El Mapa del Olvido

21 de abril de 2012

JOSÉ GARCÍA GASTIAIN (Vitoria, Alava, España)

Filed under: 1978, Agosto, Alava, José Luis Gómez Sampedro (ETA), Sin esclarecer, Vitoria — Fer Altuna Urcelay @ 14:04

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El 26 de agosto de 1978 fallecía en Vitoria el comerciante jubilado JOSÉ GARCÍA GASTIAIN, que no pudo superar las graves heridas sufridas la noche anterior.
A las diez y media de la noche del 25 de agosto García Gastiain tuvo la mala suerte de encontrarse en la línea de fuego de dos terroristas que, en esos momentos, estaban ametrallando el cuartel de la Policía Nacional de la capital alavesa. El agente de Policía que hacía guardia ante el cuartel logró protegerse del ataque y resultó ileso, pero uno de los disparos hirió de gravedad a José García, que escasos momentos antes había salido de su domicilio después de cenar para aparcar su vehículo en un taller de la familia.
La víctima fue trasladada al Hospital de Vitoria, donde se le intervino quirúrgicamente, pero falleció en la mañana del día siguiente como consecuencia de las heridas producidas. Según el parte médico, la bala le penetró por la región parietal derecha, alojándose en el lóbulo temporal, produciéndole “fractura múltiple de bóveda craneal con hemorragia y pérdida de masa cerebral”.
Tras el ametrallamiento, los terroristas se dieron a la fuga en un automóvil donde les esperaban otros dos etarras. El coche, un Renault 6 que había sido robado previamente, apareció a medianoche en la calle de La Paloma de Vitoria. En su interior se encontró una pistola Firebird y munición. La banda terrorista ETA intentó eludir su responsabilidad negando que fuesen sus disparos los que habían matado a José García, ya que la Policía también disparó para repeler la agresión. Por ello, y en un primer momento, se produjo cierta tensión, debido a que pensaron que sólo habían disparado los agentes. Sin embargo, en el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco, munición empleada habitualmente por la banda terrorista.
La misma noche del 25 de agosto la banda terrorista ETA secuestró en su domicilio de Guecho al hijo del industrial Javier Artiach, que fue liberado el mismo día tras el pago de 9,5 millones de pesetas. El industrial, de 45 años y cuatro hijos, fue llevado a punta de pistola a una sucursal bancaria por dos terroristas, mientras otros dos mantenían a su hijo en un coche bajo la amenaza de asesinarlo si no cumplía con el pago. Entre los participantes en el secuestro se encuentra José Antonio Alcocer Gabaldón, alias Zapatones, detenido en junio de 1980.
En 1980 la Audiencia Nacional condenó a seis años de prisión a José Luis Gómez Sampedro, detenido en febrero de 1979, por su participación en el atentado. Es hasta ahora el único condenado por el asesinato de José García Gastiain.
En abril de 1985 fue absuelto el etarra José Manuel Sánchez Beiztegui, extraditado por Francia en septiembre de 1984, de su participación en el ametrallamiento que acabó con la vida de García Gastiain, y para el que el fiscal pedía 118 años de prisión. La Fiscalía basó fundamentalmente su acusación en el testimonio ante la Policía del entonces miembro de ETA José Luis Gómez Sampedro, condenado por los mismos hechos, que acusó a Sánchez Beiztegui de formar parte del grupo que ametralló el cuartel de la Policía en Vitoria. Esa primera declaración la ratificó ante el juez que instruyó el caso. Posteriormente, sin embargo, se retractó de la misma alegando que su declaración había sido obtenida bajo torturas.
El 3 de abril de 2004 son detenidos en Francia en una operación conjunta de la Policía Judicial francesa y la Guardia Civil, los etarras Félix Ignacio Esparza Luri, Félix Alberto López de Lacalle Gauna, alias Mobutu, y Mercedes Chivite Berango, miembros de la dirección del aparato logístico y operativo de la banda terrorista ETA. Mobutu figuraba como buscado en cinco sumarios de la Audiencia Nacional, entre ellos el asesinato de José García Gastiain.
José García Gastiain, de 68 años de edad, estaba casado y tenía dos hijos, de 20 y 15 años.
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20 de abril de 2012

RAFAEL MUCIENTES SANZ (Vitoria, Alava, España)

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A las cuatro de la tarde del 6 de agosto de 1987 la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria mediante la explosión de un coche-bomba a los policías nacionales ANTONIO LIGERO HEC y RAFAEL MUCIENTES SANZ, en un atentado en el que también resultó herida por la metralla Obdulia Vega Solac. El atentado se produjo en plenas fiestas patronales de Vitoria en honor de la Virgen Blanca.

Rafael Mucientes Sanz, de 37 años, era natural de la localidad vallisoletana de Mojados. Estaba casado y tenía dos hijas. Había ingresado en 1971 en el Cuerpo Nacional de Policía. Desde 1982 prestaba servicio en la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional, con sede en Vitoria.

Los agentes formaban parte de una patrulla de rutina compuesta por dos coches de la Policía que transitaban por el Alto de Armentia. Miembros de la banda terrorista habían colocado un coche-bomba en la cuneta de una curva situada en la carretera que va desde el Alto de Armentia hasta el paseo de San Prudencio en Vitoria. El coche-bomba estaba cargado con treinta kilos de explosivo y cuarenta de metralla. En el momento en el que los coches se pusieron a la altura de la bomba, uno de los terroristas accionó el detonador a distancia. La explosión alcanzó de lleno al segundo turismo, que resultó materialmente destrozado, y sus dos ocupantes, Antonio Ligero y Rafael Mucientes, fallecieron prácticamente en el acto. Restos del turismo se esparcieron por los alrededores encontrándose trozos del mismo a un centenar de metros. En el lugar de los hechos se recogieron también bolas de rodamiento de considerable diámetro y tuercas que formaban parte de los cuarenta kilos de metralla del artefacto. Los agentes asesinados pertenecían a la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional, con sede en Vitoria, y llevaban varios años destinados en la capital alavesa.



