El Mapa del Olvido

12 de marzo de 2012

JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE (Andoain, Guipúzcoa, España)

http://g.co/maps/hu43t

El domingo 7 de mayo de 2000, la banda terrorista ETA asesinaba al periodista y columnista de El Mundo JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LACALLE. Eran aproximadamente las 9:45 horas. La víctima, de 62 años de edad, regresaba a su domicilio en la calle Ondarreta de Andoain. Cuando se disponía a abrir el portal, un terrorista le disparó a quemarropa. López de Lacalle recibió inicialmente dos disparos en el tórax y, posteriormente, fue rematado en el suelo con otros dos tiros en la sien y en la nuca. Los autores del atentado huyeron en un vehículo por una de las salidas de Andoain a la carretera N-1, en dirección a San Sebastián, situada a poco más de trescientos metros del escenario del crimen.
José Luis había abandonado su vivienda poco antes de las nueve de la mañana. Se dirigió a la librería Stop, donde compró ocho periódicos diferentes. Desde ahí se fue caminando hasta el Bar Elizondo. Poco después, tomó el camino de regreso hacia su casa, donde le esperaban dos terroristas.

Junto al cuerpo de José Luis López de Lacalle había dos bolsas con los diferentes periódicos que había comprado, desde Abc hasta Gara, y un paraguas granate. El cadáver permaneció tapado con una sábana durante aproximadamente tres horas, y su levantamiento se produjo en torno a las 12:30 horas por orden del juez de guardia, que dispuso su traslado al Instituto Anatómico Forense de Polloe, en San Sebastián, para practicarle la autopsia.

