El Mapa del Olvido

12 de abril de 2012

ÁNGEL POSTIGO MEJÍAS (Pamplona, Navarra, España)

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A las diez y cuarto de la mañana del domingo 15 de junio de 1980, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en el barrio de La Rochapea de Pamplona al policía nacional ÁNGEL POSTIGO MEJÍAS. Ángel había acudido esa mañana a visitar a su abuela. Al salir del domicilio, se dirigió al automóvil, aparcado junto a la casa, enfrente del Bar El Porrón. Cuando se disponía a abrir la puerta, un hombre y una mujer le acribillaron a balazos. Los terroristas estaban sentados en un banco cercano leyendo el periódico y se levantaron cuando vieron que Ángel se acercaba. Uno disparó con una ametralladora y el otro lo hizo con una pistola. El policía murió en el acto, tras recibir seis disparos en la cabeza, el tórax y los brazos, y quedó tendido en el suelo junto a su coche. En el lugar de los hechos, la Policía recogió diez casquillos de bala, calibre 9 milímetros parabellum.
A continuación, los pistoleros huyeron en un Seat 1430, robado una hora antes a su propietario en Pamplona. Según testigos presenciales, los autores materiales del atentado contaron con el apoyo de otros dos terroristas, un hombre y una mujer, que esperaban armados en el interior del Seat en el que huyeron.

Al día siguiente, lunes 16 de junio, Ángel Postigo fue enterrado en el cementerio de Pamplona, al término de un funeral oficiado en las dependencias del cuartel de la 64ª Bandera de la Policía Nacional.
Una de las etarras que participó en el atentado, Mercedes Galdós Arsuaga, fue condenada por la Audiencia Nacional en 1987 a 27 años de reclusión mayor. Pese a acumular penas de prisión por otros dieciséis asesinatos, quedó en libertad en 2005 tras haber cumplido sólo diecinueve años de cárcel. Posteriormente, en 2002 fue condenado como inductor del asesinato Santiago Arrospide Sarasola a 27 años de cárcel.
En julio de 2000 fue extraditado por Holanda el etarra Esteban Murillo Zubiri para ser juzgado por el asesinato del agente Ángel Postigo. Murillo huyó de su domicilio en 1986, a raíz de la caída de los miembros liberados (a sueldo) del grupo Nafarroa de ETA, y fue detenido en el aeropuerto de Ámsterdam en enero de 1999, procedente de México. Tras la celebración del juicio en 2002, resultó absuelto al no quedar probada su participación en el asesinato, que habría consistido en dar cobijo durante meses a los miembros del grupo Nafarroa -entre los que también estaría el compañero sentimental de Mercedes Galdós, José Ramón Martínez de la Fuente Intxaurregui, alias Joserra-, y proporcionarles el vehículo con el que cometieron el atentado. Martínez de la Fuente cumple condena por varios asesinatos cometidos entre 1981 y 1985 cuando formaba parte del grupo Nafarroa de ETA en su etapa más sanguinaria. Gracias a la aplicación de la doctrina Parot, su salida de prisión está prevista para mayo de 2020.
Presuntamente, el etarra José María Zaldúa Corta también participó en el asesinato del agente de Policía. Este miembro de la banda no fue juzgado al no conceder Francia la extradición en su momento. Zaldúa Corta, con un largo historial de asesinatos a su espalda, murió de un infarto el 22 de septiembre de 2010 mientras montaba en bicicleta en la localidad francesa de Aix-en-Provence.
Por otra parte, la banda terrorista había utilizado a un menor de edad como informante. El menor sometió a vigilancia a Ángel Postigo y recabó información sobre sus rutinas diarias. Esa información se la trasladó a los asesinos de la banda, información que fue fundamental para cometer el atentado que acabó con la vida de Ángel. El citado menor recibió diez mil quinientas pesetas por su “trabajo”. Fue detenido y posteriormente condenado en 1981 a 2 años de prisión como cómplice del atentado.
Ángel Postigo Mejías era natural de La Línea de la Concepción (Cádiz), aunque llevaba once años residiendo en Pamplona. Tenía 25 años y estaba casado con Manuela Merchán, vecina de la localidad navarra de Villava. Tenían un hijo, David, de 5 años. En noviembre de 2005, en un acto organizado por el colectivo Libertad Ya de homenaje a las víctimas mortales que dejó la banda terrorista en Navarra en el año 1980, Manuela Merchán narró los meses de dolor y soledad que siguieron al asesinato de su marido, en una época en la que la banda asesina mataba cada tres días. El 25 de junio de 2010, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Pamplona, con el apoyo del PSN, decidió poner el nombre de Ángel Postigo a una calle del polígono de Erripagaña.
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23 de marzo de 2012

ALFREDO AGUIRRE BELASCOÁIN (Pamplona, Navarra, España)