Los dos policías nacionales fueron trasladados urgentemente al Hospital de Santiago, donde ingresaron cadáveres. Presentaban fractura de cráneo con salida de masa encefálica y graves quemaduras por todo el cuerpo. Fragmentos de la metralla que integraba el artefacto se incrustaron en viviendas situadas a centenares de metros del lugar de la explosión. Parte de esta metralla alcanzó la pierna de Obdulia Vega Solac, que fue dada de alta tras ser atendida en un centro sanitario de Vitoria.
La zona en la que se produjo el atentado era un lugar de esparcimiento de la capital alavesa. En el momento de la explosión, numerosas personas comían en restaurantes de los alrededores. Los cristales de domicilios y restaurantes quedaron hechos añicos y algunas puertas se desencajaron por la violencia de la explosión, escuchada en un radio de varios kilómetros.



A los pocos minutos de producirse el atentado llegó al lugar de los hechos Julen Elorriaga, delegado del Gobierno en el País Vasco. Su residencia oficial, Los Olivos, situada en el Alto de Urbieta, está muy cerca del lugar de la explosión.

Durante la celebración del funeral, un grupo de agentes de la Policía Nacional increpó a los representantes políticos presentes y reclamó que sus miembros fueran trasladados a otros puntos de destino en España. Por este motivo, la Dirección General de la Policía abrió expediente a una docena de policías. En esa época eran frecuentes las protestas sindicales por las pésimas condiciones y la deficiente calidad de los acuartelamientos de los policías destinados en el País Vasco, unido a que muchos agentes sufrían el denominado síndrome del Norte derivado de la alta tensión que padecían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por el terrorismo y el rechazo social. En los días posteriores al asesinato de Antonio Ligero y Rafael Mucientes el Ministerio del Interior anunció la puesta en marcha de gabinetes psicológicos para atender a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado destinados en el País Vasco y en Navarra.
Un día después del asesinato de Rafael y Antonio, la banda terrorista ETA lanzó siete granadas contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaráuz (Guipúzcoa), hiriendo de gravedad por una esquirla en el cerebro a Borja Blanco Vega, un bebé de doce meses hijo de un guardia civil. Su hermano de siete años y la abuela del niño también resultaron heridos.
Diferentes sentencias de la Audiencia Nacional especifican que los responsables del atentado fueron José Javier Arizkuren Ruiz, alias Kantauri, Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra, y María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias Anboto. Para ello contaron con la colaboración del matrimonio formado por Miren Gotzone López de Luzuriaga e Ignacio Fernández de Larrinoa, que les alojaron en su domicilio desde finales de julio y les ayudaron a huir a Francia.
En 1991 la Audiencia Nacional condenó a 57 años de reclusión mayor a Juan Carlos Arruti Azpitarte, además de a otras penas de reclusión menor. En la misma sentencia fueron condenados a las mismas penas Ignacio Fernández de Larrinoa y Miren Gotzone López de Luzuriaga porque “ayudaron a los miembros del comando en los preparativos”. En enero de 2008 fue condenado José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, a 82 años de cárcel. En febrero de 2010, la Audiencia Nacional impidió que Arruti Azpitarte, Paterra, saliese de prisión -en la que está desde 1989 cumpliendo penas que suman un total de 403 años- al aplicarle la doctrina Parot. De este modo, la excarcelación de este asesino se verá aplazada hasta el año 2019.
María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, fue detenida en Francia en octubre de 2004. Con un currículum espeluznante como miembro de los grupos Araba y Madrid de ETA, ha sido la etarra que más lejos ha llegado en la cúpula de la banda, después de María Dolores González Katarain, Yoyes. Estaba huida desde 1981. El 24 de septiembre de 2010 el Consejo de Ministros aprobó continuar con el procedimiento de solicitud a Francia de la ampliación de extradición activa de Iparraguirre concretamente por el atentado del 6 de agosto de 1987. La etarra se encuentra actualmente en la prisión francesa de Fresnes en París, mientras Francia decide sobre otras solicitudes anteriores de extradición.


ANTONIO LIGERO HEC (Vitoria, Alava, España)

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A las cuatro de la tarde del 6 de agosto de 1987 la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria mediante la explosión de un coche-bomba a los policías nacionales ANTONIO LIGERO HEC y RAFAEL MUCIENTES SANZ, en un atentado en el que también resultó herida por la metralla Obdulia Vega Solac. El atentado se produjo en plenas fiestas patronales de Vitoria en honor de la Virgen Blanca.
Antonio Ligero Hec, de 30 años, era natural de Conil de la Frontera (Cádiz), donde una calle lleva su nombre. Estaba casado y tenía dos hijos. Había ingresado en 1979 en el Cuerpo Nacional de Policía. En marzo de 1984 le fue asignado el destino de Vitoria. Antes de incorporarse a la Policía Nacional había sido mecánico naval.