En el momento del atentado, en el domicilio de José Luis López de Lacalle se encontraba sólo su hijo Alain, de 21 años y estudiante de Derecho. Su otra hija, Aitziber, médico de 28 años, estaba en Ginebra. La esposa, María Paz, estaba en el momento de los hechos en el domicilio de sus padres. María Paz era profesora jubilada de una ikastola.
En el lugar del crimen se personaron de inmediato un hermano del fallecido y su esposa, así como una cuñada que venía de pasear por el monte y que, al ver el cadáver de su familiar, comenzó a gritar “¡asesinos, asesinos!”.
Poco después de que la Ertzaintza acordonara la zona y se hiciera cargo de la investigación, fueron llegando distintas personalidades, como el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, que se desplazó desde Madrid; el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz; el subdelegado del Gobierno en Guipúzcoa, Eduardo Ameijide; Joseba Egibar, portavoz del PNV y natural de Andoain; Ramón Jáuregui, dirigente del PSOE; Manuel Montero, rector de la Universidad del País Vasco; el escritor Raúl Guerra Garrido; Consuelo Ordóñez, hermana del concejal donostiarra del PP Gregorio Ordóñez, y Antxon Karrera, dirigente de EB-IU, entre otros. También acudieron el vicepresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy y el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja.
Años antes de ser asesinado, había recibido amenazas de muerte, mediante pintadas cerca de su domicilio o a través de carta. El 27 de febrero de 2000 un grupo de desconocidos lanzó varioscócteles molotov contra su casa, que impactaron en un balcón. El consejero de Interior, Javier Balza, explicó que se puso en contacto con López de Lacalle a raíz del ataque a su vivienda en febrero. Aseguró que en este caso, como en el de todas las personas amenazadas, se establecieron medidas especiales de precaución por parte de las patrullas de cada municipio, que vigilan con especial intensidad los domicilios y los destinos de estas personas.
Joseba Pagazaurtundúa, también asesinado por ETA tres años después, denunció la relación que pudo haber entre el asesinato de López de Lacalle y la construcción de la autovía de Leizarán. El periodista escribió decenas de artículos denunciando que la modificación del trazado de la autovía, tras un pacto entre PNV y PSE después de una campaña de atentados de la banda asesina,era una clara concesión a ETA. Según cuenta Pagaza en su vídeo denuncia, un alto dirigente del PNV le dijo a José Luis en Zaráuz: “te vamos a tapar la boca”, algo que se materializó con la no publicación en El Diario Vasco de un artículo del periodista denunciando las concesiones a ETA en este asunto. “José Luis López de Lacalle no volvió a escribir más para El Diario Vasco, a pesar de que le dijeron que escribiera sobre lo que él quisiera, menos sobre la autovía de Leizarán”, denuncia Pagaza, y añade que le confesó que un alto cargo del PSE tuvo que ver con la decisión del periódico de no publicarle su último artículo.
A pesar de las amenazas y los ataques, se negó a abandonar Andoain. “Los franquistas me encarcelaron cinco años, pero jamás se atrevieron a agredir a mi familia”, dijo en una entrevista en El Diario Vasco el día que atacaron su domicilio con cócteles molotov.
El funeral por José Luis López de Lacalle se celebró al día siguiente 8 de mayo, a las siete de la tarde, en la Iglesia de San Martín de Andoain. A primera hora de la mañana, el cuerpo fue trasladado al cementerio de Andoain, en donde por deseo de la familia hubo un entierro en la intimidad.
En 2001 fue detenido por la Ertzaintza el etarra José Ignacio Guridi Lasa con el revólver con el que asesinó a De Lacalle. Fue condenado a 30 años en 2002. En enero de 2009 fue condenado el exjefe de ETA Javier García Gaztelu, alias Txapote, a otros 30 años por ordenar el asesinato del periodista. En noviembre de 2009 fue extraditado por Francia el etarra Asier Arzalluz Goñi, aliasSantiEpeta y Sendoa, presunto coautor de los asesinatos de José Luis López de Lacalle y de los guardias civiles Irene Fernández Perea y de su compañero de patrulla, José Ángel de Jesús Encinas en Sallent de Gallego (Huesca) en agosto de 2000. Anteriormente ya había sido extraditado temporalmente para ser juzgado en España por otros atentados.
José Luis López de Lacalle tenía 62 años y era de Tolosa (Guipúzcoa). Estaba casado con María Paz Artolazábal y tenía dos hijos: Aitziber, de 28 años, y Alain, de 21. Pasó por la cárcel durante el franquismo por su significación como militante del Partido Comunista. Fue uno de los fundadores de Izquierda Unida en el País Vasco, aunque pronto se desligó de la coalición, a la que criticó con dureza por su presencia en el Pacto de Estella.
Trabajó como gerente de una empresa y en una cooperativa y en el momento de su asesinato eracolaborador del periódico El Mundo, en cuyas páginas analizaba semanalmente la actualidad política desde 1997. También pertenecía al consejo editorial del periódico. Su último artículo, “El cambio necesario”, se publicó el 2 de mayo, cinco días antes de ser asesinado. José Luis reclamaba elecciones anticipadas después de que ETA y el PNV hubiesen pactado romper con las “fuerzas españolistas”.
Después del asesinato de Miguel Ángel Blanco participó en la constitución del Foro de Ermua, del que era miembro destacado. “Nunca he soportado que la vida ajena se utilice como instrumento de presión política”, escribió José Luis en su columna de El Mundo “La niebla y el trasluz” el 25 de julio de 1998.
Se autodefinía como vasco no nacionalista: “Me duele la Euskadi negra. Me gustaría una Euskadi armónica e integrada en el autogobierno. Me siento más vasco fuera del país (…). Me identifico en iguales términos con una España reconciliada, democrática, civilizada, plural, habitable, abierta a la modernidad y al mundo. No me preocupa lo más mínimo que su integración en la UE signifique una pérdida de soberanía a chorros (…). Por las mismas razones que no soy nacionalista vasco, no soy nacionalista español”.
En la página donde se presenta la Fundación José Luis López de Lacalle puede leerse: “José Luis fue un luchador por la libertad, y también uno de sus más convencidos usuarios. Su espontaneidad, su ausencia de complejos, su optimismo y su sonrisa permanente trazaban un perfil incompatible con la sociedad atemorizada que nos quieren imponer. José Luis fue una persona irrepetible y con él mataron también una parte de nuestros mejores sueños”.
Como dijo su viuda, las únicas armas que utilizó en su vida fueron “una máquina de escribir y un bolígrafo”. Con ellos denunció las injusticias de la dictadura franquista, del nacionalismo vasco excluyente y el terrorismo de ETA. Después de asesinarle, el entorno proetarra siguió atacando la memoria del periodista, con pintadas en su localidad donde podía leerse: “De Lacalle jódete asesino”.

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