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En torno a las 21:40 horas de ese 30 de mayo de 1985, un niño de 13 años, ALFREDO AGUIRRE BELASCOÁIN, y el policía nacional FRANCISCO MIGUEL SÁNCHEZ, son asesinados en Pamplona al hacer explosión un artefacto preparado contra la Policía Nacional. En el mismo atentado también sufrieron heridas de gravedad otros tres policías nacionales: Manuel Tello BarrancoAlfonso Quintá Expósito y Manuel Barrigas Villar.
Poco antes de las nueve y media de la noche se recibió una llamada de auxilio en el 091 de Pamplona para que fuesen cuanto antes al número 16 de la Bajada de Javier, como se conoce en Pamplona a la calle Bajada de San Francisco Javier. Al parecer, y según esa llamada, un drogadicto estaba pegando a su madre. El comunicante urgió a que fuesen cuanto antes, porque la iba a matar. Cuando llegaron los dos coches zeta de la Policía Nacional al casco viejo, hizo explosión una bomba colocada en una bolsa de basura junto a una farmacia.
Alfredo Aguirre Belascoáin tenía 13 años y era hijo de un empleado de banca, Luis Aguirre, y de María del Carmen Belascoáin Tabar. Nacido en Pamplona, Alfredo era el segundo de dos hermanos, un niño rubio y de complexión deportista. Estudiaba séptimo de EGB en los Jesuitas de Pamplona y, aunque no era buen estudiante, sí destacaba en los deportes. Entre otros, practicaba el piragüismo en el Club Natación Pamplona, donde le auguraron un gran futuro. El mismo día de su asesinato estuvo practicando en el río Arga. Su entrenador, Juan Ramón Itoiz, manifestó que tenía mucho nervio y una gran afición por el piragüismo. “Era una de nuestras promesas”. A Alfredo le apodaban Godo, y era un chaval muy querido por todos sus compañeros. En la pizarra del colegio sus compañeros escribieron “Godo, no te olvidaremos nunca”. En el funeral su féretro fue portado por los piragüistas del Club Natación Pamplona. Antes de enterrarlo, sus amigos colocaron sobre el ataúd el remo con el que habitualmente entrenaba. Su madre sigue sin haber superado el asesinato de Alfredo, del que se acuerda todos los días. “Esto que nos pasó a nosotros es una angustia para toda la vida. Dice la gente que han pasado 25 años. Para mí no ha pasado nada. Días” dijo en El Diario de Navarra, donde describió como era su niño: “¿Cómo era? Pues no es que yo lo diga, lo decía todo el mundo, todo el barrio lo decía igual. De otros se dice después lo buenos que eran, cuando han muerto, pero de éste me lo decían todos en vida. Todos. Tenía un don de gentes… Impresionante, saludando a todo el mundo, siempre contento, siempre cantando. Llegaba a casa y me decía: ‘Mamá, enséñame a bailar’ y se ponía a bailar conmigo. Un besucón, un cariñoso, un fuera de serie… Que se ve que no era para este mundo y así se me fue… Me han chafado la vida entera, entera…”.


La bolsa la había dejado minutos antes la asesina Mercedes Galdós Arsuaga, simulando ser una mujer embarazada. En el momento de la explosión, Alfredo, que acababa de guardar su bicicleta, estaba llamando por el telefonillo del domicilio de una vecina, donde estaba su madre. El niño fue alcanzado de lleno y murió en el acto. Francisco Miguel Sánchez, herido grave, fue trasladado junto a sus compañeros al Hospital de Navarra. Falleció nada más ingresar debido a las importantes heridas y mutilaciones que sufría.

La zona, en el casco viejo pamplonica, se encontraba a esa hora llena de ciudadanos que habían acudido a visitar las casetas de la Feria del Libro, instalada en las proximidades. La bomba originó la rotura de los cristales de las viviendas próximas, así como de los vehículos aparcados en las inmediaciones. Al ser una calle muy estrecha, la onda expansiva provocó importantes daños en algunos de los pisos situados sobre la farmacia.