Los agentes formaban parte de una patrulla de rutina compuesta por dos coches de la Policía que transitaban por el Alto de Armentia. Miembros de la banda terrorista habían colocado un coche-bomba en la cuneta de una curva situada en la carretera que va desde el Alto de Armentia hasta el paseo de San Prudencio en Vitoria. El coche-bomba estaba cargado con treinta kilos de explosivo y cuarenta de metralla. En el momento en el que los coches se pusieron a la altura de la bomba, uno de los terroristas accionó el detonador a distancia. La explosión alcanzó de lleno al segundo turismo, que resultó materialmente destrozado, y sus dos ocupantes, Antonio Ligero y Rafael Mucientes, fallecieron prácticamente en el acto. Restos del turismo se esparcieron por los alrededores encontrándose trozos del mismo a un centenar de metros. En el lugar de los hechos se recogieron también bolas de rodamiento de considerable diámetro y tuercas que formaban parte de los cuarenta kilos de metralla del artefacto. Los agentes asesinados pertenecían a la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional, con sede en Vitoria, y llevaban varios años destinados en la capital alavesa.

Los dos policías nacionales fueron trasladados urgentemente al Hospital de Santiago, donde ingresaron cadáveres. Presentaban fractura de cráneo con salida de masa encefálica y graves quemaduras por todo el cuerpo. Fragmentos de la metralla que integraba el artefacto se incrustaron en viviendas situadas a centenares de metros del lugar de la explosión. Parte de esta metralla alcanzó la pierna de Obdulia Vega Solac, que fue dada de alta tras ser atendida en un centro sanitario de Vitoria.
La zona en la que se produjo el atentado era un lugar de esparcimiento de la capital alavesa. En el momento de la explosión, numerosas personas comían en restaurantes de los alrededores. Los cristales de domicilios y restaurantes quedaron hechos añicos y algunas puertas se desencajaron por la violencia de la explosión, escuchada en un radio de varios kilómetros.
A los pocos minutos de producirse el atentado llegó al lugar de los hechos Julen Elorriaga, delegado del Gobierno en el País Vasco. Su residencia oficial, Los Olivos, situada en el Alto de Urbieta, está muy cerca del lugar de la explosión.
Durante la celebración del funeral, un grupo de agentes de la Policía Nacional increpó a los representantes políticos presentes y reclamó que sus miembros fueran trasladados a otros puntos de destino en España. Por este motivo, la Dirección General de la Policía abrió expediente a una docena de policías. En esa época eran frecuentes las protestas sindicales por las pésimas condiciones y la deficiente calidad de los acuartelamientos de los policías destinados en el País Vasco, unido a que muchos agentes sufrían el denominado síndrome del Norte derivado de la alta tensión que padecían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por el terrorismo y el rechazo social. En los días posteriores al asesinato de Antonio Ligero y Rafael Mucientes el Ministerio del Interior anunció la puesta en marcha de gabinetes psicológicos para atender a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado destinados en el País Vasco y en Navarra.
Un día después del asesinato de Rafael y Antonio, la banda terrorista ETA lanzó siete granadas contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaráuz (Guipúzcoa), hiriendo de gravedad por una esquirla en el cerebro a Borja Blanco Vega, un bebé de doce meses hijo de un guardia civil. Su hermano de siete años y la abuela del niño también resultaron heridos.
Diferentes sentencias de la Audiencia Nacional especifican que los responsables del atentado fueron José Javier Arizkuren Ruiz, alias Kantauri, Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra, y María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias Anboto. Para ello contaron con la colaboración del matrimonio formado por Miren Gotzone López de Luzuriaga e Ignacio Fernández de Larrinoa, que les alojaron en su domicilio desde finales de julio y les ayudaron a huir a Francia.
En 1991 la Audiencia Nacional condenó a 57 años de reclusión mayor a Juan Carlos Arruti Azpitarte, además de a otras penas de reclusión menor. En la misma sentencia fueron condenados a las mismas penas Ignacio Fernández de Larrinoa y Miren Gotzone López de Luzuriaga porque “ayudaron a los miembros del comando en los preparativos”. En enero de 2008 fue condenado José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, a 82 años de cárcel. En febrero de 2010, la Audiencia Nacional impidió que Arruti Azpitarte, Paterra, saliese de prisión -en la que está desde 1989 cumpliendo penas que suman un total de 403 años- al aplicarle la doctrina Parot. De este modo, la excarcelación de este asesino se verá aplazada hasta el año 2019.
María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, fue detenida en Francia en octubre de 2004. Con un currículum espeluznante como miembro de los grupos Araba y Madrid de ETA, ha sido la etarra que más lejos ha llegado en la cúpula de la banda, después de María Dolores González Katarain, Yoyes. Estaba huida desde 1981. El 24 de septiembre de 2010 el Consejo de Ministros aprobó continuar con el procedimiento de solicitud a Francia de la ampliación de extradición activa de Iparraguirre concretamente por el atentado del 6 de agosto de 1987. La etarra se encuentra actualmente en la prisión francesa de Fresnes en París, mientras Francia decide sobre otras solicitudes anteriores de extradición.

19 de abril de 2012

AGUSTÍN RUIZ FERNÁNDEZ DE RETANA (Vitoria, Alava, España)

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El día 29 de julio de 1985 por la noche, la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria, de un tiro en la nuca, al subcomisario del Cuerpo Superior de Policía AGUSTÍN RUIZ FERNÁNDEZ DE RETANA cuando se dirigía en compañía de unos amigos a un bar del centro de Vitoria. Varios individuos le abordaron por detrás y uno de ellos le disparó un único tiro en el cuello. La víctima cayó mortalmente herida, en medio de un gran charco de sangre, mientras los agresores emprendían la huida a pie.
El cuerpo de Agustín fue recogido por miembros de la propia Policía Nacional, que lo trasladaron hasta el Hospital General Santiago Apóstol, de Vitoria, donde ingresó cadáver.
En el momento de producirse el atentado la calle, situada en las inmediaciones del casco antiguo de Vitoria, estaba muy concurrida. Uno de los amigos que iba con él esa noche, y que presenció su asesinato desde unos metros detrás de él, señaló que “se trataba de una persona maravillosa, incapaz de hacer mal a nadie, y a quien todos querían mucho. Todos los días tomaba vinos por esta zona, y nunca nos había comentado que tuviera miedo o se sintiera amenazado”. Agustín solía ir desarmado cuando salía por las noches, a pesar de que había recibido amenazas de ETA. Al frecuentar siempre la misma zona de bares de la capital alavesa, era un blanco fácil de la banda asesina.

