a título póstumo, el ascenso honorífico a oficial del Cuerpo Nacional de Policía.

LUIS MARTOS GARCÍA (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1980, Abril, Guipúzcoa, Irún, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 18:17

http://g.co/maps/zusvc

En torno a las 20:15 horas del 16 de abril de 1980 los guardias civiles LUIS MARTOS GARCÍA y JOSÉ TORRALBA LÓPEZ, adscritos al Puesto de Especialistas Fiscales de Irún, fueron ametrallados por dos terroristas mientras tramitaban los papeles de un camión con matrícula extranjera que iba a cruzar la frontera. Se encontraban en el interior de la cabina del puesto de la Aduana de Irún, cercana a la puerta 2 del paso del Puente de Santiago, que une la localidad española con la francesa de Hendaya.
Al parecer, Luis y José se encontraban de espaldas, por lo que no pudieron observar la presencia de los dos terroristas, que dispararon varias ráfagas de ametralladora contra la caseta. El camionero se lanzó al suelo y, gracias a ese gesto, resultó ileso.


Luis Martos García de 29 años, era de Córdoba, ciudad en la que fue enterrado. Estaba casado y tenía un hijo de siete años.
En la explanada de camiones del Puente de Santiago se recogieron treinta y ocho casquillos de bala 9 milímetros parabellum, marca FN. Tras cometer el atentado, los dos pistoleros de la banda se dieron a la fuga a pie y, posteriormente, huyeron en un coche Simca 1200 que les esperaba en un lugar cercano.

Inmediatamente los guardias civiles fueron asistidos por los propios funcionarios de fronteras, que les trasladaron urgentemente a la Cruz Roja de Irún, donde únicamente se pudo certificar su muerte.
Los cadáveres de los dos guardias civiles fueron trasladados al Hospital Militar de San Sebastián, donde se instaló la capilla ardiente. Al día siguiente, a las doce del mediodía, se celebraron los funerales en la capilla del hospital sin que se produjeran incidentes. Siguieron la ceremonia unas doscientas personas, la mayoría miembros de la Guardia Civil, el Ejército y la Policía.
El asesinato de Luis y José provocó un paro de la mayor parte de los agentes de aduanas y de los funcionarios de la Administración en la frontera de Irún. El Ayuntamiento de Irún condenó el atentado con los votos a favor de PNV y PSOE, y las abstenciones de Euskadiko Ezkerra y tres independientes. Los representantes de Herri Batasuna abandonaron la sesión alegando no haber recibido el orden del día con la debida antelación.
A día de hoy, no se sabe nada de quiénes asesinaron a Luis y José.

JOSÉ TORRALBA LÓPEZ (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1980, Abril, Guipúzcoa, Irún, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 18:17

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En torno a las 20:15 horas del 16 de abril de 1980 los guardias civiles LUIS MARTOS GARCÍA y JOSÉ TORRALBA LÓPEZ, adscritos al Puesto de Especialistas Fiscales de Irún, fueron ametrallados por dos terroristas mientras tramitaban los papeles de un camión con matrícula extranjera que iba a cruzar la frontera. Se encontraban en el interior de la cabina del puesto de la Aduana de Irún, cercana a la puerta 2 del paso del Puente de Santiago, que une la localidad española con la francesa de Hendaya.
Al parecer, Luis y José se encontraban de espaldas, por lo que no pudieron observar la presencia de los dos terroristas, que dispararon varias ráfagas de ametralladora contra la caseta. El camionero se lanzó al suelo y, gracias a ese gesto, resultó ileso.

José Torralba López había nacido en Armilla (Granada) y estaba soltero. Tenía 23 años. Aunque pertenecía a la reserva de la Guardia Civil de Logroño, llevaba sólo cinco días prestando servicio en el puesto fronterizo de Irún. Sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio de Santa Cruz de Tenerife, donde vivía su familia. Hijo de guardia civil, como señaló su madre Concepción López “su vida se movió entre tricornios desde que tuvo uso de razón”. De hecho, una parte importante de su corta vida transcurrió en el cuartel de la Guardia Civil de Granadilla de Abona, donde habían destinado a su padre Rafael. En abril de 2008 el Ayuntamiento de Armilla homenajeó al agente dedicándole una plaza con su nombre como símbolo de rechazo al terrorismo.