La madre de Alfredo, Carmen Belascoáin, que se encontraba en casa de la vecina a cuya puerta llamó el chaval por el telefonillo, bajó como una loca a la calle al oír la explosión. Con motivo del 25 aniversario del asesinato contó por primera vez en El Diario de Navarra (30/05/2010) como vivió esos momentos: “Mi marido y yo estábamos dando una vuelta por el Club Natación, éramos socios. Él estuvo un rato allí y luego subió a casa y cogió la bici. Cuando llegamos a nuestra calle, estaba andando en bicicleta (…). Nosotros vivimos en el 13 de la calle y es en el número 16 donde pasó todo. Allí vivía una amiga mía con su madre, que era una mujer mayor, de unos 80 años. Mi marido y yo subimos un momento porque me había pedido que le pusiera unas flores en un jarrón. Yo tenía mucha maña. Estaba colocándolas y Alfredico se había ido a dejar la bici en la bajera. La guardábamos ahí. Entonces oí dos timbrazos de abajo. Siempre, cuando era alguien de casa, llamábamos con dos timbrazos, para saber que era de la familia. Nada más oírlos, acto seguido, fue el boom. Tremendo, una explosión muy fuerte (…). Bajé como una loca al portal y estaba todo destrozado. En la puerta había un cuerpo tendido. Yo creí que era mi hijo y lo cogí en brazos. Pero no era Alfredo. Era el policía. Entonces levanté la vista y vi, allí, en medio de la calle… a mi hijo. Estaba tirado. Con una bota de deporte que había estrenado aquel día; se le había caído, estaba allí, a su lado. Estaba sangrando. Corriendo, lo cogí y le dije: ‘Hijo mío, qué te han hecho. ¿Qué te han hecho?’. Pobrecico. Yo creo que aún estaba vivo porque todavía movía la boca. Todavía movía la boca… Pero claro, se desangró. Era todo un reguero de sangre (…). Después de eso ya tengo todo más borroso en la mente. Recuerdo que quería ir con él en la ambulancia, pero no me dejaron. Ya no volví a ver a mi hijo“.
En su comunicado de reivindicación la banda asesina ETA calificó la muerte de Alfredo de “accidental” e, incluso, expresaba su “tristeza” por el crimen. En 1987 la Audiencia Nacional condenó a Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Artola Santiesteban a sendas penas de 85 años por dos delitos de asesinato, uno de ellos con alevosía y premeditación, y por tres delitos de asesinato en grado de frustración.
En la entrevista en El Diario de Navarra, la madre de Alfredo contó que “lo que más duro me ha resultado es haber vivido la salida de la cárcel de la asesina de mi hijo, Mercedes Galdós. Toda jocosa y feliz, con la gente esperándola para recibirla como si fuera una heroína. Eso lo he sentido como imperdonable. Ahora no sé si se cumplen más años, pero entonces… Le echaron muchísimos y ¿cuántos pasó? Ni lo sé. Cada vez que pienso en eso lo quiero olvidar. Dicen que le redujeron la condena por buena conducta. Y yo escucho eso y me río, buena conducta, qué querían si no, ¿que se liara a tiros allí dentro, en la cárcel?”.

Francisco Miguel Sánchez, de 32 años, casado y con dos hijos de corta edad, era natural de Villaverde del Río (Sevilla). Con motivo del 25 aniversario del asesinato, y durante los actos de homenaje que organizó el colectivo Libertad Ya en Pamplona, Verónica, hija de Francisco, afirmo que “todo se supera con esfuerzo” y que “siempre quedan los recuerdos”, pero destacó que “no olvidamos”. Además, aludió a los asesinos y señaló que “nunca serán personas, sólo animales con ganas de destruir”. Asimismo, abogó por “la desaparición de la violencia” y señaló que “quienes les aplauden y no condenan los actos de los terroristas son igual que ellos”.


C/ de Javier, 16, Pamplona, Navarra

FRANCISCO MIGUEL SÁNCHEZ (Pamplona, Navarra, España)

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En torno a las 21:40 horas de ese 30 de mayo de 1985, un niño de 13 años, ALFREDO AGUIRRE BELASCOÁIN, y el policía nacional FRANCISCO MIGUEL SÁNCHEZ, son asesinados en Pamplona al hacer explosión un artefacto preparado contra la Policía Nacional. En el mismo atentado también sufrieron heridas de gravedad otros tres policías nacionales: Manuel Tello BarrancoAlfonso Quintá Expósito y Manuel Barrigas Villar.
Poco antes de las nueve y media de la noche se recibió una llamada de auxilio en el 091 de Pamplona para que fuesen cuanto antes al número 16 de la Bajada de Javier, como se conoce en Pamplona a la calle Bajada de San Francisco Javier. Al parecer, y según esa llamada, un drogadicto estaba pegando a su madre. El comunicante urgió a que fuesen cuanto antes, porque la iba a matar. Cuando llegaron los dos coches zeta de la Policía Nacional al casco viejo, hizo explosión una bomba colocada en una bolsa de basura junto a una farmacia.
Francisco Miguel Sánchez, de 32 años, casado y con dos hijos de corta edad, era natural de Villaverde del Río (Sevilla). Con motivo del 25 aniversario del asesinato, y durante los actos de homenaje que organizó el colectivo Libertad Ya en Pamplona, Verónica, hija de Francisco, afirmo que “todo se supera con esfuerzo” y que “siempre quedan los recuerdos”, pero destacó que “no olvidamos”. Además, aludió a los asesinos y señaló que “nunca serán personas, sólo animales con ganas de destruir”. Asimismo, abogó por “la desaparición de la violencia” y señaló que “quienes les aplauden y no condenan los actos de los terroristas son igual que ellos”.