En 1987 la Audiencia Nacional condenó a los etarras Ricardo Izaga González, alias Txomin, y Jesús Díaz de Heredia Ruiz de Arbulo, alias Josu, a 29 años de reclusión mayor por el asesinato del subcomisario de Policía. Ambos fueron detenidos en febrero de 1986 en Vitoria. Izaga González fue excarcelado en 2002. Jesús Díaz de Heredia Ruiz de Arbulo tenía fijada la fecha de excarcelación para octubre de 2009, pero la aplicación de la doctrina Parot ha retrasado su salida hasta febrero de 2016.
Agustín Ruiz Fernández de Retana, de 43 años y soltero, era natural de la localidad alavesa de Mendoza. Estaba destinado en las oficinas de expedición del Documento Nacional de Identidad en la comisaría de la Policía Nacional de Vitoria. Era, además, colaborador directo de la gobernadora civil de Álava, Alicia Izaguirre. El 30 de julio se celebró en Vitoria el funeral por su alma.

16 de abril de 2012

RAMIRO SALAZAR SUERO (Vitoria, Alava, España)

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Alrededor de las nueve y media de la mañana del 23 de julio de 1983, la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria al empresario RAMIRO SALAZAR SUERO, propietario de un taller de compraventa de vehículos. Dos pistoleros a cara descubierta le dispararon en la nuca cuando se disponía a abrir el establecimiento en la calle Benito Guinea 5, de la capital alavesa. Los etarras llevaban un rato merodeando por la zona, esperando la llegada de Ramiro, lo siguieron y lo abordaron por la espalda, disparándole sin que tuviese tiempo de reaccionar. Los terroristas emprendieron la huida a pie, en dirección al centro de la ciudad.
La víctima, socorrida en primer término por un cabo de la Cruz Roja, tenía una herida de bala en la sien izquierda, que le había dejado gravemente herido. El cabo, que pasaba casualmente por el lugar, detuvo su vehículo al oír el disparo y solicitó ayuda a una dotación de la Policía Nacional para introducirlo en el vehículo de la Cruz Roja. Ramiro fue trasladado al Hospital General Santiago Apóstol, donde ingresó a las diez de la mañana en situación de coma y con parada cardiaca. Estuvo tres horas debatiéndose entre la vida y la muerte. Quince minutos antes de la una del mediodía, el empresario falleció sin que los médicos que le atendían pudieran hacer nada por salvar su vida.
En el lugar de los hechos se recogió posteriormente un casquillo del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN. Pocas horas después, ETA asumió la autoría del asesinato mediante una llamada al diario Egin.

En 1993 la Audiencia Nacional condenó a Ignacio Pujana Alberdi, miembro del grupo Totorramendi de ETA, a 28 años de reclusión mayor por el asesinato de Ramiro Salazar. Las Fuerzas de Seguridad atribuyen a Luis Enrique Gárate Galarza, alias Zorro, su presunta participación en este atentado. El etarra fue detenido en el suroeste de Francia el 9 de febrero de 2004, después de tratar de eludir un control de aduanas en la localidad de Cognac, a unos cien kilómetros de Burdeos, cuando transportaba una furgoneta cargada de explosivos y armas junto a Ibon Elorrieta Sanz. Gárate Galarza fue condenado a 15 años en Francia, y en marzo de 2010 fue entregado temporalmente a España para ser juzgado por su participación en diversos atentados cometidos en los años ochenta, varios de los cuales se saldaron con asesinatos.
Ramiro Salazar Suero, de 35 años de edad, era natural de Urbina (Álava), localidad próxima a Vitoria. Propietario de la empresa Automóviles Salazar, estaba casado y tenía dos hijos. Su esposa se encontraba en avanzado estado de gestación en el momento del atentado. Ramiro Salazar no había tenido, al parecer, ningún problema laboral ni se le conocían actividades políticas. Sin embargo, en el mes de abril unos desconocidos rompieron los cristales de su establecimiento por lo que Ramiro presentó la correspondiente denuncia en comisaría. Aunque en un principio el negocio estaba destinado a la compraventa de automóviles, el propietario había obtenido poco antes de su asesinato la autorización de venta de coches de varias marcas extranjeras.

14 de abril de 2012

LUIS MARÍA HERGUETA GUINEA (Vitoria, Alava, España)

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Hacia la una y media de la tarde del 25 de junio de 1980, la banda terrorista ETA asesinaba de un tiro en la nuca a LUIS MARÍA HERGUETA GUINEA, jefe de las oficinas técnicas de la factoría Michelín de Vitoria.
El atentado se produjo cuando se disponía a entrar en su domicilio en la calle Dato, tras haber salido de la factoría Michelín. Momentos antes había aparcado su automóvil en una plaza cercana y había comprado el periódico en el quiosco de la estación de ferrocarril, situado en las proximidades. Era su rutina diaria, que los etarras que acabaron con su vida conocían muy bien.
Según testigos presenciales, tres individuos se le acercaron por la espalda y, cuando Hergueta se disponía a entrar en el portal de su domicilio, uno de ellos efectuó dos disparos que le alcanzaron en la nuca y le causaron la muerte en el acto. En ese momento, numerosas personas transitaban por la calle Dato y fueron testigos del asesinato. Un guardia municipal desenfundó su pistola e intentó detener a los terroristas, pero se le encasquilló el arma y no pudo hacer nada.