En la explanada de camiones del Puente de Santiago se recogieron treinta y ocho casquillos de bala 9 milímetros parabellum, marca FN. Tras cometer el atentado, los dos pistoleros de la banda se dieron a la fuga a pie y, posteriormente, huyeron en un coche Simca 1200 que les esperaba en un lugar cercano.
Inmediatamente los guardias civiles fueron asistidos por los propios funcionarios de fronteras, que les trasladaron urgentemente a la Cruz Roja de Irún, donde únicamente se pudo certificar su muerte.
Los cadáveres de los dos guardias civiles fueron trasladados al Hospital Militar de San Sebastián, donde se instaló la capilla ardiente. Al día siguiente, a las doce del mediodía, se celebraron los funerales en la capilla del hospital sin que se produjeran incidentes. Siguieron la ceremonia unas doscientas personas, la mayoría miembros de la Guardia Civil, el Ejército y la Policía.
El asesinato de Luis y José provocó un paro de la mayor parte de los agentes de aduanas y de los funcionarios de la Administración en la frontera de Irún. El Ayuntamiento de Irún condenó el atentado con los votos a favor de PNV y PSOE, y las abstenciones de Euskadiko Ezkerra y tres independientes. Los representantes de Herri Batasuna abandonaron la sesión alegando no haber recibido el orden del día con la debida antelación.
A día de hoy, no se sabe nada de quiénes asesinaron a Luis y José.

4 de marzo de 2012

RAMÓN DORAL TRABADELO (Irún, Guipúzcoa, España)

Filed under: 1996, Guipúzcoa, Irún, Marzo, Sin esclarecer — Fer Altuna Urcelay @ 22:30

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El lunes 4 de marzo de 1996 es asesinado en Irún (Guipúzcoa) RAMÓN DORAL TRABADELO, adjunto a la Viceconsejería de Interior y miembro de la Policía Autónoma vasca, mediante una bomba que había sido colocada bajo su coche por la banda asesina ETA.
El atentado se produjo a las 09:15 horas en la céntrica calle Cipriano Larrañaga de Irún, cerca del domicilio del policía. Montxo, como le llamaban sus allegados, se dirigía a su domicilio para buscar a su esposa y a su hijo pequeño con el fin de llevar a éste a la guardería. El agente había recorrido apenas cincuenta metros con su vehículo Opel Vectra cuando se produjo la explosión de la bomba-lapa. Previamente, otro automovilista que marchaba tras él observó cómo bajo el asiento del conductor sobresalía un bulto que le infundió sospechas, por lo que comenzó a tocar el claxon y a hacer señales con las luces, a fin de que el ertzaina se detuviera. La víctima no se percató de estas señales, o no tuvo tiempo de reaccionar, pero el hecho es que, instantes después, se produjo la explosión que le causó la muerte.