La bolsa la había dejado minutos antes la asesina Mercedes Galdós Arsuaga, simulando ser una mujer embarazada. En el momento de la explosión, Alfredo, que acababa de guardar su bicicleta, estaba llamando por el telefonillo del domicilio de una vecina, donde estaba su madre. El niño fue alcanzado de lleno y murió en el acto. Francisco Miguel Sánchez, herido grave, fue trasladado junto a sus compañeros al Hospital de Navarra. Falleció nada más ingresar debido a las importantes heridas y mutilaciones que sufría.

La zona, en el casco viejo pamplonica, se encontraba a esa hora llena de ciudadanos que habían acudido a visitar las casetas de la Feria del Libro, instalada en las proximidades. La bomba originó la rotura de los cristales de las viviendas próximas, así como de los vehículos aparcados en las inmediaciones. Al ser una calle muy estrecha, la onda expansiva provocó importantes daños en algunos de los pisos situados sobre la farmacia.

La madre de Alfredo, Carmen Belascoáin, que se encontraba en casa de la vecina a cuya puerta llamó el chaval por el telefonillo, bajó como una loca a la calle al oír la explosión. Con motivo del 25 aniversario del asesinato contó por primera vez en El Diario de Navarra (30/05/2010) como vivió esos momentos: “Mi marido y yo estábamos dando una vuelta por el Club Natación, éramos socios. Él estuvo un rato allí y luego subió a casa y cogió la bici. Cuando llegamos a nuestra calle, estaba andando en bicicleta (…). Nosotros vivimos en el 13 de la calle y es en el número 16 donde pasó todo. Allí vivía una amiga mía con su madre, que era una mujer mayor, de unos 80 años. Mi marido y yo subimos un momento porque me había pedido que le pusiera unas flores en un jarrón. Yo tenía mucha maña. Estaba colocándolas y Alfredico se había ido a dejar la bici en la bajera. La guardábamos ahí. Entonces oí dos timbrazos de abajo. Siempre, cuando era alguien de casa, llamábamos con dos timbrazos, para saber que era de la familia. Nada más oírlos, acto seguido, fue el boom. Tremendo, una explosión muy fuerte (…). Bajé como una loca al portal y estaba todo destrozado. En la puerta había un cuerpo tendido. Yo creí que era mi hijo y lo cogí en brazos. Pero no era Alfredo. Era el policía. Entonces levanté la vista y vi, allí, en medio de la calle… a mi hijo. Estaba tirado. Con una bota de deporte que había estrenado aquel día; se le había caído, estaba allí, a su lado. Estaba sangrando. Corriendo, lo cogí y le dije: ‘Hijo mío, qué te han hecho. ¿Qué te han hecho?’. Pobrecico. Yo creo que aún estaba vivo porque todavía movía la boca. Todavía movía la boca… Pero claro, se desangró. Era todo un reguero de sangre (…). Después de eso ya tengo todo más borroso en la mente. Recuerdo que quería ir con él en la ambulancia, pero no me dejaron. Ya no volví a ver a mi hijo“.
En su comunicado de reivindicación la banda asesina ETA calificó la muerte de Alfredo de “accidental” e, incluso, expresaba su “tristeza” por el crimen. En 1987 la Audiencia Nacional condenó a Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Artola Santiesteban a sendas penas de 85 años por dos delitos de asesinato, uno de ellos con alevosía y premeditación, y por tres delitos de asesinato en grado de frustración.
En la entrevista en El Diario de Navarra, la madre de Alfredo contó que “lo que más duro me ha resultado es haber vivido la salida de la cárcel de la asesina de mi hijo, Mercedes Galdós. Toda jocosa y feliz, con la gente esperándola para recibirla como si fuera una heroína. Eso lo he sentido como imperdonable. Ahora no sé si se cumplen más años, pero entonces… Le echaron muchísimos y ¿cuántos pasó? Ni lo sé. Cada vez que pienso en eso lo quiero olvidar. Dicen que le redujeron la condena por buena conducta. Y yo escucho eso y me río, buena conducta, qué querían si no, ¿que se liara a tiros allí dentro, en la cárcel?”.

C/ de Javier, 16, Pamplona, Navarra

10 de marzo de 2012

VICENTE GARCERA LÓPEZ (Pamplona, Navarra, España)

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A las tres de la madrugada del 17 de abril de 1982, ETA asesinaba en Pamplona al policía nacional VICENTE GARCERA LÓPEZ. La banda terrorista atacó con una granada anticarro una tanqueta de la Policía Nacional que circulaba con una dotación de nueve agentes por las inmediaciones del Puente de la Magdalena. Regresaban de efectuar el relevo del servicio destacado en una subestación eléctrica.