Los directivos de la factoría Michelín, empresa en la que se habían registrado diferentes conflictos laborales, habían sufrido varios atentados y secuestros. El 19 de mayo de ese mismo año, Jesús Casanova, otro directivo alavés de la factoría, había resultado herido de gravedad al ser alcanzado por varios disparos. La dirección de la fábrica había remitido a la comisaría de Policía de Vitoria, días antes de ese atentado, la fotocopia de una carta en la que se hacía referencia a una conversación que se había escuchado en un bar de Vitoria entre el familiar de un despedido de la factoría y otra persona. Según esa conversación, el despedido sabía que se estaba preparando “algo” contra Jesús Casanova y Luis Hergueta.
Anteriormente, el 5 de febrero de 1979, el director general de la empresa en España, George Rouzier, fue secuestrado por miembros de ETA político-militar. Tras ser herido en una pierna, fue liberado y abandonado en un descampado. Pocos días después, el 19 de febrero, mientras las negociaciones para un nuevo convenio entre empresa y trabajadores estaban paralizadas, fue también secuestrado Luis Abaitua, director de la factoría alavesa. Entre sus secuestradores estaba Arnaldo Otegi, entonces integrado en ETA político-militar y, posteriormente, en su brazo político, Herri Batasuna.
En los dos años de situación de conflicto laboral en la fábrica de Vitoria -ya que la firma del convenio del año anterior (1979) no solucionó los problemas-, Luis Hergueta y otros dos o tres directivos se habían ganado fama de duros en la negociación de los convenios. En diversas manifestaciones laborales que pasaron cerca de su domicilio se habían proferido gritos y amenazas contra su persona. Fuentes laborales lo señalaron como beligerante en los enfrentamientos producidos, en los meses anteriores, entre huelguistas y no huelguistas, que decidieron desafiar a los grupos de trabajadores concentrados en la puerta de la fábrica.
Al día siguiente del asesinato ETA político-militar reivindicó el mismo a través de un comunicado en el que se hacía referencia a los conflictos laborales que se estaban produciendo en las factorías de Michelín de Vitoria y Lasarte. El atentado causó sorpresa en la mayoría de los sectores vascos, pues significaba una vuelta de los polis-milis a sus planteamientos iniciales sobre la “lucha armada”, cuando hacía tiempo que habían desistido de realizar atentados mortales. En el comunicado, la banda asesina hacía una breve historia de los conflictos laborales que se habían planteado en las factorías de la empresa Michelín, que, según ETA, se caracterizó durante la década de los “setenta por una política enormemente represiva con los trabajadores”. En el comunicado acusaron a la víctima de haber sido el máximo responsable de la represión y uno de los principales organizadores de los servicios de seguridad internos de la empresa. Asimismo, facilitaban una lista de 34 personas, acompañadas del cargo que ostentaban, a las que la banda consideraba como parte de la estructura del servicio de seguridad interior, “compuesto de mandos intermediarios(sic), esquiroles y colaboradores de la patronal”.
En 1982 fueron condenados por un delito de colaboración con banda armada dos trabajadores de la fábrica Michelín en Vitoria: Modesto García Marañón y su esposa, Miren Edurne García Artal. Fueron ellos quienes, durante el juicio, reconocieron a José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea,Josu Ternera, como el terrorista que, en compañía de otro no identificado, les pidió una fotografía de Luis María Hergueta para poder atentar contra él. Muchos años después, en septiembre de 2005, mientras Josu Ternera estaba en paradero desconocido, el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, solicitó a Interpol España la busca y captura del dirigente etarra por considerarlo autor de un delito consumado de asesinato en la persona de Luis María Hergueta. Urrutikoetxea, considerado uno de los “históricos” de ETA, se encontraba en paradero desconocido desde que en 2002, siendo parlamentario vasco, fuera citado por el Tribunal Supremo como imputado en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza. Su última aparición en una sesión plenaria del Parlamento Vasco se produjo el 12 de julio de 2002 y, desde noviembre de ese mismo año, pesa sobre él una orden internacional de busca y captura. En diciembre de 2004, dos años y medio después, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco decretó la suspensión de su condición de parlamentario.
Luis María Hergueta Guinea tenía 52 años. Era conocido por su afición al deporte de la pelota, en su modalidad de pala, y de hecho se encargaba de organizar competiciones en las que participaban trabajadores de la empresa. Se trataba de una persona relativamente conocida en la ciudad, al ser de ascendencia alavesa y proceder también su esposa de un pueblo de Álava. Luis era perito industrial, aunque desempeñaba un nivel laboral equivalente al de ingeniero. Antes de ser nombrado jefe de las oficinas técnicas de Michelín, en Vitoria, había realizado algunas funciones relacionadas con la oficina de personal en la factoría que esta multinacional tenía instalada en Lasarte-Oria. Hergueta Guinea estaba casado y tenía dos hijos, de 20 y 16 años. Fue enterrado en el cementerio de Ormaiztegui (Guipúzcoa) tras el funeral celebrado en la Iglesia de San Miguel de Vitoria.