Tras el estallido, el vehículo circuló sin control durante unos cien metros, con las puertas abiertas y el capó levantado, hasta que colisionó con otro coche junto a la estación del Topo, el tren que va desde San Sebastián hasta Hendaya. Los pasajeros de este tren abandonaron precipitadamente los vagones ante el temor de que otra bomba hiciera explosión.
Inmediatamente acudieron al lugar de los hechos ambulancias y agentes de la Policía Municipal y de la Ertzaintza que acordonaron la zona. La esposa de la víctima, Cristina Sagarzazu, se acercó al lugar del atentado al oír la explosión, pues hacía apenas unos momentos que se había despedido de él. Dando muestras de gran entereza, pudo acompañar a su marido en la ambulancia hasta el centro hospitalario al que había sido trasladado por una unidad de la Cruz Roja. Estaba en parada cardiorrespiratoria y tenía graves lesiones en la parte inferior del cuerpo.
Primeramente fue llevado hasta el Hospital Comarcal del Bidasoa, en el que el personal sanitario logró una momentánea recuperación del herido y le practicaron transfusiones de sangre. Seguidamente, Ramón fue transportado hasta el Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, adonde llegó en estado de extrema gravedad. El parte médico facilitado por este centro sanitario donostiarra señalaba que el paciente presentaba “múltiples heridas a nivel de ambos muslos y peroné, que afectan al paquete vascular con importante pérdida de sustancia”.
El nombre del ertzaina Ramón Doral Trabadelo había aparecido en documentos incautados a ETA como posible objetivo de un atentado. Los miembros de la Unidad de Adjuntos a la Viceconsejería de Seguridad (AVCS) de la Ertzaintza, a la que pertenecía el asesinado,  que se encarga de manera específica de la lucha contra ETA, eran uno de los objetivos preferentes de la organización terrorista vasca, según se recogía en algunos documentos incautados en los que se establecían las pautas a seguir contra este cuerpo policial.
Todos los partidos y sindicatos expresaron, tras el atentado, su más enérgica repulsa por el mismo y consideraron que ésta era la forma con la que ETA demostraba su respeto por los resultados electorales (el asesinato fue un día después de las elecciones generales).
El entonces consejero vasco de Interior, Juan María Atutxa, destacó que el periodista del diario Egin Pepe Rey, en su libro El Jesuita, citó el nombre y “apuntó directamente a quien hoy ha asesinado ETA”. Responsabilizó también de este atentado a los dirigentes políticos de HB por proferir “amenazas clarísimas”. Se refirió concretamente a uno de los responsables, Anton Morcillo, miembro de la Mesa Nacional, que recientemente había dicho “donde las dan las toman” y amenazó directamente a la Ertzaintza.
Herri Batasuna difundió un comunicado de prensa en el que defendía el atentado perpetrado por ETA y señalaba que esta acción era consecuencia de la actuación “represiva” de la Ertzaintza contra los independentistas. Además, los batasunos acusaron a Arzalluz y a Atutxa, de “ser ellos, y no otros, los culpables de la muerte de Ramón Doral, y los que están conduciendo a la Ertzaintza a un camino absurdo, irracional y alejado de cualquier ética democrática”. Por su parte, Arzalluz, presidente del PNV, comparó la actitud de ETA y su entorno social con la de Hitler.
Varios asistentes al pleno extraordinario convocado por el Ayuntamiento de Irún para condenar el atentado increparon a los concejales de HB cuando éstos intentaron culpar de su asesinato al PNV y a sus dirigentes. Todos los grupos, menos ellos, aprobaron una moción de condena del asesinato. Cuando el portavoz de los ediles proetarras, Martín Sorzabalbere, leía una nota en la que rechazaba la responsabilidad de HB en el atentado, el público que abarrotaba el salón de plenos protestó con gritos de “basura, basura” y “vergüenza les debería de dar”.
Horas más tarde, miles de iruneses se manifestaron para mostrar su repulsa por el asesinato de Doral. El acto cívico de protesta fue presidido por el lehendakari José Antonio Ardanza y discurrió de forma silenciosa por la calle Cipriano Larrañaga, donde estalló la bomba-lapa que acabó con la vida de Montxo. La pancarta que encabezaba la manifestación tenía el lema en euskera “Así no puede ser”. Muchos de los asistentes llevaban ikurriñas y, en el momento en que llegaron al punto donde se produjo el atentado, algunos jóvenes alzaron sus manos pintadas de blanco.
Al término de la marcha, los asistentes se sumaron a la concentración para exigir la libertad de José María Aldaya José Antonio Ortega. En el curso de esta concentración se produjeron momentos de fuerte tensión y enfrentamientos verbales entre los manifestantes y una veintena de personas que portaban una pancarta con el lema “Euskal Herria askatu”.
Tras el funeral, miembros de la Ertazaintza entregaron en la sede de HB en San Sebastián una carta dirigida a “los representantes políticos de los asesinos de nuestro compañero Montxo” en la que les acusaban de “apoyar, alentar y aplaudir a quienes asesinan” a los que quieren construir Euskadi. También calificaban la trayectoria de HB de ser cada vez más parecida a las del partido nazi.
Montxo era una persona profundamente ligada a la vida de su ciudad, Irún. Su familia estaba vinculada al PNV y, desde joven, había participado en la actividad política de la comarca del Bidasoa, donde era muy conocido en los ambientes deportivos.
Su suegro, Patxi Sagarzazu, fue presidente de la Junta Municipal del PNV en la ciudad fronteriza y fundador del coro Ametsa, el de mayor solera de la ciudad, en el que cantaba su hija.
Siendo un adolescente Ramón comenzó a militar en el PNV, y llegó a ser el responsable de las juventudes de este partido (EGI) en Irún durante los años 1977 y 1978. De hecho, él fue uno de los creadores de la sección juvenil del PNV en la ciudad, aunque abandonó la militancia cuando entró en la Policía Autónoma.
Montxo estudió Ciencias Químicas y vivió con sus padres en el barrio de San Miguel, una zona obrera de la ciudad donde los vecinos recibieron la noticia de su fallecimiento con lágrimas en los ojos. Su trayectoria en la Ertzaintza es paralela a la del propio Cuerpo policial, del que formó parte desde que comenzara éste a funcionar, en 1982. Miembro de la primera promoción, tras pasar por diversos destinos se integró en la Unidad de Adjuntos a la Viceconsejería de Seguridad (AVCS), el servicio de información de la Policía Autónoma vasca. Llegó a desempeñar el puesto de jefe de la unidad en Guipúzcoa durante el tiempo en que la misma estaba dirigida por el sargento mayor Joseba Goikoetxea Asla, también asesinado por ETA en Bilbao en noviembre de 1993.
Tras aparecer en documentación de ETA, Montxo fue trasladado a Bilbao, “por cuestión de seguridad”, según unas fuentes, y “porque habían trasladado la jefatura a la capital vizcaína”. Allí continuó integrado en los AVCS, como responsable de la sección técnica.
Ramón Doral Trabaledo tenía 36 años, estaba casado con Cristina Sagarzazu, y tenía tres hijos varones de 13, 11 y 1 año.
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