El proyectil, después de perforar la cubierta blindada, estalló en el interior de la tanqueta e hirió gravemente al conductor, Vicente Garcera, que murió una hora después, y a un compañero suyo, Teodomiro Díaz Flores, cuyo pronóstico fue calificado de muy grave y al que hubo que amputarle la pierna izquierda. Tenía veinticuatro años de edad, estaba soltero y era natural de Santa Olalla de Cala (Huelva).


Otros siete agentes sufrieron heridas de diferente consideración: Antonio Valero Sala, Higinio Urbano Espinosa, Juan García de la Lastra, Francisco Núñez Rodríguez, Gregorio Martín San Memento, Emilio Lebrero Rodríguez y Miguel Rueda Malo. Todos ellos fueron trasladados a la residencia Virgen del Camino, donde recibieron el alta el mismo día tras ser curados de sus heridas.

El ataque se produjo por un grupo de, al menos, cinco terroristas que lanzaron el artefacto con un lanzagranadas desde una distancia de unos cincuenta metros. Inmediatamente después de producirse el impacto de la granada, algunos de los policías nacionales que viajaban en el interior del vehículo (nueve en total) lograron saltar al suelo, haciendo frente a los etarras, mientras la tanqueta perdía el control y se estrellaba junto a unas columnas y estatuas que había en las proximidades, arrollándolas a su paso. Entonces se originó un fuerte tiroteo entre los policías nacionales y los terroristas.

Tras el intercambio de disparos, los etarras huyeron a pie en dirección al barrio de la Chantrea, abandonando los dos vehículos que previamente habían robado a punta de pistola, y el abundante armamento que portaban: un lanzagranadas, calibre 88,9 milímetros con marca y número borrados; dos fusiles de asalto cetme, sin numeración; dos metralletas francesas, modelo 1949, con numeración borrada; una pistola marca Browning, calibre 9 milímetros parabellum, tres granadas correspondientes al fusil de asalto cetme; una granada de mano; una granada correspondiente al lanzagranadas y diversos cargadores y munición para las armas reseñadas. La rápida reacción de los policías nacionales repeliendo la agresión de los miembros de ETA evitó, posiblemente, que estos siguiesen utilizando el lanzagranadas.

El atentado se produjo a unos cien metros escasos de donde, hacía aproximadamente un mes, fue hallado un coche con varios kilos de Goma 2. En aquella ocasión, efectivos de la Policía Nacional adscritos a la unidad EDEX, observaron el automóvil y al ver que en el mismo había paquetes sospechosos se alejaron del citado vehículo. Minutos después, éste saltaba por los aires.

El presidente en funciones de la Diputación Foral de Navarra, Jaime Ignacio del Burgo, declaró que “ante este brutal atentado de esa banda de asesinos que constituye ETA, confío en que el Gobierno de la nación sabrá adoptar las medidas precisas para contener y erradicar este recrudecimiento de la acción terrorista”. “Pienso que ha llegado la hora de replantear nuestras relaciones con Francia, que ampara la impunidad de los asesinos”. Y añadió: “es preciso responder a esta sucia guerra con medidas de guerra, pues mal pueden invocar las garantías democráticas que pisotean los que pisotean los derechos fundamentales como el derecho a la vida o el de discrepar con el neonazismo abertzale”.

Ese mismo día se produjeron otros dos ataques con granadas en Vizcaya. Uno contra la Comandancia de la Guardia Civil en Bilbao y otro contra un bloque de viviendas de este Cuerpo en Algorta, resultando heridos dos agentes: Antonio Guerra Fernández y Ricardo Vileza Núñez, herido leve por la metralla. A Antonio, después de una complicada operación, tuvieron que amputarle el brazo derecho. Nunca antes ETA había empleado lanzagranadas en sus atentados, por lo que los tres ataques tuvieron un gran impacto mediático.

Por el atentado contra la tanqueta de la Policía Nacional fue condenado en 1983 Manuel Víctor Tomás Salvador Labat a 10 años como encubridor, por haber albergado a los terroristas que cometieron el atentado. Más de dos décadas después, en 2004, la Audiencia Nacional condenó a Juan José Legorburu Guerediaga y Mercedes Galdós Arsuaga a sendas penas de 30 años de reclusión mayor como autores materiales. También participó el etarra José María Zaldúa Corta, que nunca fue juzgado por sus asesinatos en España. Zaldúa Corta murió de un infarto en Francia en septiembre de 2010. Otros dos miembros de la banda, Odón Ulibarrena y Mikel Mezkiriz, participaron también en el atentado.

En su huida los etarras del grupo Nafarroa contaron con la colaboración de Iñaki Aldecoa, actualmente en Aralar, y del entonces concejal de Herri Batasuna en Pamplona, Elías Anton Murguiondo. Este último consiguió huir a Francia, donde pasó varios años. Posteriormente fue expulsado a España, pero no le condenaron por colaboración en este atentado.