13 de marzo de 2012

ALFONSO PARADA ULLOA (Vitoria, Alava, España)

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El 8 de mayo de 1998, un etarra disparaba en la cabeza al subteniente retirado de la guardia civil, ALFONSO PARADA ULLOA. Trasladado por una UVI móvil al Hospital Txagorritxu murió la madrugada del día siguiente, 9 de mayo. El disparo entró por su sien izquierda y salió por la derecha y, aunque en un primer momento los equipos de urgencias del hospital vitoriano barajaron la posibilidad de una intervención quirúrgica, finalmente la descartaron dada la gravedad de la herida.
Alfonso Parada fue tiroteado a escasos metros de su domicilio por un individuo joven que le disparó a la cabeza a corta distancia. Eran aproximadamente las dos de la tarde. El atentado se produjo en la calle de las Juntas Generales, donde vivía la familia Parada Ulloa, y a menos de cien metros de la comisaría de la Ertzaintza.

El dueño de una tienda situada a escasos metros del lugar del atentado avisó por el portero automático a la familia del herido. Su hijo bajó de inmediato y se mantuvo agachado junto al cuerpo de su padre hasta la llegada de la UVI móvil que le trasladó al hospital. El nieto de la víctima, que se encontraba jugando cerca del lugar del atentado, también presenció la imagen de su abuelo herido y tirado en la calle. El niño iba a hacer la primera comunión el fin de semana siguiente.

La capilla ardiente por el subteniente asesinado se instaló al mediodía del 9 de mayo en la Subdelegación del Gobierno. En ella permaneció unos minutos el presidente del Gobierno, José María Aznar, que había acudido a Vitoria para arropar a Carlos Iturgaiz en su presentación como candidato del PP a lehendakari. Acompañaban a Aznar los ministros de Trabajo, Javier Arenas; Interior, Jaime Mayor, y Agricultura, Loyola de Palacio, además de varios altos cargos.

El pleno que celebró el Ayuntamiento de Vitoria por la mañana para convocar la manifestación y decretar el duelo oficial tuvo momentos tensos. El portavoz del PP, Alfredo Marco Tabar, amigo íntimo de la víctima, fue el más duro con los ediles de HB. “Mientras no oiga de vuestros labios una expresión no ya de condena, pero al menos de lamento, no oirás de los míos otras que el desprecio y no volveré a escuchar las tuyas”, le espetó al edil de Batasuna José Enrique Bert. Cuando el portavoz radical fue a intervenir, los populares y los del PSE y UA se volvieron de espaldas. Todos los grupos mostraron su indignación e insistieron, sin resultado, en que HB pronunciase una condena. Cuando el alcalde, José Ángel Cuerda (PNV), ordenó traducir al castellano las palabras en euskera de Enrique Bert, los populares dejaron la sala.

Ese mismo 9 de mayo centenares de ciudadanos de toda España salieron una vez más a la calle para mostrar su repudio y su condena por los últimos atentados de ETA. Unas 35.000 personas, según fuentes de la Policía Municipal, recorrieron el centro de Vitoria tras celebrarse el funeral por el alma de Alfonso Parada. El llamamiento efectuado por la mañana por el Ayuntamiento de la ciudad encontró la respuesta masiva de los ciudadanos. El lehendakari, José Antonio Ardanza, recibió críticas por no participar ni en la manifestación ni en el funeral, alegando que tenía que estar presente en la marcha contra el trabajo infantil, que ese mismo día llegaba a Vitoria. No obstante en representación del Gobierno vasco acudió el vicelehendakari, Juan José Ibarretxe, quien estuvo acompañado por varios ministros, entre ellos el de Interior, Jaime Mayor Oreja. Una pancarta con la leyenda en euskera y castellano “Nahikoa da. Bakea nahi dugu” (Basta ya. Queremos la paz) encabezaba la manifestación. En varias fases, los ciudadanos rompieron el silencio para gritar “ETA mata y el diálogo remata” y “No son vascos, son asesinos”. En Madrid, Sevilla, Zaragoza, Gijón, Valencia, Burgos y otras ciudades se celebraron concentraciones silenciosas encabezadas por presidentes autonómicos, alcaldes y dirigentes de todos los partidos políticos democráticos.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) criticó ese mismo día al presidente del Gobierno, José María Aznar, por “lanzar ofertas de generosidad a los terroristas”. Luis Delgado, secretario general de la asociación, criticó además al PNV por mantener contactos con Herri Batasuna y denunció que, a juicio de la AVT, hay “víctimas de primera y de segunda. Para unas la clase política sale, se manifiesta y arropa a la familia o a la víctima, y en otros casos apenas reciben el apoyo obligatorio por parte de los dirigentes de este país”, afirmó.

En 2002 la Audiencia Nacional condenó a José María Novoa, Igor Martínez de Osaba Arregui y Alicia Sáez de la Cuesta a 29 años de prisión como autores materiales del asesinato de Alfonso Parada. El autor del disparo mortal fue Igor Martínez de Osaba, mientras Alicia Sáez de la Cuesta le cubrió en la acción. José María Novoa les esperaba en un coche para emprender la huida.
Alicia Sáez de la Cuesta fue también condenada por el intento de asesinato del entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne. Ella y la etarra Nerea Garaizar San Martín tenían previsto realizar el atentado mediante la utilización de un coche-bomba. Su detención a finales de marzo de 2001 impidió que el mismo se llevase a cabo.
Alfonso Parada Ulloa de 62 años, era subteniente en la reserva de la Guardia Civil y amigo del portavoz del grupo popular en el Ayuntamiento de Vitoria, Alfredo Marco Tabar. Su nombre había aparecido en varias listas intervenidas a grupos etarras desarticulados, circunstancia de la que Alfonso estaba informado. Sus vecinos desconocían si adoptaba alguna medida de autoprotección, aunque sí señalaron que mantenía “costumbres muy fijas”, entre ellas la de salir a primera hora de la tarde y desplazarse hasta una localidad en las afueras de Vitoria para dedicarse a su afición: el cuidado de los pájaros. Era natural de La Melide (La Coruña) aunque vivía en Vitoria desde 1976. Estuvo destinado como comandante del puesto del Abetxuco, y desde 1986, en el cuartel de Sansomendi, en la Unidad de Intervención de Armas y Explosivos. Tres años antes de ser asesinado había pasado a la reserva. Estaba casado y tenía un único hijo, Nacho, de 32 años, que trabajaba como vigilante jurado, y un nieto de corta edad.