Iñaki Aldecoa, parlamentario foral de Herri Batasuna en esos momentos, fue detenido una semana después de cometerse el ataque bajo la acusación de dar cobijo a los etarras que acababan de asesinar a Vicente Garcera, entre ellos Manuel Víctor Tomás Salvador Labat. Tras su detención, el parlamentario batasuno reconoció haber escondido a los etarras y confesó que Anton Murguiondo, entonces concejal del Ayuntamiento de Pamplona, trasladó a los etarras desde esta ciudad a Francia, ayudándoles a huir. A principios de marzo de 1983 Aldecoa fue juzgado en la Audiencia Nacional por un delito de colaboración con banda armada en calidad de encubridor. El fiscal solicitó para el parlamentario de Herri Batasuna penas de 17 años de prisión como colaborador de ETA y encubridor del asesinato de Vicente Garcera López. Finalmente, por sentencia de 15 de marzo de 1983 Iñaki Aldecoa fue condenado a sólo tres años de prisión por un delito de encubrimiento.

En octubre de 2009 fue enviado a prisión el etarra Esteban Murillo Zubiri, detenido en Francia en 2008, por su colaboración con los miembros del grupo Nafarroa de ETA que asesinaron a Vicente Garcera. Según el juez, dio cobijo a los terroristas y les ayudó a preparar el atentado contra la tanqueta policial. El 9 de marzo de 2011 el caso fue sobreseído por la Audiencia Nacional por considerar que los hechos han prescrito.

Vicente Luis Garcera López tenía 28 años y era de Valencia, donde fue enterrado. Se encontraba destinado en Pamplona desde 1980. Estaba casado y tenía una hija.

TOMÁS PALACÍN PELLEJERO (Pamplona, Navarra, España)

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El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba a dos policíasnacionales.

Tras el atentado cometido contra el comandante del Ejércitode Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ,  Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en unautomóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercerterrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en elatentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecierondiversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación derastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosaque ocurrió unos 45 minutos después.
Una dotación del 091, compuesta por tres policíasnacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justoenfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar enque se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.
El cabo primero TOMÁS PALACÍN PELLEJERO y el policíanacional JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO procedieron a inspeccionar el automóvil. Trasabrir una de las puertas delanteras del vehículo, se produjo la explosión deuna potente bomba, compuesta por unos 15 kilos de Goma 2, que había sidocolocada en el interior del vehículo. Los cuerpos de los dos policías nacionalesfueron lanzados en direcciones opuestas, decapitados y mutilados. Sus restosquedaron esparcidos en un radio de unos cien metros y tuvieron que serrecogidos posteriormente por voluntarios de la Cruz Roja. El conductor delcoche de la Policía Nacional, Juan Sánchez Martín, que observaba desde elvehículo a sus compañeros, sufrió heridas leves. El dispositivo que accionó elartefacto explosivo es de los conocidos como pinza y estaba conectado a una delas cerraduras del vehículo.
A las mismas penas fueron condenados por el asesinato de losdos policías Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y JoséRamón Martínez de la Fuente Inchaurregui. Y también fue condenado a 29 añosJesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para el vehículotrampa utilizado en la huida.
Tomás Palacín Pellejero, también casado, tenía 43 años y doshijos. Era natural de Cervera de Cañada (Zaragoza).

JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO (Pamplona, Navarra, España)

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El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba a dos policías nacionales.

Tras el atentado cometido contra el comandante del Ejército de Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ,  Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en un automóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercer terrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en el atentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecieron diversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación de rastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosa que ocurrió unos 45 minutos después.
Una dotación del 091, compuesta por tres policías nacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar en que se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.
El cabo primero TOMÁS PALACÍN PELLEJERO y el policía nacional JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO procedieron a inspeccionar el automóvil. Tras abrir una de las puertas delanteras del vehículo, se produjo la explosión de una potente bomba, compuesta por unos 15 kilos de Goma 2, que había sido colocada en el interior del vehículo. Los cuerpos de los dos policías nacionales fueron lanzados en direcciones opuestas, decapitados y mutilados. Sus restos quedaron esparcidos en un radio de unos cien metros y tuvieron que ser recogidos posteriormente por voluntarios de la Cruz Roja. El conductor del coche de la Policía Nacional, Juan Sánchez Martín, que observaba desde el vehículo a sus compañeros, sufrió heridas leves. El dispositivo que accionó el artefacto explosivo es de los conocidos como pinza y estaba conectado a una de las cerraduras del vehículo.
A las mismas penas fueron condenados por el asesinato de los dos policías Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui. Y también fue condenado a 29 años Jesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para el vehículo trampa utilizado en la huida.

Juan José Visiedo Calero, de 26 años, era natural de Melilla. Estaba casado y tenía una hija de dos años.

JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ (Pamplona, Navarra, España)

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El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba en Pamplona a un comandante de Infantería retirado.
Como cada día a las siete de la mañana el comandante del Ejército de Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ, se dirigió a Mercairuña, centro mayorista donde realizaba las compras de suministros que luego vendía en tres supermercados de su propiedad ubicados en Pamplona. Cuando se disponía a entrar en el edificio, dos etarras le tirotearon alcanzándole dos veces en la cabeza y provocándole la muerte en el acto.
Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en un automóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercer terrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en el atentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecieron diversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación de rastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosa que ocurrió unos 45 minutos después.
Una dotación del 091, compuesta por tres policías nacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar en que se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.

Por el asesinato de Jesús Alcocer fueron condenados a 29 años en 1988, como autores materiales, Mercedes Galdós Arsuaga y Juan José Legorburu Guerediaga; en 1989, fue condenado Juan Carlos Arriaga, también a 29 años, por haber realizado el control y seguimiento de los movimientos de la víctima; en 1991 fue condenado, como autor material, José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui.

Jesús Alcocer Jiménez, natural de Sos del Rey Católico (Zaragoza), tenía 65 años. Estaba casado y era padre de cuatro hijas. Fue comandante del Ejército hasta 1977, año en que se retiró y pasó a ejercer actividades empresariales privadas en Pamplona. También fue delegado provincial de Fuerza Nueva. Ambas circunstancias le pusieron en el punto de mira de la banda terrorista. En 1978 Jesús fue víctima de un doble atentado. Una bomba estalló en uno de sus supermercados y, poco después, un segundo artefacto hizo explosión en su vehículo. Esta segunda bomba se programó para que estallase cuando el ex militar se montase en el mismo y fuese a inspeccionar los desperfectos provocados por la primera explosión. Sin embargo, la víctima retrasó su salida del domicilio y eso evitó que fuera alcanzado por la explosión del vehículo.

9 de marzo de 2012

JOSÉ LUIS PRIETO GRACIA (Pamplona, Navarra, España)

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El 21 de marzo de 1981, ETA asesinaba en Pamplona a otro teniente coronel del Ejército, JOSÉ LUIS PRIETO GRACIA. El militar retirado se disponía a entrar en la parroquia de Nuestra Señora del Huerto de la capital navarra para asistir a la misa de las ocho de la tarde. 
El asesinato lo llevó a cabo una etarra, que se acercó al militar y efectuó dos disparos en la cabeza, uno de ellos en la nuca. Varios familiares presenciaron el hecho, y la propia esposa del teniente coronel, Matilde Saiz de Tejada, intentó detener a los agresores.
Su muerte fue instantánea y el cadáver de José Luís permaneció una hora en el lugar de los hechos. Los pistoleros de la banda huyeron en un Peugeot 504 de color blanco. Varios de sus hijos acudieron al lugar del atentado nada más conocerse la noticia, propagada rápidamente por el gran número de personas que se encontraba en esos momentos por los alrededores. El párroco de Nuestra Señora del Huerto celebró la misa de las ocho en memoria del teniente coronel Prieto, dentro de un clima de gran nerviosismo entre los feligreses, ya que a escasos metros del pórtico de la iglesia se encontraba el cadáver.

Tras el atentado, la Junta de Jefes de Estado Mayor acordó extremar las medidas de seguridad a miembros e instalaciones de las Fuerzas Armadas ante lo que se temía como una escalada de la violencia de ETA contra el Ejército, extremo este que parecía confirmarse.
Por este atentado fue condenado en 1983 Manuel Víctor Tomás Salvador Labat a 10 años como encubridor, al haber albergado a los terroristas que asesinaron a José Luis Prieto. En 1987 fueron condenados Juan José Legorburu Guerediaga y Mercedes Galdós Arsuaga (como responsables del asesinato), y José Ramón Artola Santiesteban (como cómplice). Posteriormente, en 1991, fue también condenado como autor del atentado José Ramón Martínez de la Fuente.
El teniente coronel José Luis Prieto García había nacido el 27 de marzo de 1919 en Tafalla (Navarra), por lo que tenía 61 años cuando fue asesinado. Asumió el mando de la Policía Foral de Navarra el 2 de enero de 1966 con el grado de comandante de Artillería de Estado Mayor. Su anterior destino en el Ejército de Tierra fue en la Unidad de Artillería de Pamplona. Ascendió a teniente coronel dentro de la Policía Foral, de la que se retiró en abril de 1979, coincidiendo con la toma de posesión de la nueva Diputación salida de las urnas. Era una persona muy conocida no sólo en Pamplona, sino en toda Navarra, por los años en que ostentó el mando de la Policía Foral. Estaba casado con Matilde Saiz de Tejada y tenía siete hijos.