10 de marzo de 2012

ANTONIO GÓMEZ OSUNA (Vitoria, Alava, España)

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A la una y cuarto de la tarde del 15 de abril de 1988, dos miembros de ETA asesinaban a tiros en Vitoria a ANTONIO GÓMEZ OSUNA y a FRANCISCO ESPINA VARGAS, miembros de una patrulla motorizada del Cuerpo Nacional de Policía. La patrulla realizaba unas identificaciones de sospechosos relacionados con el tráfico de drogas. Previamente, un colaborador de la banda asesina había efectuado una llamada a la comisaría de Vitoria para avisar de que en la calle Heraclio Fournier de la capital alavesa había jóvenes toxicómanos pinchándose. La llamada pretendía atraer a la Policía hacia esa zona.


Mientras los agentes llamaban por su radioteléfono para comprobar la identidad de algunas de las personas que se encontraban en la zona, tres terroristas salieron del Bar Adurzabal y dispararon contra ellos. Según varios testigos presenciales, los agresores atentaron primero contra uno de los policías y, posteriormente, dispararon contra el segundo, que intentó resguardarse entre dos coches aparcados en la misma calle. Francisco Espina recibió tres impactos en el pecho y fue rematado en el suelo. Ninguno de los dos tuvo tiempo de hacer uso de su arma reglamentaria. En el atentado también resultó herido Luis Vives, de 27 años, que tuvo que ser trasladado al Hospital de Santiago Apóstol. Era una de las personas que, en ese momento, estaba siendo identificada por la Policía.


Antonio Gómez Osuna, de 32, era natural de La Puebla del Río (Sevilla). Casado y con un hijo, igual que Francisco había pedido el traslado a Sevilla desde Vitoria, donde estaba destinado desde 1981.


Los terroristas, que actuaron a cara descubierta, huyeron a pie hasta la Iglesia de San Cristóbal, situada a unos cien metros, donde un cuarto etarra les esperaba en un coche Talbot 150 blanco, posteriormente abandonado en una calle de la capital alavesa. El vehículo había sido robado previamente por la fuerza, dejando a su propietario dentro durante la comisión del atentado. Antes de emprender la huida, obligaron al dueño del coche a apearse. Tras el atentado la Policía encontró bajo un coche varios casquillos 9 milímetros FF parabellum. 

Los policías nacionales fueron trasladados al Hospital de Santiago Apóstol de la capital alavesa, donde a las 13:40 ingresaron cadáveres. Según el parte médico, Francisco presentaba varias heridas por arma de fuego, una con orificio de entrada en el globo ocular izquierdo y tres más en tórax y abdomen. Antonio, por su parte, presentaba tres impactos de bala en la región craneofacial y otros tres en la región torácica. Ambos trabajaban en Vitoria desde hacía siete años y habían pedido ya el traslado a Sevilla.

La capilla ardiente fue instalada a las siete de la tarde en el Gobierno Civil de Álava, y a las once de la mañana del día siguiente se celebraron los funerales en la parroquia de San Miguel de Vitoria.

La oficina de prensa del PNV aseguró que “ETA parece querer dar la razón a los socialistas, cuando afirman que la única vía para acabar con la situación de violencia en Euskadi es la policial”.

El atentado fue cometido por miembros del grupo Araba de ETA. Dos de ellos, Juan María Oyarbide y Manuel Urionabarrenetxea, no pudieron ser juzgados al resultar muertos en septiembre de 1989 en un enfrentamiento con la Guardia Civil. En 1991 fue condenado como autor material Juan Carlos Arruti Azpitarte. En la misma sentencia fueron condenados, en calidad de encubridores, el matrimonio formado por Miren Gotzone López de Luzuriaga e Ignacio Fernández de Larrinoa. Fueron los que dieron cobijo a los cuatro asesinos tras cometer el atentado. Por último, Ramón Aldasoro Magunacelaya, detenido en Miami en 1997 y extraditado a España desde EEUU en noviembre de 2001, fue juzgado y condenado por la Audiencia Nacional ese año también como autor material.

FRANCISCO ESPINA VARGAS (Vitoria, Alava, España)

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A la una y cuarto de la tarde del 15 de abril de 1988, dos miembros de ETA asesinaban a tiros en Vitoria a ANTONIO GÓMEZ OSUNA y a FRANCISCO ESPINA VARGAS, miembros de una patrulla motorizada del Cuerpo Nacional de Policía. La patrulla realizaba unas identificaciones de sospechosos relacionados con el tráfico de drogas. Previamente, un colaborador de la banda asesina había efectuado una llamada a la comisaría de Vitoria para avisar de que en la calle Heraclio Fournier de la capital alavesa había jóvenes toxicómanos pinchándose. La llamada pretendía atraer a la Policía hacia esa zona.
Mientras los agentes llamaban por su radioteléfono para comprobar la identidad de algunas de las personas que se encontraban en la zona, tres terroristas salieron del Bar Adurzabal y dispararon contra ellos. Según varios testigos presenciales, los agresores atentaron primero contra uno de los policías y, posteriormente, dispararon contra el segundo, que intentó resguardarse entre dos coches aparcados en la misma calle. Francisco Espina recibió tres impactos en el pecho y fue rematado en el suelo. Ninguno de los dos tuvo tiempo de hacer uso de su arma reglamentaria. En el atentado también resultó herido Luis Vives, de 27 años, que tuvo que ser trasladado al Hospital de Santiago Apóstol. Era una de las personas que, en ese momento, estaba siendo identificada por la Policía.