6 de febrero de 2012

JOSÉ ANTONIO VIVÓT UNDABARRENA 6/02/79 (Olaberría, Guipúzcoa, España)

El 6 de febrero de 1979 la banda terrorista ETA asesinaba al alcalde de Olaberría, diputado foral de Guipúzcoa y miembro del partido Guipúzcoa Unida, JOSÉ ANTONIO VIVÓT UNDABARRENA. Además, José Antonio era jefe de personal de Aristrain desde 1956.

Sobre las 21:15 horas dos encapuchados tocaron al timbre de su domicilio (un cuarto piso) en el barrio de Yurre en Olaberría. Previamente habían robado un vehículo a punta de pistola, secuestrando a su conductor, al que dejaron atado a un árbol en Beasain. La esposa de José Antonio abrió la puerta y, tras amenazarla a ella y a dos de sus hijos, y arrancar los cables del teléfono, se lo llevaron por la fuerza. A los pocos segundos se oyeron varias detonaciones en el portal y, cuando bajaron, pudieron comprobar que José Antonio había recibido tres impactos de bala en el estómago, el costado y el omoplato. Trasladado a la Clínica San Miguel de Beasain ingresó cadáver. La capilla ardiente se instaló en el Palacio de la Diputación Foral de Guipúzcoa y sus restos fueron inhumados en Polloe.

La terrorista que efectuó los disparos acabando con la vida de José Antonio Vivó fue Mercedes Galdós Arsuaga, detenida en 1986 y condenada a 29 años de prisión en 1988. El pistolero que la acompañaba y que, según la sentencia, disparó al unísono contra José Antonio, Félix Ramón Gil Ostoaga, fue condenado a las mismas penas en 1994. También participó en el asesinato el etarra José María Zaldúa Corta, al igual que en el atentado de Azpeitia del 13 de enero de 1979 que acabó con la vida de tres guardias civiles. Zaldúa Corta nunca fue juzgado en España por sus crímenes. Murió de un infarto en Francia en septiembre de 2010.

En mayo de 2002 se le concedió el tercer grado a Gil Ostoaga, tras haber cumplido sólo 13 años de condena, gracias a una reducción de pena por trabajo en prisión. En septiembre de 2005 Mercedes Galdós, la terrorista que más atentados criminales ha cometido por orden de la banda, quedó en libertad tras cumplir 19 años del límite máximo de 30 de cumplimiento efectivo, al aplicársele el Código Penal de 1973. Había sido condenada a un total de 829 años de prisión y, pese a ser una de las fundadoras del grupo Nafarroa de la banda asesina y reconocer su implicación directa en 17 asesinatos cometidos desde 1977, consiguió redimir hasta más de 10 años gracias a sus estudios de pedagogía y sus actividades de limpieza, aerobic, mecanografía o fútbol sala.

José Antonio Vivót Undabarrena era natural de Espinosa de los Monteros (Burgos). Tenía 49 años y estaba casado con Julieta Subijana, nacida en Francia pero oriunda de San Sebastián. Tenía seis hijos: tres estudiantes, dos casados y uno haciendo el servicio militar.

15 de enero de 2012

FRANCISCO MOTA CALVO (Azpeitia, Guipúzcoa, España)

http://g.co/maps/wyf3r

El 15 de enero de 1979, dos días después del doble atentado de Azpeitia que costó la vida a Francisco Gómez Gómez-Jiménez y a Miguel García Poyo, fallecía el guardia civil FRANCISCO MOTA CALVO. Lo hacía a las cinco y media de la tarde en la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu.
La proximidad de ambas cargas -la que hicieron estallar al paso de la patrulla de la Guardia Civil, que provocó la muerte de Francisco Gómez Gómez-Jiménez, y la segunda que estalló cuando iban a desactivar horas después lo que parecía un paquete sospechoso, que mató en el acto a Miguel García Poyo– hizo pensar a los investigadores en un fallo del mecanismo de activación por el que, en un principio, ambos artefactos hubieran tenido que explotar al mismo tiempo al paso de los dos Land Rover -uno con cuatro agentes y otro con dos- por la carretera que une Azpeitia y Azcoitia.
Por este atentado fueron condenados en 1995 los miembros de ETA Mercedes Galdós Arsuaga y Félix Ramón Gil Ostoaga a 29 años por la muerte de los tres agentes de la Guardia Civil, y a otros 22 años por el asesinato frustrado de Juan Muñiz Sánchez, que resultó gravemente herido en la primera explosión, la que acabó con la vida de Francisco Gómez Gómez-Jiménez.
Francisco Mota Calvo, de 29 años, era natural de la población palentina de Frechilla Estaba casadoy tenía dos hijos. ETA dejó huérfanos a siete niños con este atentado: los dos de Francisco, los tres de Miguel García Poyo y los dos de Francisco Gómez Gómez-Jiménez.
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