Francisco Espina Vargas, de 29 años, natural de Coria del Río (Sevilla). Estaba casado y tenía dos hijos de corta edad. Vivía en Vitoria desde 1981, donde obtuvo su primer destino en el Cuerpo Nacional de Policía. Había pedido traslado a su provincia de origen.

Los terroristas, que actuaron a cara descubierta, huyeron a pie hasta la Iglesia de San Cristóbal, situada a unos cien metros, donde un cuarto etarra les esperaba en un coche Talbot 150 blanco, posteriormente abandonado en una calle de la capital alavesa. El vehículo había sido robado previamente por la fuerza, dejando a su propietario dentro durante la comisión del atentado. Antes de emprender la huida, obligaron al dueño del coche a apearse. Tras el atentado la Policía encontró bajo un coche varios casquillos 9 milímetros FF parabellum. 
Los policías nacionales fueron trasladados al Hospital de Santiago Apóstol de la capital alavesa, donde a las 13:40 ingresaron cadáveres. Según el parte médico, Francisco presentaba varias heridas por arma de fuego, una con orificio de entrada en el globo ocular izquierdo y tres más en tórax y abdomen. Antonio, por su parte, presentaba tres impactos de bala en la región craneofacial y otros tres en la región torácica. Ambos trabajaban en Vitoria desde hacía siete años y habían pedido ya el traslado a Sevilla.
La capilla ardiente fue instalada a las siete de la tarde en el Gobierno Civil de Álava, y a las once de la mañana del día siguiente se celebraron los funerales en la parroquia de San Miguel de Vitoria.

La oficina de prensa del PNV aseguró que “ETA parece querer dar la razón a los socialistas, cuando afirman que la única vía para acabar con la situación de violencia en Euskadi es la policial”.

El atentado fue cometido por miembros del grupo Araba de ETA. Dos de ellos, Juan María Oyarbide y Manuel Urionabarrenetxea, no pudieron ser juzgados al resultar muertos en septiembre de 1989 en un enfrentamiento con la Guardia Civil. En 1991 fue condenado como autor material Juan Carlos Arruti Azpitarte. En la misma sentencia fueron condenados, en calidad de encubridores, el matrimonio formado por Miren Gotzone López de Luzuriaga e Ignacio Fernández de Larrinoa. Fueron los que dieron cobijo a los cuatro asesinos tras cometer el atentado. Por último, Ramón Aldasoro Magunacelaya, detenido en Miami en 1997 y extraditado a España desde EEUU en noviembre de 2001, fue juzgado y condenado por la Audiencia Nacional ese año también como autor material.


EUGENIO LÁZARO VALLE (Vitoria, Alava, España)

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A las dos de la tarde del domingo 13 de abril de 1980 ETA asesinaba en Vitoria de un tiro en la nuca al jefe de la Policía Municipal y comandante del Ejército, EUGENIO LÁZARO VALLE.
A las diez y media de la mañana el comandante Lázaro Valle había estado en el cuartel de la Policía Municipal donde, tras inspeccionar los servicios, había recogido su coche. Posteriormente asistió a misa en la parroquia de Los Ángeles.
En esos momentos tres terroristas, que habían solicitado los servicios de un taxi para llegar hasta la iglesia, se identificaron como miembros de ETA y tomaron el volante del vehículo, conminando al taxista a que se estuviese quieto.
El comandante salió de misa y se dirigió hacia la calle de Sancho el Sabio. Ahí se detuvo unos segundos en un semáforo. Un etarra bajó del vehículo y se acercó al semáforo, donde le esperaba un tercer terrorista. Se colocó detrás de Eugenio Lázaro y le disparó un tiro en la nuca. En el lugar de los hechos se encontró un solo casquillo de nueve milímetros parabellum. El comandante fue trasladado al Hospital de Santiago, donde sólo se pudo certificar su fallecimiento.
El asesinato se interpretó como la continuación de la campaña etarra contra mandos militares que ocupaban puestos importantes al frente de policías locales. El nombre de Eugenio Lázaro se había barajado como sustituto de Jesús Velasco Zuazola, jefe de los Miñones de Álava, asesinado por ETA el 10 de enero de 1980.
ETA reivindicó el atentado en un comunicado enviado el 15 de abril a diferentes medios de comunicación de Bilbao. Por el asesinato de Lázaro Valle fueron condenados en 1982, a 8 años de reclusión mayor como cómplices del atentado, Moisés Izar de la Fuente y Martínez de Arenaza y Pedro Manuel González Alonso. Estos dos terroristas fueron los que proporcionaron a los dirigentes de ETA en Francia la información necesaria para cometer el atentado. En 1999 fueron condenados a 30 años los autores materiales del atentado, los etarras Ignacio Arakama Mendia y José Ramón López de Abechuco Liquiniano.

Eugenio Lázaro Valle tenía 49 años y era natural de Santoña (Santander), aunque tanto él como su padre, también militar de profesión, eran considerados como vitorianos desde siempre. Dentro de su carrera militar en Infantería, eligió el cuerpo de la antigua Policía Armada (hoy Nacional), desempeñando el mando en la guarnición de Vitoria como teniente y, posteriormente, como capitán. Tras el atentado se confirmó oficialmente que había sido amenazado en repetidas ocasiones. Estaba casado y tenía cuatro hijos.

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